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Islandia, la isla vikinga del fin de Europa

Apenas conocida más allá de la cantante Björk y los cazadores de ballenas, Islandia es la cuna del primer europeo que desembarcó en América

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Fisterra, el fin del mundo conocido por los romanos, está en Galicia, como es bien sabido. Quizá los franceses aún no lo sepan, pues en la Galia invadida por Roma también existe un Finisterre. Que los geógrafos empiecen a revisar sus mapas porque lejos del continente, en una tierra que los romanos nunca pisaron, se encuentra el Finisterrae de Europa, lejos de Galicia o de Francia, entre el Mar de Groenlandia y el Océano Atlántico: es Islandia.

Apenas conocida más allá de la cantante Björk y los cazadores de ballenas, Islandia es la vieja y soñada Thule, el corazón helado del alma vikinga, cuna del explorador Leif Eriksson, primer europeo sin quitar mérito a las hazañas de Cristóbal Colón que desembarcó en América, hacia el año 1000.

Islandia es un país con gran actividad volcánica y geológica, lo que afecta en gran medida al paisaje del país. Sus difíciles condiciones de vida permitieron la conservación de las tradiciones y de la belleza geográfica de la isla. Es aquella Islandia, lejos de Europa, la que los historiadores Eladi Romero y Salvador Martínez proponen de descubrir en la guía Rumbo a Islandia que acaba de publicar la editorial Laertes.