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"La fotografía no es verdad"

Crítica de arte. El próximo martes inaugura la mayor retrospectiva dedicada a Fellini en el Jeu de Paume, centro que también dirige

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Ante los ojos de Marta Gili han desfilado maestros de la agencia Magnum, como Miguel Riobranco, y observadores perpetuos de EEUU como Robert Frank. Esta catalana es una mujer con poder, porque tiene voz y voto en los premios que marcan la agenda (desde París Photo a PhotoEspaña y FotoPres), y porque desde su despacho parisino de la Place de la Concorde dirige el Centro de Artes Visuales más importante de Francia, el Jeu de Paume, que desde el próximo martes dedica una exposición a Federico Fellini, La grande Parade.

«Cualquier imagen debe provocar palabras; si no lo hace, no sirve de mucho»

¿Cuál es la vigencia de Fellini?

Fue un artista visionario. Se inspiraba en los medios de comunicación o en historias que le contaban para realizar escenas emblemáticas de la historia del cine. La de Anita Ekberg en la Fontana de Trevi, por ejemplo, le surgió de leer un suceso en la prensa. Su producción aborda temas como la obsesión por la mujer, la crítica a la televisión y a la cultura católica y decadente de los años cincuenta. De hecho, fue él quien bautizó a los paparazzi, a raíz del personaje que interpreta Marcello Mastroianni en La Dolce Vita (1960).

El Jeu de Paume dedica una muestra a la producción de Denise Colomb en Las Antillas.

«¿Que el fotoperiodismo derive a las galerías? No, derivará la necesidad de contar historias»

Sí. Es un caso extraño, porque en Francia es una retratista muy conocida de la vida cultural de los setenta, pero su trabajo de las islas no se conocía.

Da la impresión de que Europa esté redescubriendo la fotografía de sus colonias, la del siglo XX.

Francia es un país que todavía no ha superado su época poscolonislista y que sufre cuando se habla de poscolonialismo, y esta es una de las razones. Francia también ha ayudado mucho a que la Bienal de Bamako tenga lugar. Sidibé, Keïta y Samuel Fosso han sido recuperados, exportados y difundidos por Francia.

¿Se percibe como una deuda?

Por un lado, sí.

Madrid contará con un Centro Nacional de Artes Visuales. Seguro que tiene una idea de lo que se espera de un centro así...

Son lugares que utópicamente deberían ser de intercambio del conocimiento. Creo que si un centro nacional tiene vocación de hacer un ensamblaje patrimonial, evidentemente puede tener una colección y sería ideal, porque colecciones públicas de fotografía existen en España, pero hay mucho por hacer todavía. Y hay mucho que construir a través del relato de la imagen en España, sobre todo habiendo tenido 40 años de relato totalitario de la imagen. Pero no creo solamente en una colección. Hay que trabajar también sobre lo contemporáneo.

¿Y la programación?

Tiene que ser variada y contar historias. Me interesa ampliar la forma de comprender la historia de la fotografía. La exposición de Lisette Model que ahora está en la Fundación Mapfre viajará al Jeu de Paume en 2010 y no será algo casual, porque en 2011 expondremos a Diane Airbus. Quien visite ambas verá una programación de idas y vueltas. De hecho estamos contando una historia.

La desaparición de las revistas ilustradas ha hecho que la fotografía vire hacia otras vitrinas, como las ferias de arte. ¿Qué efectos tendrá este cambio?

El fotoperiodismo está en crisis de la misma manera en que lo está la prensa escrita cotidiana. Estamos en un momento en el que el narrar historias ha encontrado otros métodos para hacerlo. Me da la sensación de que el fotoperiodismo no va a morir, pero sin duda se va a transformar.

¿Es posible que el fotoperiodismo acabe en las galerías de arte?

No lo creo. Lo que se va a las galerías es esta necesidad de contar historias, de sentirse narrado. La fotografía documental ha entrado poco a poco en las galerías en los últimos 15 años, la narración, la seriación. Ha sido un modelo para buscar una salida a la cantidad de historias que hay por ahí.

¿Qué rol juega la privatización de espacios en los centros de arte?

Es importante, pero no lo hacemos tan a menudo como desearíamos.

Por ciero, ¿ha cambiado Internet la manera de mirar?

Claro, los usuarios se están adelantando a las instituciones culturales, que tendemos a ralentizarlo todo. Internet ha cambiado la manera de conectarnos entre nosotros, de compartir y de intercambiar imágenes. También ha cambiado la manera de difundir y de producir las imágenes.

¿Cuáles son las consecuencias?

El otro día hablaba con el director del World Press Photo y me decía que están buscando nuevas fórmulas para ver cómo los jóvenes fotógrafos trabajan y de qué manera se pueden producir, dar visibilidad y difundir estos trabajos de una manera que no sea la tradicional. Antes muchos de los fotógrafos trabajaban sólo para libros o publicaciones, y esta ha sido la última generación que se ha dedicado más a los libros o a las publicaciones que a los diarios o las revistas. Internet va a jugar un papel importante en esto. Y después hay una cosa vital, que los nuevos hacedores de imágenes y los jóvenes han comprendido de una vez lo que a mí generación todavía le cuesta: que la fotografía no es verdad. La fotografía es una construcción de la realidad y hay tantas verdades como construcciones que hacemos cada uno de nosotros.

¿El predominio de lo visual amenaza con atrofiarnos?

¡Seguro! Estamos en una sociedad eminentemente visual, lo cual no quiere decir que tengamos que dejar de lado el pensamiento y la palabra. De hecho, cualquier imagen debe provocar palabras, aunque sea pensamientos con uno mismo. Si no lo hace, para mí esta imagen no sirve de mucho.