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Gabe Polsky, director de 'Red Army': "El deporte es un arma muy efectiva para contagiar ideología"

El cineasta, con la excusa de contar la historia del mejor equipo de hockey de todos los tiempos, hace la crónica del derrumbe de la URSS en su película 'Red Army'. Producida por el mítico Werner Herzog, cuenta con el testimonio clave de Slava Fetisov, un héroe nacional convertido en enemigo del pueblo y, finalmente, nombrado ministro de Deportes.

El equipo de 'El ejército rojo', con Fetisov arriba a la derecha.

BEGOÑA PIÑA

MADRID.- Slava Fetisov, un tipo impertinente, en el límite de la grosería, un individuo que fue héroe nacional y después enemigo traidor de su patria, es, además, el personaje estrella de Red Army, la nueva película de Gabe Polsky. Hipnótico documental, en el que con la excusa de narrar la historia del mejor equipo de hockey sobre hielo de todos los tiempos, se dibuja el retrato de unos años esenciales en la vida de la URSS y el derrumbe definitivo de ésta. Aquel equipo, una formación a la que se apodó El ejército rojo y que se convirtió en una de las mejores armas de propaganda del país, es una herramienta narrativa perfecta para mostrar las tensiones de los últimos tiempos de la Guerra Fría. Y Slava Fetisov es la pieza clave para ayudar a Polsky a colocar su película –una producción del mítico Werner Herzog- en el territorio del buen cine de autor.

El entrenador Anatoly Tasarov se inspiró en las coreografías que interpretaba el ballet del Bolshoi y en los movimientos de ajedrez de Karpov para trabajar con el equipo. Le sustituyó el odiado Viktor Tikhonov, un hombre que convirtió a los jugadores en esclavos once meses al año. Fetisov, defensa y capitán de aquella legendaria selección de hockey, decidió entonces largarse a EE.UU. para jugar con el equipo de Detroit. Años después, Putin le recuperó, le nombró ministro de Deportes y puso en sus manos “la salud del pueblo”. Hoy es un honorable senador y un dignísimo personaje de cualquier obra respaldada por Herzog, ese maestro creador de universos paralelos habitados por individuos fascinantes por sus extravagancias o su excepcionalidad, o por ambas. Red Army, crónica de un mundo que ha desaparecido y de las armas que empleó para cimentar su sistema ideológico, se presentó en el pasado Festival de Cannes.

Descendiente de soviéticos, nacido en EE.UU. ¿cómo vivió esa situación en su juventud, al final de la Guerra Fría?

Soy descendiente de soviéticos ucranianos, pero he nacido en EE.UU. Cuando crecía, en mi juventud, tenía cierta vergüenza de tener padres soviéticos, me daba vergüenza. Eran los años ochenta y EE.UU. estaba inundado de sentimientos negativos hacia la URSS y Rusia. Poco después, gracias a un descubrimiento que hice, empezaron a interesarme mucho mis raíces.

"Aquellos hombres eran pura imaginación en el deporte, era todo belleza, creatividad. Me quedé completamente deslumbrado y lleno de emociones positivas"

Una cinta de VHS con imágenes de aquel equipo de hockey de la URSS. Yo tenía quince años y jugaba al hockey, descubrir aquella película y la forma en que jugaban esos hombres fue una de las experiencias más increíbles que viví entonces. Aquellos hombres eran pura imaginación en el deporte, era todo belleza, creatividad. Me quedé completamente deslumbrado y lleno de emociones positivas. Eso despertó una enorme curiosidad por mis raíces. Al fin y al cabo, yo estaba en un país con más derechos, pero aprendía un estilo de hockey que no era ni tan libre ni tan creativo.

¿Esa contradicción le hizo pensar en la URSS de otra manera?

Cartel de 'Red Army'.

