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“Los jóvenes de barrios pobres que vemos como un problema, en realidad son la solución”

El cineasta Sérgio Machado cuenta en ‘El profesor de violín’ el nacimiento de la Orquesta Heliópolis, hoy una de las formaciones sinfónicas más importantes de Brasil que nació en la segunda favela más grande de América Latina. El actor Lázaro Ramos es el protagonista.

Imagen de la película 'El profesor de violín', dirigida por Sérgio machado.

MADRID.- De un incendio en 1996, en la segunda favela más grande de América Latina, la mayor de Brasil entonces, nació una de las formaciones sinfónicas más importantes del país, la Orquesta Heliópolis. La tragedia, en la que murieron cuatro personas, entre ellas un niño de cuatro años y un bebé de doce días, afectó profundamente al maestro Silvio Baccarelli que decidió crear un centro para enseñar música clásica a aquellos jóvenes tan pobres. El cineasta Sérgio Machado viaja a los inicios de la orquesta –y subraya los poderes sociales de la música- en su nueva película ‘El profesor de violín’.

“Los jóvenes de los barrios pobres, que vemos como un problema, en realidad son la solución”, afirma este director que confiesa sentirse orgulloso de haber participado “de alguna manera” en el proyecto del Instituto Baccarelli. Por él pasan hoy más de 4.000 alumnos cada año y la orquesta tiene al frente al aclamado maestro Isaac Karabtchevsky. A los niños de Heliópolis les ha dirigido Zubin Mehta, han tocado con el violinista Joshua Bell y han conseguido emocionar hasta las lágrimas a Ennio Morricone. “Los chicos que están en proyectos sociales añaden a la música irreverencia, pasión y alegría”.

Entrevistó a mucha gente de la orquesta original, incluido su fundador, Silvio Baccarelli, para la película. ¿Qué fue lo más importante que surgió de aquellas conversaciones?

El encuentro que me marcó más fue con una mujer, Graziela Teixeira, una violinista que formó parte de la primera formación de la Orquesta Heliópolis. Para mí ha sido una especie de guía y me ha ayudado mucho a entender el universo de las favelas. Graziela tuvo una vida muy difícil, era hija de un traficante de drogas, hermana de un falsificador de tarjetas de crédito… cuando sólo tenía 5 años, su padre le puso una pistola en la mano para que matara a unos tipos, era la manera más degradante de terminar con ellos. A través de ella comprendí cómo la música puede ser un factor de cambio, incluso en personas con vidas tan duras. Hoy ella tiene una vida más o menos estabilizada y su hija es parte de la orquesta.

El director de la película 'El profesor de violín', Sérgio machado.

Hay en la música un efecto social, educacional… ¿el arte, la cultura… solucionan lo que no resolverá jamás la violencia?

Una visita al Instituto Baccarelli es una experiencia inolvidable. Heliópolis es un lugar violento y todavía lleno de problemas a pesar de los cambios sociales en Brasil en las últimas décadas. Al entrar en el edificio y observar a cientos de niños concentrados, estudiando música, la sensación es la de que si realmente hubiera un verdadero deseo sería posible resolver muchos de los problemas del mundo. El acceso a una buena educación, el arte y la cultura para mí es el factor fundamental para combatir los problemas de la juventud. Combatir la violencia con más violencia es como intentar apagar el fuego con gasolina.

¿Cree que su película abrirá algunos ojos?

No tengo la ilusión de que esta película, o cualquier otra, cambien la realidad de un país, pero creo que puede estimular el debate sobre el papel de las artes en la educación de los jóvenes. En las últimas décadas, Brasil ha avanzado en la distribución de la renta, pero la educación y el acceso a la cultura se encuentran todavía entre los grandes desafíos del país. El cine brasileño ha retratado de manera incisiva nuestros males. La violencia y la exclusión social son cuestiones clave en el drama brasileño. Películas como ‘Ciudad de Dios’, ‘Carandero’ y ‘Tropa de élite’ exhibieron nuestros heridos al mundo. Cuando me invitaron a dirigir esta película tenía la sensación de que era importante hablar también de las personas que buscan maneras de resolver nuestros problemas. Brasil está lejos de encontrar la solución a sus dilemas, pero en los últimos años ha habido iniciativas que indican que la mejor manera de abordar la violencia y la desigualdad es educar y facilitar el acceso a la cultura. Me pareció importante hablar de esto.

