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Humor existencial en el film de la semana, 'Up in the Air'

'Nine', 'Ricky' y 'La herencia Valdemar' son otros de los estrenos de este fin de semana

'Up in the Air'

PABLO G. POLITE

Al margen de la realidad

A la tercera, Jason Reitman ha firmado su película más notable. Una historia sobre la soledad y la independencia, sobre el amor y el miedo al compromiso, sobre la realización individual y las falsas expectativas que explora irónica y hasta dramáticamente las dificultades para relacionarse en el mundo moderno.

Sin caer en el exhibicionismo cool de Juno (1997), Reitman consigue emocionarnos y hacernos pensar a través de un personaje controvertido, Ryan Bingham (George Clooney), que se dedica a despedir empleados de empresas por todo el país y cuyo hábitat natural son los aviones, los hoteles y las salas de espera. En la circularidad de ese territorio aséptico y colmado de forzadas atenciones, él vive como pez en el agua sin perder la sonrisa ni la compostura hasta que irrumpen repentinamente dos mujeres que, por una razón u otra, pondrán en solfa su aparente orgullo y harán tambalear su descarada y cuestionable seguridad.

No hay muchos filmes que nos enfrenten con nuestra identidad de un modo tan sutil y eficaz. Es mérito de Reitman que un asunto de alcance personal no resulte ni arrogante ni rematadamente aburrido. Su dominio de la caracterización de personajes, hasta el extremo de trazar precisas fotografías de la psicología y los sentimientos humanos, es posiblemente la gran baza con la que cuenta. El director de Gracias por fumar (2005) conduce delicadamente la trama a través de unos ejes estratégicos que no previenen sobre los desenlaces, sino que mantienen la atención sobre lo que va a pasar. Podría tildarse el filme de fábula moralista si no fuera por el atinado sentido del humor con el que el realizador asume la mirada de su protagonista: un sujeto que prefiere habitar coordenadas virtuales y espacios de tránsito antes que la realidad inclemente que nos rodea, poblada de seres sin virtudes que nunca consiguen salir de su mediocridad. Inspirado por Hal Ashby, Preston Sturges o Alexander Payne, Reitman cultiva, a costa de un gran guión y de sus convincentes personajes, el regusto amargo de la carcajada.

Su muy cabal relato escanea con destreza la coyuntura económica actual y sus convulsiones, y plantea, dejando los sentimentalismos a un lado, un buen puñado de preguntas existenciales importantes: ¿qué somos hoy sin los demás? ¿Es posible subsistir al margen? ¿Cuál es el sentido de la vida, obligados como estamos a vivir en sociedad? Up in the air no da las respuestas ni lo pretende. Tampoco especula con ellas. La película de Jason Reitman deja más de un misterio sin resolver y se cierra de forma sorprendente. Pero en ella encontramos la talla de los antihéroes abonados a los caprichos del destino; situaciones que despiertan sonrisas y dejan un sabor agridulce; y, en definitiva, un buen número de seres humanos reconocibles, de carne y hueso como cualquiera de nosotros.

'Nine'

RUBÉN ROMERO

Un musical sin ritmo

El cine musical y el porno coinciden en la aceptación tácita por parte del espectador de que se espera lo imposible. En el cine para adultos, el encuentro sexual en la situación más insospechada; en el musical, ídem: de buenas a primeras suenan las fanfarrias y se canta bajo la lluvia. Dicha singularidad narrativa, demostrada en el anterior filme de Marshall, Chicago (2002), brilla aquí por su ausencia: en Nine se dedica más tiempo y sudor a las escenas de relleno que a los números musicales. Tampoco ayuda el oscarizado elenco: en su afán por quedar bien con las estrellas, la película se dilata y comete un pecado imperdonable: es un musical sin ritmo O una película porno con gatillazo

'Ricky'

EULÀLIA IGLESIAS

¿Con alas o sin alas?

Hace años que François Ozon dejó de ser ese enfant terrible que se mostraba provocativo para decantarse hacia el melodrama íntimo. De hecho, Ricky parece un drama de realismo social: madre soltera y obrera se ve en un aprieto económico. Pero utiliza este contexto para remarcar el elemento maravilloso que introduce a mitad del filme. La vida de unas personas se ve trastornada por lo extraordinario: a su hijo le salen alas, como si fuera una versión francesa y menos angelical de Tobi (Antonio Mercero, 1979). Ozon en el fondo no se aparta de su terreno: Ricky es una defensa de la libertad del diferente aliñada con sutiles gotas de humor negro.

 

'La herencia Valdemar'

SARA BRITO

Candor y herror

No hay quien dude del poder de seducción de frases como el "¡Siga a ese coche!" del cine de acción y suspense de serie B. Tampoco José Luis Alemán, que tira de este y otros cientos de clichés del género en su ópera prima, que es involuntariamente hilarante. La película que cuenta con una cuidada dirección artísticahomenajea no sólo a Lovecraft sino al cine de la Hammer, la Universal y el fantaterror ibérico (ahí está Paul Naschy), pero el director sobre explica, subraya, se deja llevar por la declamación y demuestra extrema torpeza a la hora de entrelazar la trama del siglo XIX con la contemporánea. Aún así, consigue que se disfrute por su candor y honestidad.