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El mejor cardado del siglo XX

Los últimos años de Liz Taylor fueron una sucesión de actos de amadrinamiento de buenas causas con malos recuerdos

 

BOB POP*

Ahora que se ha muerto Liz Taylor, empiezo a creerme esa teoría que asegura que el mundo en minúscula se puede acabar en 2012. Porque yo creía que Liz nos iba a enterrar a todos, como enterró a sus amigos: James Dean, Montgomery Clift, Roddy McDowall, Rock Hudson o Michael Jackson; mariliendre de luto, esa era mi Liz. Una borracha contumaz que mezclaba la medicación con el vodka y la cocaína hasta acabar en el hospital y de ahí saltar a las portadas, donde semanas antes la habíamos visto casándose con el chulo equivocado, y algunos años después la veríamos ejercer de madrina cerúlea en la última boda de Liza con un teleñeco junto a Michael Jackson. Los últimos años de Liz Taylor, en la pequeña pantalla y en las revistas del colorín, fueron una sucesión de actos de amadrinamiento de buenas causas con malos recuerdos, de apariciones estelares de vieja dama de la escena y algún cameo funerario en silla de ruedas, sin descuidar jamás el que ha sido, sin duda y con el permiso de Joan Collins y de Pitita Ridruejo, el mejor cardado del siglo XX.

Liz Taylor se ha muerto, y todos los obituarios que le esperan, e incluso algunos que la estaban esperando desde hace años en las redacciones, nos van a recordar su grandeza, sus excesos y su don para la supervivencia enjoyada. Por suerte, el balance de tantos años se encargará de difuminar los más recientes, en los que Liz se convirtió en un titular recurrente de ida y vuelta "Entra al hospital"/"Sale del hospital" , en algún nuevo anuncio de boda disparatado (que no llegó a consumar), en la memoria viva pero un tanto ausente de una época de oro (llevado a empeñar) y en una cuenta de Twitter que Liz (@DameElizabeth) empezó a usar para agradecernos que nos preocupáramos por su salud mientras estaba ingresada. Una cuenta de Twitter donde, qué injusta es la inmediatez y cómo nos pone la muerte en evidencia, la última entrada que pudimos leer con ella en vida fue el anuncio de una entrevista que le había concedido la gran Liz a la starlette de segunda Kim Kardashian para una revista de moda.