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Laca, colores estridentes y lucha femenina en la divertida ‘GLOW’

La comedia protagonizada por Alison Brie y Betty Gilpin retrata el mundo del wrestling femenino en los ochenta a través de un grupo de mujeres de lo más variopinto. ‘GLOW’ tiene a parte del equipo de ‘Orange Is the New Black’ detrás y puede ser la sorpresa del verano.

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GLOW, se estrena este viernes en Netflix

Con un argumento algo rocambolesco y bizarro, por el mundo en el que se adentra, GLOW es una de esas series refrescantes ideales para el verano que supondrá una auténtica sorpresa para quienes decidan darle una oportunidad. Creada por Liz Flahive y Carly Mensch, cuenta con unas divertidísimas Alison Brie y Betty Gilpin en los papeles protagonistas. Su universo es el de la lucha libre femenina en los años ochenta en Los Angeles. Purpurina, calentadores, colores estridentes y hombreras para dar y tomar al servicio de una comedia disponible en Netflix desde el viernes 23 de junio.

Tras las siglas GLOW que dan título a la serie se esconcen las Gorgeous Ladies of Wrestling. ¿Eso qué es? Se preguntará la mayoría al igual que hacían las protagonistas de la nueva comedia de Netflix ya en el primer episodio.

No son otra cosa que el equivalente a Hulk Hogan en versión femenina. Dicho así (más o menos) por una de ellas. Es la descripción más simple y clara de lo que es GLOW. Un grupo de mujeres subidas a un ring para pelearse sobre él con una puesta escena muy teatral y mucho de exageración en un programa de televisión que existió en los ochenta aunque ahora la mayoría ni lo recuerde.

Todo empieza con Ruth Wilder (Alison Brie), una joven aspirante a actriz que va de casting en casting sin suerte. No renuncia a su sueño pese a todo. Con unos pocos dólares en el bolsillo y la firme convicción de no dejarse arrastrar al porno por necesidad, un día es convocada a un extraño proceso de selección. Una vez allí se encuentra con decenas de mujeres tan desorientadas como ella, un tipo enérgico y con bigote llamado Sam (Marc Maron) y un ring en el centro. El casting ha comenzado y solo unas pocas serán las elegidas. La fama les espera. O al menos eso es lo que les prometen.

Los dos primeros episodios, mostrados a los medios por Netflix, se centran en el proceso de casting y en cómo tanto Ruth como su otrora amiga y ahora archienemiga sobre el cuadrilátero, Debbie Eagan (Betty Gilpin), han llegado hasta allí. La primera, por pura desesperación. La segunda, por culpa de una traición que la ha devuelto al mercado laboral después de dejar el mundo de las telenovelas para tener a su hijo. Al final, todas ellas no dejan de ser mujeres que intentan salir a flote y encontrar una oportunidad. Porque en GLOW hay mucho de feminismo, de lucha (sobre el cuadrilátero y fuera de él) de un grupo de mujeres que quieren valerse por sí mismas.

Las supervivientes del singular casting que les hace pasar el no menos singular productor responsable del programa es de lo más variado. Hay un poco de todo y poco a poco se irán conociendo sus personalidades y cómo llegaron hasta allí. Ya sea por pertenecer a una saga familiar o de rebote después de muchas audiciones en un Hollywood que les ha dado con la puerta en las narices. Cada una con una estética muy marcada que será puesta al servicio del espectáculo, tanto en la serie como dentro de ella.

El punto fuerte de GLOW es su sentido del humor basado en la ironía y el sarcasmo más puro con dardos continuos entre sus personajes pero también por las situaciones que se generan. La enemistad entre Ruth y Debbie sostiene gran parte de ese tono tremendamente divertido, al igual que el empeño de la primera por no renunciar a sus sueños como actriz intentando aplicar el método sobre el ring dando lugar a escenas rocambolescas.

Todo aderezado con una estética muy ochentera –para eso se ambienta en aquella época– y una banda sonora pegadiza al servicio de la diversión que supone GLOW, que no deja de tener ese punto que ha convertido en un éxito a Orange Is the New Black y que le da el tener a su creadora, Jenji Kohan, entre las productoras.