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"Podría haberme ahorrado parte de mi producción poética"

Pere Gimferrer, poeta, escritor y editor. Publica el libro ‘Rapsodia', un poema de más de 450 versos redactado en seis días

LÍDIA PENELO

La curiosidad de Pere Gimferrer (Barcelona, 1945) no duerme. La dimensión de la obra del que fue uno de los novísimos se aproxima a la magnitud de sus conocimientos. En opinión de este poeta, editor, escritor, académico de la Lengua desde 1985 y Premio Nacional de las Letras en 1998, "el poema consiste en detener el tiempo". En Rapsodia, publicado por Seix Barral, Gimferrer detiene algo más que el tiempo para ofrecer una recapitulación de su persona y de su poesía, pero también del conjunto de experiencias que ha acumulado como lector y espectador.

Usted, que ha procurado que cada libro sea distinto del anterior, en Rapsodia' ha conciliado todos los elementos de su obra poética. ¿Por qué?

A lo mejor me podría haberahorrado parte de mi pro-ducción poética, pero de antemano no sabía que iba a escribir este libro. Juan Luis Panero tiene una metáfora que lo explica. Dice que a él le gusta encerrarse en la plaza con el mismo toro y que a mí me gusta encerrarme cada vez con un toro diferente. Lo que he intentado hacer, haya salido bien o mal, es reunir gran parte de lo que he escrito pero de manera distinta, aunque, al mismo tiempo, también parecida a como aparece en todos mis libros.

Redactó el libro en seis días. ¿Cómo vivió este proceso?

"Lo del lector era un problema, no sabía si este era un libro muy hermético"

Casi no se podía salir a la calle. En Barcelona llovía una barbaridad y empecé pensando que escribiría sólo un poema, pero no sabía que iba a escribir un poema de más de 450 versos y dividido en 17 partes.

Este es un libro completo y complejo. ¿Alguna recomendación para los lectores?

Lo del lector era un problema, porque me preguntaba hasta qué punto estaba quedando un libro muy hermético. Otro problema importante era el formato. Con el tipo de estética que practico, en la que todo se desprende de las imágenes, no puedo pedir al lector que me acompañe más allá de cierta extensión. La idea es leerlo de una sola vez, en una tarde y por su orden, pero eso no está en mi mano. Lo único que me permito desaconsejar es leerlo cambiando el orden, aunque el lector es el dueño del texto.

Rapsodia' se abre con una cita de Eliot sobre el aprendizaje del uso de las palabras. ¿En qué punto se encuentra su relación con las palabras?

Durante toda su vida, un poeta trata de ver cómo usa las palabras. Mi actitud con la poesía no ha variado desde los 15 años, lo que ha cambiado es el resultado concreto que ha seguido su evolución.

Octavio Paz le dijo que usted sería siempre un poeta joven. ¿Se siente así ?

Esta frase se completa con otros ejemplos concretos que huyen de la edad biográfica. Paz decía que García Lorca y Apollinaire siempre nos parecerán jóvenes, mientras que T. S. Eliot siempre nos parecerá viejo.

El suyo es un libro de versos libres, hay métrica, pero no hay rima.

Cuando es verso libre hay que evitar que surjan rimas fortuitas. En Rapsodia, la métrica siempre es la misma: endecasílabo o hemistiquios alejandrinos. En el fondo, el verso libre en castellano y en catalán casi siempre es una combinación de estos versos. Aquí, la rima no tenía sentido, pero he escrito muchos libros con rima. Lo que no he escrito nunca es un libro sin métrica: la poesía en verso sin métrica no es un camino que me haya atraído.

No es su caso porque usted domina varias lenguas, pero ¿por qué escasean los bilingües que conocen bien el castellano y el catalán?

Lo más dramático en mi opinión es que poca gente domina una de las dos lenguas por separado. Y tiene dos explicaciones un poco tontas: la desa-parición del latín, que de algo servía, y me temo que el desplazamiento de la gramática normativa tradicional por la gramática pos-Saussure, que lo que ha hecho es disminuir los niveles de conocimiento.

¿Ha descartado retomar la novela sobre la relación del fascismo con los nacionalismos que empezó en los ochenta?

Escribí unas páginas, pero era una cosa muy complicada y no creo que me vea con la capacidad de ejecutarla. El protagonista era un falangista catalán, y planteaba una situación hipotética de entendimiento con los nacionalistas catalanes de extrema derecha. Planteaba una futurología al revés, con una serie de flashbacks que nos llevaban al París ocupado. El estilo imitaba la manera de escribir de Eugeni d'Ors, pero me comió la documentación. Y además, es muy difícil hacer futurología inversa. Pero el tema de fondo era muy interesante.