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Manos de hierro para el dibujante del espacio

La retrospectiva de Julio González reúne más de 200 obras en el MNAC

LIDIA PENELO

Pablo Picasso no buscaba, encontraba. Y aunque sus biografías lo dibujan como un hombre hosco y autosuficiente, en 1928 pidió a Julio González que le ayudara a trabajar en hierro para sus nuevas esculturas.

Fruto del proyecto Monumento a Apollinaire, Julio González (Barcelona, 1876) entró en la historia de las vanguardias para convertirse en el revolucionario de la escultura moderna en hierro. Dominaba todos los secretos de la soldadura y se alejó de las simetrías tradicionales. Sin buscar, creó un lenguaje propio, impregnado de los volúmenes desencajados del cubismo.

66 años después de su muerte, el MNAC inaugura este martes una retrospectiva dedicada al autor con más de 200 obras, entre esculturas en hierro, bronces forjados, pinturas, dibujos y joyas.

"Ya es hora de que el hierro deje de ser mortífero... la puerta está completamente abierta hoy para que este material, penetrando en el dominio del arte, sea batido y forjado por pacientes manos de artistas”, escribió el autor. Él desechó el proceso tradicional de vaciado en metal fundido de la escultura por la utilización de las técnicas directas del trabajo del hierro: la forja y el ensamblado mediante soldadura autógena. Un hallazgo que empezó a practicar a los 50 años y que le permitió explotar toda su imaginación y sensibilidad. Mujer ante el espejo, Hombre cactus o El sueño, el beso muestran el lirismo de este dibujante del espacio.

Dividida en siete ámbitos, la exposición del MNAC no cuenta con La Montserrat, una de las obras maestras del autor. El mal estado de conservación de la pieza ha impedido su traslado a Barcelona. La escultura –representa una campesina catalana con un hijo en brazos y una hoz en la mano– se convirtió en un símbolo contra la violencia de la guerra, en 1937.

El Museo Reina Sofía de Madrid exhibirá, en marzo de 2009, la retrospectiva de este hijo de orfebre y sobrino de dibujante.

Según Manuel Borja-Villel, director del centro, se trata de “un artista de proyección internacional de la misma talla que Giacometti”. Un hombre que supo digerir la efervescencia modernista para dar un paso más y encontrar. Como lo hizo su amigo, Pablo Picasso.