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Nacho Vigalondo: “A los maltratadores no se les ve de lejos, las mujeres no son tontas”

El cineasta estrena Colossal, una película de monstruos que algunos ya han calificado como la más feminista de este año en España y que está protagonizada por Anne Hatthaway.

Nacho Vigalondo en el rodaje de 'Colossal'

Partir de la tradición de los kaijus, esos monstruos asiáticos gigantes que atacan o protegen a la humanidad, ir hacia un desenlace de cine de catástrofes, aprovechar por el camino la comedia y finalmente cerrar con todo ello una película de hondo contenido social es una jugada bastante delirante que podría haber finalizado en estrepitoso desastre, pero que, felizmente, ha culminado en la genialidad. Nacho Vigalondo es el audaz que ha osado lanzar este envite que es Colossal.

Calificada ya por algunos como la película más feminista de estos años en España, Colossal es una producción independiente de bajo presupuesto, con financiación de EE.UU. y Canadá, protagonizada por Anne Hathaway y Jason Sudeikis, y que, a pesar de las apariencias, ha resultado más fácil de levantar fuera de España que dentro. “Al cine de autor aquí se le ha arrinconado, pero todavía existe y se renueva”.

Gloria no tiene trabajo y bebe mucho. Su novio la echa de casa y ella no tiene más remedio que dejar Nueva York y volver a la pequeña ciudad de su infancia. Allí, un antiguo compañero de colegio la contrata para trabajar en su bar. Mientras ellos lidian con sus propios fracasos, el mundo vive aterrado ante la aparición de un monstruo gigante que amenaza con terminar con Seúl. Poco a poco, ella comprende que existe una conexión entre su insignificante vida y lo que está sucediendo al otro lado del mundo. ¿Qué debe hacer para evitar la destrucción total?

'Colossal' es una película de monstruos con un fondo social potente, ¿cómo surgió esa combinación?

La primera propuesta, autoimpuesta, fue la premisa de hacer una película sobre un avatar en otro punto del planeta haciendo lo que tú haces. Pero no me lo tomé en serio hasta que no di con una historia que contar. Nunca iba a ser una película de monstruos a secas.

Ha terminado siendo una película sobre el alcoholismo, la sensación de fracaso, el paro y, sobre todo, la violencia machista.

Cada película en la que trabajo el 50% es producto de lo que he visto, de las novelas que he leído o de los cómics que he zampado y el otro 50% tiene mucho que ver con mi vida íntima. Y esta vez ha surgido esto. Por otro lado, en las propias películas hay cosas que también te arrastran.

¿Qué le arrastró a hablar de la violencia machista?

En la película desde el principio iba a haber dos humanos pegándose, cuando llegué a la conclusión de que la protagonista sería una mujer y el otro, un hombre, lo siguiente era deducir por qué se pegaban.

¿Y por qué decidió que la protagonista sería una mujer?

Seguramente porque no quería aburrirme de mis propias inercias, y las tres películas anteriores las había hecho desde el punto de vista masculino. Eso no quiere decir que me hayan dejado de interesar, de hecho me interesan muchísimos, las flaquezas y grietas de la masculinidad.

Volviendo a la violencia machista…

A medida que iba escribiendo me daba cuenta de que quería trabajar la figura del maltratador de una manera diferente. Me fastidia mucho que ese tipo de personaje sea un villano desde el principio, que se le vea de lejos, desde el primer momento. La realidad tiene formas completamente distintas. Y las mujeres no son tontas, lo que pasa es que lo evidente no está siempre en la superficie.

¿Fue consciente de lo que arriesgaba con el personaje masculino, que cambia a mitad de la película?

Sí y a cierto tipo de público no le ha gustado nada, no les ha gustado verse traicionados de esa manera. Era muy arriesgado. Siempre lo es cuando traicionas al público y en este caso también a la protagonista femenina. Conseguir ese grado de sorpresa me hace sentirme encantado y un privilegiado.

De ese 50% más íntimo, ¿qué ha trasladado a sus personajes?

Aunque la película no es nada autobiográfica ni hay un alter ego mío al estilo Truffaut, cuando decido trabajar desde mi propia experiencia pongo mucho mío y en todos los personajes hay partes de mí. Eso es un poco oscuro si piensas en el villano, pero tengo que reconocerlo.

Un instante de 'Colossal'

¿Qué tiene el villano de usted?

Al escribir hay tres grupos de personajes: el que eres, el que te gustaría ser y el no quisieras ser nunca en la vida. Yo me he imaginado quién sería en otras circunstancias, si no hiciera cine, si siguiera en mi pueblo como el personaje masculino. Yo seguramente sería un tipo más deprimido y frustrado. En cuanto a las actitudes machistas, me parece que más que apuntar con el dedo debemos empezar a escuchar las voces que nosotros mismos llevamos dentro.

Otro asunto esencial en 'Colossal' es el alcoholismo, ¿por qué?

No se menciona nunca la palabra alcoholismo, porque todo el mundo hace el vínculo del alcoholismo con el caos de la borrachera, cuando lo grave de verdad llega cuando uno lo adapta a su comportamiento diario. No se me ocurre nada más deprimente que no darse cuenta de que estás convirtiendo malos hábitos en estilo de vida.

Una vez más, en su película habla de las pantallas y de cómo éstas nos conectan con el mundo, ¿se ha convertido en una obsesión?

Bueno, yo solo quiero contar cosas desde la humildad de mi punto de vista, el de una persona con una vida ordinaria. Y yo paso más tiempo del que quisiera delante de una pantalla. La peor y la mejor noticia que me darán en mi vida será a través de una pantalla, estoy seguro. Por eso, en lugar de una película sobre alguien que se va a Grecia a ayudar a la gente hambrienta, hago una película donde la gente lo ve todo en televisión.

'Colossal' es una película con muchos riesgos…

Cuando te pones a hacer una película no lo piensas mucho. Creo que hay que preservar un poco la inocencia y, de algún modo, no sabes muy bien lo que estás haciendo. Pero de pronto te sale del inconsciente gritar: ¡Hostias, cómo mola esto! La inocencia en el cine conlleva un gran riesgo.

Parece que Anne Hathaway aceptó muy rápido hacer la película y eso facilitó el proceso.

Esta película y Extraterrestre han sido las más fáciles de hacer. Las más fáciles y las que me han dado más placer al rodarlas. Son películas hermanas.

Usted pertenece a una generación de autores que no lo han tenido fácil para sacar adelante sus películas, ¿se siente arropado por el cine español?

Por los compañeros, sí. Por otro lado, hemos repetido tanto el mantra de que necesitábamos una industria de cine… Ahora las televisiones son esa industria, así que de alguna manera tenemos lo que queríamos. Hoy se hace en España más cine comercial y con más validez industrial. Es verdad que el cine de autor se ha arrinconado, pero todavía existe y se renueva. Lo único que puedo decir es que la primera versión de esta película se llamaba Santander y que una parte de mí añora no haber hecho esa versión.

¿Partió del género para trascenderlo?

Las películas de género que más nos gustan no se quedan nunca en las coordenadas del género, además, como se ha dicho siempre, el género está para trascenderlo. Terminas moviéndote en otro territorio.