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Kiko Veneno salta sin red al escenario

Su último reto es una gira con doce temas inéditos

ÁNGEL MUNÁRRIZ

Superada ya de sobra la cincuentena, y con un largo historial de temas míticos a sus espaldas, Kiko Veneno podría ser un músico acomodado, predecible, conformista, que viviese de las rentas de haber escrito junto a don Raimundo Amador varias páginas de gloria de la música. Podría permitirse, incluso, ir de leyenda viva. Pero entonces habría un problema: no sería Kiko Veneno.

"Me gusta reírme y nunca parar, me gusta moverme y moverme sin parar", canta, muy elocuentemente, en Autorretrato, una de sus "doce o trece" nuevas canciones. Y aquí nuevas no significa recién grabadas, sino inéditas. Son temas que no han pasado por el estudio, ni hay planes de que pasen a corto plazo. "En todo caso sería coger una habitación, montar los equipos y grabarnos tocando juntos. No tenemos ni ganas ni presupuesto ni paciencia para ponernos a hacer cosas ahora por pistas", cuenta el autor de Volando voy y En un Mercedes blanco.

No es usual en absoluto que un músico consagrado se lance al escenario sin la red protectora de un repertorio que lucir. "Así conocidos, que yo sepa, lo hacemos Santiago Auserón y yo", explica. "Es como ponerle a la gente un disco nuevo, pero interpretado. Eso de levantar los mecheros y cantar todos a coro está bien, pero que la gente se arranque y baile con un tema que nunca ha oído es una cosa increíble. ¡Al final alguno hasta canta el estribillo, no sé ni cómo!", cuenta Kiko, que hoy toca en Madrid y tiene previsto hacerlo el día 28 en Morón (Sevilla) y el 30 en Gandía (Valencia).

Kiko y sus músicos invitaron el martes a Público a un ensayo en su local de Alcalá de Guadaíra (Sevilla), donde hicieron un repaso por esas nuevas canciones.

Los temas se pegan como el alquitrán desde la segunda estrofa. Dos ejemplos claros son La chispa y Agua del grifo. En la primera resuena "el Bob Dylan del principio", explica Kiko, que rescata la métrica del blues con que cantaba el de Minnesota, que no es tan distinta en el fondo a la métrica aflamencada que tanto ha empleado el de Figueres. Kiko afirma que él, sencillamente, se limita a hacer "canciones populares, que suenan bien y son fáciles de asimilar". "Cuanto menos virtuosismo hay, como es mi caso dice, más tienes que ir a por la melodía".

"Él está trabajando con un nivel de integridad brutal. Un tío como él, que podría estar ya acomodado, lo vive con toda la intensidad y respeto por la música", cuenta Raúl Rodríguez, que pone la guitarra flamenca. Tras la apariencia fresca y desenfadada de los temas, hay mucha destilación y mucha investigación. Kiko está interesado en acercarse lo máximo posible al tronco común del flamenco y el blues. Y esa búsqueda lo ha llevado a Malí, un país del que explora los sonidos desde que hace 15 años le marcó el Talking Timbuktú, de Ali Farka Touré. En varios temas nuevos se perciben estas resonancias africanas.

La espinosa cuestión de las descargas ilegales y el futuro del negocio musical resulta inevitable. Kiko tiene muy clara su opinión. "No estoy de acuerdo con eso de que aquí no se paga nada y todo es gratis, como dicen los alternativos. ¿Y los derechos de autor?", pregunta. "Yo, todavía, soy intérprete y me gano la vida, pero ¿y el compositor? También tiene derecho a sus papas con huevos, ¿no?". A su juicio, España sufre además un problema de falta de industria: "Todo ha sido una tómbola. La gente se sumó al auge del pop mundial de los 80 porque vio que ahí había dinero. Pero la música era lo último. Ahora esa burbuja ha explotado".