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Federico Luppi se mete en la piel de un general de la dictadura argentina

'El reportaje', de Santiago Varela, retrata el empeño de los militares por acabar con la cultura. Se representa hasta el 22 de febrero en los teatros del Canal de Madrid.

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Federico Luppi durante la obra 'El reportaje'.

MADRID.- Hace 35 años, un suspiro, las urnas en Argentina estaban guardadas hasta nuevo aviso. Era 1980 y el país vivía inmerso en una de sus dictaduras más sangrientas. Por aquel entonces solo las Madres de Mayo eran capaces de toser a los militares golpistas saliendo a la calle cada semana con sus pañuelos blancos en la cabeza. El pueblo tenía miedo.

En 1981 un grupo de actores, directores de escena, escenógrafos, técnicos y dramaturgos se juntaron en Buenos aires para crear Teatro Abierto, un movimiento cultural contra el dominio castrense. Entre los participantes se encontraba Hugo Orquijo, director de El reportaje, de Santiago Varela, una obra que da la ocasión a Federico Luppi de introducirse en la psique de uno de los ex generales que protagonizaron aquella barbarie y que se representa en los teatros del Canal de Madrid del 11 al 22 de febrero.

La obra parte de una entrevista que una periodista le hace a este militar encarcelado por genocidio, que interpreta Federico Luppi

La obra parte de una entrevista que una periodista (Carmen Hoyos) le hace a este militar encarcelado por genocidio(Carmen Hoyos) le hace a este militar encarcelado por genocidio. El objetivo de la redactora es conseguir que el ex general hable de la censura y persecución que desde la dictadura se hizo a la cultura, y especialmente de la quema de un teatro, El Picadero, en la madrugada de 1981. En este espacio se interpretaban las obras del grupo Teatro Abierto. No hacía mucho se había estrenado un ciclo de espectáculos de media hora de duración que se representaban en series de tres cada día todos los días de la semana. Un total de 21 funciones. En el incendio nadie resultó herido, pero se perdió la escenografía pudiéndose salvar, al menos, el vestuario.

Pasados unos años, ya terminada la dictadura, se decidió, en homenaje a estos hechos, reabrir El Picadero, un icono de la resistencia cultural durante la represión

Las obras que allí debieron representarse durante el ciclo fueron trasladadas al teatro Tabaris, en la avenida Corrientes, toda una declaración de intenciones contra los militares."Le salió el tiro por la culata porque la solidaridad fue tal que a partir de ese hecho empezaron a hacerse multitud de actividades", asegura Orquijo. Pasados unos años, ya terminada la dictadura, se decidió, en homenaje a estos hechos, reabrir El Picadero, un icono de la resistencia cultural durante la represión. La secretaría de Cultura de Argentina convocó un concurso para autores para que escribiesen obras que dignificasen el espíritu de la época.

El latrocinio de los militares

Para Luppi, humanizar a un personaje como éste es tarea imposible "porque desde que nació el ejército argentino bajo la corrupción hasta hoy lo que domina en el comportamiento cotidiano de los militares, con uniforme o sin él, es el latrocinio y es muy difícil que esa persona asuma comportamientos humanos. Sería como conversar sobre temas del espíritu con Goebbels (ministro de Propaganda de la Alemania nazi). Es muy difícil ".

"Prefiero la vendetta porque la justicia es aleatoria, torpe y en general defiende inequívocamente intereses"

El actor argentino reconoce que en este caso no dedicó su tiempo a preparar al personaje. "Nació en mí como en el silencio en tu cocina, preguntándote cuando será la posibilidad de cotejar la venganza" y añade: "Prefiero la vendetta porque la justicia es aleatoria, torpe y en general defiende inequívocamente intereses. Como dirían las abuelas, el que la hace la paga". No obstante, explica Orquijo, contradice la actitud de las Abuelas de Mayo, que pudiendo, durante más de treinta años, tomarse la justicia por su mano decidieron el paso lento y costoso de la vía judicial.

En 1977 España estaba a las puertas de un proceso de transición política. Por aquel entonces Luppi viajó a nuestro país para hacer un trabajo y teniendo en cuenta el sistema represor argentino decidió quedarse. "En aquel momento había un despecho tan grande por la vida en mi país que parecía una carrera contrarreloj a vida o muerte". Al llegar a la península vivió lo que se llegó a denominar la luz al final del túnel. Un camino a la libertad que fue considerado por los coetáneos el principio de una España diferente. Ese proceso hoy no ha servido para ajusticiar a quienes cometieron crímenes contra la sociedad. Todavía muchos caminan entre nosotros tras hacer un pacto que impide a la justicia hacer precisamente eso, justicia.

"La democracia es un engaño"

"La democracia es un engaño. Yo esperaba que España llegase a ser un soplo de esperanza para todos los pueblos como Argentina", asegura Luppi. No es el único que sufrió un desengaño. "Hubo varias cosas que fueron decepcionantes y a medida que fueron pasando los meses y se iban trenzando las sogas políticas más que dolor lo que sentí fue lo mismo que siente un niño al quitarle el caramelo de la boca".

Finalmente Argentina, que nos miró tiempo a con cierta expectativa tras la muerte de Franco, contempló perpleja cómo gestamos una democracia que perdona a los que cometieron crímenes atroces en la dictadura franquista. Cientos de familias quedaron desamparadas tras aquel pacto social. Ahora somos nosotros los que posamos la vista en la otra parte del charco, con cierta envidia y nostalgia por aquello que debió ser y nunca sucedió.

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