Público
Público

Houellebecq destapa el lado más lírico de Iggy Pop

El ex cantante de The Stooges abandona el punk en su nuevo disco

AIDA M. PEREDA

Préliminaires es una prueba irrefutable de que Iggy Pop no sólo sabe berrear. En su nuevo disco, el cantante de The Stooges recoge los ecos del jazz de finales del siglo XIX y de la chanson francesa, atreviéndose a versionar Les feuilles mortes, un clásico interpretado por Frank Sinatra, Nat King Cole o la mismísima Édith Piaf.

La Iguana, sobrenombre con el que es conocido, explica esta mutación a raíz de La posibilidad de una isla, un libro de Michel Houllebecq que leyó en un hotel solitario de la costa francesa. "Al igual que Daniel, su protagonista, me he hartado un poco de mi carrera como artista entretenedor y ansío una nueva vida", confiesa, haciendo referencia a la disección del escritor galo sobre el hastío vital.

"Llegó un punto en el que me harté de escuchar a un puñado de brutos idiotas golpeando guitarras para sacar música mala y empecé a escuchar mucho jazz de la época de Nueva Orléans, del tipo de Louis Armstrong o Jelly Roll Morton. Además, siempre me gustaron las baladas más tranquilas", asegura.

Préliminaires no pasará a la historia musical sino como un experimento del intérprete dislocado de I wanna be your dog, Search & Destroy o Lust for Life. Sin embargo, se convertirá en un disco anecdótico por lo insólito que será ver a Iggy Pop, que siguiendo la impronta punk acostumbraba a embadurnarse con carne cruda y mantequilla o herirse con botellas rotas, actuando en pose de crooner junto a una banda de jazz en King of the dogs, cantando una versión de la bossa nova How Insensitive o incluso susurrando en francés en Je sais que tu sais.

Uno de los cortes más nostálgicos del álbum es I want to go to the beach, donde Iggy canta con una voz profundamente grave que recuerda a Leonard Cohen. Y en He's dead she's alive descubre su vertiente más country.

A sus 62 años, Iggy parece haberse calmado, aunque nadie sabe si por mucho tiempo.