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Justo ante de Cristo Julián López: "Las luchas internas son algo muy humano y muy jodido"

Movistar+ estrena hoy la segunda temporada de ‘Justo antes de Cristo’ con la gripe como una protagonista más en tiempos de coronavirus.

Imagen promocional serie Justo antes de Cristo, / ARCHIVO
Imagen promocional serie Justo antes de Cristo, / ARCHIVO

La que hoy estrena Movistar+ es la segunda y última temporada de Justo antes de Cristo, una comedia sobre romanos y tracios en lucha por un pedazo de tierra que, en realidad, de lo que trata es de un grupo de personas en el que nadie está donde quiere estar. En definitiva, unos sufridores. Son, como los define Cecilia Freire durante la entrevista del equipo con Público, "un montón de personajes dramáticos en situaciones cómicas".

Y ahí es donde reside el humor y la empatía que despiertan. Algo que ya se explotaba en la primera temporada. Porque, como dice Pepón Montero, creador junto a Juan Maidagán, todos somos un poco como ellos. Que la gripe, ‘la cosa’ la llaman los romanos en la serie, juegue un papel tan importante en plena crisis mundial por el coronavirus solo es una de esas causalidades que a veces se dan entre realidad y ficción.

Imagen promocional serie Justo antes de Cristo, / ARCHIVO
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La razón por la que hace reír la desgracia ajena puede tener una doble explicación dependiendo del punto de vista desde el que se analice según teoriza, medio en broma medio en serio, el director Nacho Vigalondo: "Desde el optimismo, a veces pienso que nos gustan este tipo de historias porque nos gusta vernos reflejados en nuestras desgracias, nuestras penurias, nuestras neurosis y nuestras fases depresivas.

Pero otras veces, siendo más pesimista, creo que esto nos gusta porque nos gusta sentirnos por encima del otro aunque el otro sea un elemento de ficción. Es el mecanismo de los reality shows. Nadie ve realities para ver a gente en mejor situación que uno mismo. Lo que quieres ver es gente ridícula en situaciones esperpénticas".

Sea por la primera o por la segunda, lo cierto es que el sufrimiento de Manio, Agorastocles, Valeria, Antonino y compañía desemboca en la diversión de quien lo contempla. En tiempos donde el humor se examina en cada sketch y, como apunta Freire, "determinados chistes se deberían acabar y no se acaban", Xosé Touriñán apunta que, a su modo de ver, el problema está en que "se pone el foco mal. No debería estar en el que hace el humor, sino en el que lo recibe. Tú, como consumidor, tienes el derecho y el poder de escoger y cambiar lo que escuchas. Si esos mensajes no los escucha nadie, se acaban. Entonces, pelear por prohibir lo único que hace es dar publicidad. Lo que le hace gracia a alguien es distinto de lo que te hace gracia a ti. Tampoco podemos hacer y crear series iguales. A eso me refiero, si algo no te hace gracia, déjalo ahí, no lo consumas. No es el chiste, es la forma", analiza alguien que ha hecho de provocar la sonrisa o la carcajada su profesión.

En Justo antes de Cristo sus guionistas juegan con la delgada línea que en ocasiones separa el drama de la comedia. "El drama que va a comedia es muy tierno y creo que somos todos un poco patanes", señala Freire, quien da vida a Valeria, la hija de un general romano que solo piensa en retirarse a cultivar melocotones mientras ella lo maneja a su antojo en la sombra intentando alcanzar esa gloria que, por su sexo, nunca podrá disfrutar. Al igual que su hija. Porque en esta serie, pese a estar ambientada en una época tan lejana y patriarcal, los personajes femeninos son de los mejores que la pueblan y, como apunta Touriñán, tienen esa dignidad que a veces les falta a los masculinos.

En cuando al equilibro entre ambos géneros antagónicos, Julián López señala lo complicado que es dar con el "tono"correcto para que no descarrile. "Es complicado alcanzar el equilibrio, sobre todo el tono. Manio es un personaje mucho más complejo de lo que parece. Cuenta con esas luchas que tiene internas, externas… Suceden cosas a su alrededor, casi siempre por él. O él piensa que es por él, incluso piensa que es por él, pero no es por él (…) Todo eso es terrible que le pase, pero a la vez es muy cómico y desde fuera estamos sufriendo con él, porque empatizas", comenta al tiempo que alaba la calidad del guion, punto en el que coinciden sus compañeros de reparto: "Los personajes están muy bien diseñados, los creadores ha estado mucho tiempo escribiendo y eso se nota". Y todo esto lleva a Julián Lopez a afirmar que esta "es una serie con mucho mimbre más allá de que te rías con ella, que lo haces".

