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“En Occidente tenemos un egocentrismo colosal”

El cineasta Joachim Lafosse, Palma de Plata al Mejor Director en San Sebastián 2015, muestra en ‘Los caballeros blancos’ el sentimiento de superioridad de Occidente y se pregunta por los límites de el bien y el mal en la ayuda humanitaria a través de las ONG’s.

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Joachim Lafosse, director de "Los caballeros blancos" que se estrena este viernes en los cines

MADRID.- ¿Pagaría dinero para adoptar a un huérfano que vive en un país en guerra y en la precariedad absoluta a sabiendas de que la operación no es del todo legal? ¿Considera que los países europeos tienen derecho a la injerencia en los países pobres que viven en constante guerra y en los que mueren cada día adultos y niños? ¿Cuál es el límite entre el bien y el mal en casos como estos? El cineasta Joachim Lafosse hace estas preguntas y otras más, todas especialmente incómodas en su película ‘Los caballeros blancos’, una ficción inspirada en el desgraciadamente famoso caso de la ONG El Arca de Zoé.

En 2007, seis personas de la ONG –lideradas por Éric Breteau- llegaron al este del Chad con el ejército francés. Unos meses después fueron detenidos por la policía cuando estaban a punto de embarcar a 103 niños en un avión con destino a Francia. Los trabajadores humanitarios aseguraron que eran todos huérfanos recogidos de un orfanato de Dafur. Naciones Unidas descubrió que la mayoría tenía familia y que muchos eran chadianos. Fueron arrestados junto con los españoles que formaban la tripulación de la compañía Girjet con la que iban a volar. De este episodio, Lafosse ha construido una ficción con la que advierte de la reaparición del sentimiento neocolonialista en algunos trabajadores humanitarios, donde revela cómo el dinero “es lo que da buena conciencia a los blancos” y con la que proclama: “En Occidente tenemos un egocentrismo colosal”.

Lo que hacen sus personajes es moralmente despreciable, ¿hay que llegar a creerse otros puntos de vista para poder crear y defender personajes así?

Desde luego hay que conocerlos. Además, lo que me motivó fue mostrar cómo un equipo tomado por el narcisismo total de un tipo consigue olvidarse de la moral. Jacques Arnault (el personaje principal) gangrena toda ley y toda ética y moral para ‘salvar el mundo’.

Usted habla de arrogarse el ‘derecho’ de salvar a los niños. Todos nosotros hemos sido educados para asumir la ‘obligación’ de salvar al otro…

Eso es exactamente lo que diferencia lo moral de lo otro. Hemos pasado de la obligación al placer de salvar a alguien. Ayudamos a los demás porque nos hace sentirnos bien y no porque sintamos ninguna obligación moral.

En el fondo, su película denuncia la superioridad que siente Occidente hacia el resto del mundo, ¿es así?

El cine de Hollywood está basado en el héroe, en la fe en el héroe, yo me paso la vida haciendo cine de otro tipo, pero hay mucha gente que cree en esos héroes y en esas películas. La gente que cree, que tiene tanta fe en Occidente, es como la gente que cree en los terroristas de Oriente Medio. Tienen una creencia ciega, una fe ciega. Aunque quizás los occidentales estemos menos desesperados que los que apoyan hoy a DAESH.

Pero los gobiernos de Occidente han decidido solucionar ciertos problemas a través de ONG’s…

Los problemas de África, el hambre, las guerras… deberían contestarse de forma política y colectiva, europea. Pero sí, el liberalismo ha hecho que contestemos a través de ONG’s, es decir a través de la caridad y de las emociones.

Con la crisis de los refugiados, ha habido muchas personas que han actuado fuera de la ley y han sacado de los campos a muchas familias. Pagar camiones para sacarlos de allí es un delito, pero ¿es moralmente igual que lo que planeta su película?

Es una utopía. Por lo tanto, solo se puede responder a ello con una búsqueda, en el sentido de la búsqueda del Grial. Yo creo que el problema de los refugiados se resuelve solo de una forma política, no, privada. La solución, desde luego, es acoger. Los sirios se van de su casa porque si se quedan es posible que mueran, que mueran familias enteras, pero su acción es voluntaria. No es lo mismo, de lo que hablo en la película es de otra cosa. Lo que no soporto es la mentira. No se puede hacer el bien a través de la mentira. En este caso, los niños iban a ser ‘salvados’ gracias al dinero de personas que deseaban tener un hijo. Si se lo dijeran a sus familias, algunas dirían que sí, que se los llevaran a Francia, pero estas criaturas no pueden contestar.

La periodista funciona como espejo de cualquiera de nosotros. Ella decide quedarse con uno de esos niños convencida de que le salva la vida. Es un argumento que le habrán dado muchas personas ¿es así?

Sí. Después de ver la película muchísimas personas me lo han dicho, pero yo siempre contesto lo mismo, que es lo que creo, el hecho de que un niño viva en la precariedad no da derecho a nadie a arrancarle de los pechos de su madre, a separarle de su familia ni del sitio donde ha vivido.

Vincent Lindon, protagonista de la película encarna a Jacques Arnauld

Uno de los personajes dice que no es posible tener certeza absoluta con ninguna adopción…

Desde luego. Es que en Francia y en Bélgica es muy difícil adoptar porque hay que mantener a los niños en contacto con sus familias de origen o, si no la tienen, con su región. Pero si un país africano decide decir que no a la adopción internacional, la respuesta nuestra es “¡qué horror!”. En Occidente tenemos un egocentrismo colosal, de lo más grande.

Para hacer la película ¿se puso en algún momento en contacto con Éric Breteau?

No. La película es una ficción. Yo no defiendo ninguna verdad, no he querido conocer a los protagonistas de aquel caso. Es una ficción y la trato como tal

¿Disponer de un actor como Vincent Lindon era muy importante para usted?

Era esencial. Hay que tener en cuenta que Vincent Lindon es el héroe por antonomasia, es ‘el hombre que salva a la viuda y los niños’, como dicen en Francia. Y ponerle en este papel que es todo lo contrario me parecía muy interesante. Lo que ocurre es que con un personaje tan carismático los otros pierden la lucidez. En el fondo es una ‘estrella del narcisismo’.