Su película habla del efecto terapéutico de la música, del arte en general. ¿A usted le funciona el cine para enfrentarse a lo peor del mundo que vivimos?

Creo que el cine no es lo suficientemente fuerte como para resolver los grandes problemas del mundo, pero algunas buenas películas se hicieron con un auténtico deseo de hacer que la realidad fuera menos injusta. Soy un admirador de directores como Ken Loach que tratan de reflexionar sobre las grandes desigualdades y no tienen una mirada cínica sobre el mundo.

Creo que una película termina afectando a las personas una por una. He vivido en el cine algunos momentos decisivos en mi vida y creo que algunas películas han influido decisivamente mi manera de ver el mundo.

Algunos de los actores son jóvenes músicos de la orquesta original, ¿hicieron aportaciones en el rodaje?

No sólo los músicos, todos los jóvenes que participan en la película contribuyen de modo importante. Todos ellos nacieron y se criaron en las favelas y yo los invité a llevar su propia experiencia a las escenas. Lo más importante para mí durante el todo el proceso fue la interacción con los chicos de la orquesta. Su dedicación me enseñó mucho. Salí de la película con una mayor convicción de que hay una juventud talentosa, con ganas de contar su historia y que sólo necesita de una oportunidad para brillar. La intensidad de los chicos contagió toda la película.

Brasil está en medio de una situación dificilísima que ahora con los Juegos Olímpicos se expone ante el mundo entero…

La diferencia entre ricos y pobres ha disminuido en las últimas décadas, debido principalmente al programa social Bolsa Familia, que determina que los brasileños deben recibir el mínimo necesario para alimentarse. Hubo un fuerte crecimiento en el consumo y ahora incluso en los barrios pobres y en las favelas las familias consumen productos como televisión, teléfono, internet o motocicletas. A pesar de esta mejora, la desigualdad social sigue siendo enorme. El problema es que no crecemos en la misma forma en la democratización de la educación y la cultura. La violencia sigue siendo un problema que asusta a los brasileños y la corrupción se hizo aún más visible. En los últimos meses, con el derrocamiento del gobierno elegido, ha crecido el clima de tensión e incertidumbre.

Imagen de la película 'El profesor de violín', dirigida por Sérgio machado.

¿Cuál ha sido la política cultural y educativa de los últimos gobiernos del país?

En mi opinión, la política cultural en el las ultimas dos décadas tuvo más aciertos que errores. Especialmente cuando los ministros eran Gilberto Gil y Juca Ferreira, que han promocionado una descentralización de la producción cultural y un crecimiento significativo del audiovisual.

A pesar de haber mejorado, el acceso a la cultura no ha evolucionado lo suficiente. Brasil todavía siegue teniendo pocas bibliotecas y pocas personas leen, van al teatro y al cine.
Iniciativas como el Instituto Baccarelli muestran que el acceso a la cultura puede cambiar con rapidez y eficacia la situación social de una comunidad entera. La Orquesta Heliópolis es una prueba de cómo se puede evolucionar cuando las personas pasan a consumir y producir cultura. Cuando empecé a ensayar para la película me di cuenta de que los jóvenes de los barrios pobres, que a menudo son vistos como un problema, en realidad son la solución, para esto basta que ellos tengan la oportunidad de crecer.

La historia del Instituto Baccarelli es impresionante, ¿hay otros casos en Brasil o en algún otro lugar del mundo que la hayan inspirado?

El maestro italiano Claudio Abbado dijo una vez que el futuro de la música clásica pasa por las favelas de América Latina. Los jóvenes músicos que estudian en proyectos sociales en países como Brasil y Venezuela aprenden la técnica y la disciplina, pero además añaden una dosis de irreverencia, pasión y alegría. En Venezuela se ha creado un proyecto conocido como El Sistema, que pretende enseñar música a millones de jóvenes. En Brasil, el Instituto Baccarelli se convirtió en uno de los proyectos sociales de mayor éxito en el país. La Orquesta Heliópolis ha recorrido el mundo, ha tocado para el Papa, fue dirigida por Zubin Metah y fascinó al músico italiano Ennio Morricone. En Salvador de Bahía, ciudad de dónde vengo, hay otra orquesta, Neojibá, que ha se presentado con éxito en teatros de todo el mundo.