Sí, por supuesto. Esos partidos, esa manera de jugar al hockey me hablaba de la cultura soviética, me comunicaba cosas de una forma profunda. También me cabreé con el hockey de EE.UU. por ser tan simple y tan primitivo. Con aquel equipo, el deporte era casi una expresión de libertad y lo veía justo cuando yo estaba viviendo una vida reprimida dentro del hockey. Eso hizo que quisiera conocer la historia de ese equipo y qué hizo que fuera uno de los más grandes de este deporte.

"El deporte es un arma muy efectiva porque es identificable y visceral, ideal para contagiar ideología"

Sí. Era un tipo de cultura en los años de la Guerra Fría. No se podía luchar con armas nucleares, entonces se influía en la gente a través del deporte, por ejemplo. El deporte es un arma muy efectiva porque es identificable y visceral, ideal para contagiar ideología. Era uno de los caminos que empleaban en la URSS. Con un equipo como aquel insuflaban sentido de orgullo y de valor a todo el país. Eran un arma de la propaganda y los jugadores eran peones involuntarios de aquello.

Slava Fetisov pasó de ser un héroe nacional a un enemigo público al irse a jugar a EE.UU. Y luego Putin le rehabilitó, le convirtió en ministro. ¿No es una gran paradoja?

"Slava Fetisov siempre ha seguido creyendo en su país. Aunque tenga ahora otro sistema, sigue siendo su pueblo, con sus tradiciones…"

Es increíblemente irónico, pero al mismo tiempo tiene muchísimo sentido. Este hombre es uno de los más famosos de Rusia, es un héroe otra vez. Él piensa que le dieron la oportunidad de volver a ser una fuerza importante en su país y de efectuar cambios necesarios. Y eso es algo que no podría hacer nunca en EE.UU., donde no es tan famoso. Creo que él pensaba que era su deber volver a su país e intentar que un lugar que es poco saludable lo fuera mucho más. Slava Fetisov siempre ha seguido creyendo en su país. Aunque tenga ahora otro sistema, sigue siendo su pueblo, con sus tradiciones…

Pero usted muestra en la película que Fetisov se sintió utilizado por la URSS ¿entonces?

Sí, es un sentimiento un poco confuso el que tiene, se quedó un poco perplejo cuando le llamó Putin. Lo de la URSS era un lavado de cerebro en toda regla y para él lo peor era traicionar o ser traicionado por tu país. Él fue un hombre al que utilizó el sistema, le trataron como un esclavo, pero él ama a su país.

En aquel equipo todos fueron peones del sistema…

Sí. Él lo fue, aunque tuvo más poder que otros, pero su poder también es relativo. En realidad, todos somos peones del sistema, unos son líderes y otros, no, pero todo peones.

Después de hacer esta película, ¿se siente más cerca de sus raíces soviéticas?

"Estoy feliz de vivir en EE.UU. y no quiero vivir en Rusia, pero allí no es todo malo, como nos dicen"

Sin duda. Estoy feliz de vivir en EE.UU. y no quiero vivir en Rusia, pero allí no es todo malo, como nos dicen. Cada sociedad tiene sus problemas, cada sociedad tiene su corrupción y sus injusticias… Nada es blanco o negro, como el ser humano…

Esta película es una producción de Werner Herzog, uno de los grandes maestros del documental. ¿Cuánto le debe 'Red Army'?

"Herzog es una gran influencia y, además, es uno de los tíos más divertidos que he conocido. Es único y tiene una manera única de llegar al alma humana"

Es una gran influencia y, además, es uno de los tíos más divertidos que he conocido. Es único y tiene una manera única de llegar al alma humana. Me gusta. Cuando le enseñé la película estaba casi terminada y se emocionó. Me dio muchísima confianza y me dijo que, pasara lo que pasara, era una buena película y siguiera adelante con ella. Para mí todo el proceso ha sido una gran experiencia de aprendizaje. Mi instinto y mi improvisación han sido también importantes en mi primer documental.