Lo que se aprecia viendo Justo antes de Cristo es la complejidad de sus protagonistas y la profundidad de las tramas. Por un lado está el hecho, como apunta Touriñán, de que el ser humano no ha cambiado tanto con respecto a la época de romanos y tracios. Gente muriendo en la frontera se ve en la serie y en el mundo real.

Sin embargo, "no hay ninguna pretensión de hacer ningún paralelismo con la actualidad. Lo que pasa es que nos han ido saliendo cosas, pero no era nuestra intención", señala Montero. Es más, el mayor paralelismo, el que se puede hacer con la situación actual por el coronavirus y la gripe en esta temporada final es algo que era inimaginable cuando se escribió y rodó.

El precio de la libertad y el ‘peligro’ de lograrla

Una de las ideas que se esgrime a lo largo de los seis episodios que componen la temporada que hoy llega a Movistar+ es la de conseguir lo que se desea y qué ocurre cuando esto se logra. Es algo que le sucede, por fin, a Agorastocles. Sin embargo, cuando tiene esa libertad que tanto ansiaba empieza a pensar que quizá era mejor que le dijesen qué hacer en cada momento y no tener que decidirlo por sí mismo.

"La vida misma, que todos queremos lo que no tenemos y pensamos que lo mejor es lo otro. Pasa mucho en todos los aspectos de la vida y está muy bien explicado ahí. Hasta el espectador ve eso: este es el que tenía que mandar y después, cuando le toca, no es tan fácil", resume Touriñán sobre el hecho de que, como apostilla Freire a su lado, "la fantasía, una vez que la haces realidad piensas: ‘Uy, me quedaba en el sueño’".

Por eso, para Vigalondo, nada como quedarse en un segundo plano: "Nunca se está tan feliz como en el underground. Es ahí donde se encuentra la felicidad. En el underground o en la oposición, en los políticos. La energía que se genera ahí la vas a echar de menos después cuando cambies de casilla". "La libertad es eso, que te digan cada mañana ‘haz esto’", sentencia Maidagán.

Imagen promocional serie Justo antes de Cristo III. / ARCHIVO
Imagen promocional serie Justo antes de Cristo III. / ARCHIVO

El caso de Manio, el personaje de Julián López, es algo distinto porque lo que le ocurre es que vive en una contradicción continua sin llegar a tomar una decisión definitiva. Piensa en dejarse llevar y, al segundo siguiente, en que igual debería hacer lo que se espera de él. Y así una escena tras otra.

"Me gustan mucho las escenas en las que están hablando el resto y él está pensando porque creo que ahí se ve al auténtico Manio. Es muy dramático que una persona diga: ‘Estoy aquí, pero ¿por qué estoy aquí? ¿Por qué me lo he ganado? ¿Por los dioses?’. Las luchas internas son algo muy humano y muy jodido, y quien las haya pasado lo sabe. Esto es una comedia, partimos de ahí, pero el personaje es de los más dramáticos que he hecho yo en esencia porque no hay nada peor para una persona que la incertidumbre, sobre todo la incertidumbre de quién soy yo y lo que tengo que hacer en esta vida".

En cuanto a lo que se puede esperar de esta segunda y última temporada, lo más sorprendente son esos giros locos de las predicciones de "un augur que parece que está averiado pero en realidad funciona demasiado bien”, como lo define Vigalondo, y una escena de Julián López hablándole a los dioses/creadores/directores/espectadores que entronca con la necesidad de sorprender que tiene la comedia. Opinión que comparten todos los implicados en Justo antes de Cristo.

"Creo que Justo antes de Cristo es para un espectador muy especial y esta segunda temporada es un salto cuántico de bizarrismo y surrealismos varios", explica Freire sobre esas escenas que son de las mejores y que no pueden contarse porque la gracia está en sorprenderse a verlas. Como dice Julián López: "La sorpresa es uno de los pilares de la comedia, tiene que estar, sí o sí".