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Ódialos o ámalos

Los nuevos ‘enfants terribles’ del cine son jóvenes y asiáticos, capaces de hacer una película de nueve horas. ¿Estafadores o aire fresco para la industria? La polémica viene de lejos

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Jia Zhang-ke, Raya Martin o Lav Díaz. Directores que desatan tantos insultos, descalificaciones y protestas como admiraciones, intrigas y alabanzas. Pataleos o aplausos. Directores -jovencísimos- que arrasan en los festivales, que vacían las salas o que las llenan de espectadores curiosos e intrigados.

Son los autores del cine walk-in walk-out (entrar y salir, le llaman los expertos) el más difícil de ver, el más rupturista, el más arriesgado, que pocas veces llega a las salas comerciales y que, sin embargo, camina por delante, abriendo nuevas vías sin temor a lo que otros piensen.

En los últimos años, los festivales más importantes del mundo, como Rotterdam, Venecia, Cannes o el Bafici de Buenos Aires han acogido las proyecciones de unas cuantas de esas películas polémicas, apuestas sinceras por un cine libre, diferente, radical y difícilmente accesible. Hace tan sólo unas semanas, el periférico -desde todos los puntos de vista- Festival de Cine de Las Palmas dedicó una sección a analizar la obra de estos nuevos enfants terribles del cine mundial.

Cine de navaja

Películas que han sembrado la polémica allá por donde han pasado, que han desatado auténticas estampidas de las salas y, sobre todo, encendidos debates en los bares cercanos. Autohystoria, del filipino Raya Martin, Death in the land of Encantos, del también filipino Lav Díaz, He Fengming, del chino Wang Bing, o Schuss!, del francés Nicolas Rey, son algunos ejemplos de ese cine que nunca llegará a los estantes de los videoclubs pero que sacude, como en la vieja película de Luis Buñuel, las retinas de quien se acerca a él.

Cine con navajas en sus imágenes. O lo que es lo mismo: planos larguísimos, total ausencia de convenciones narrativas, duraciones fuera de lo común, formatos caseros, mezclas impúdicas de ficción, documental y vanguardia y nuevos modos de filmar que se alejan de lo que convencionalmente se ha llamado cine.

‘Walk in, walk out'

También algunos festivales españoles, como Gijón, Las Palmas, Punto de Vista, Zinebi o el CGAI (Centro Galego de Artes de Imaxe), han recogido el guante de estos cineastas y han abierto sus salas a esas películas que algunos llaman Walk-in, Walk-out.

¿Pero de quién estamos hablando? Los nombres que en los últimos dos años han sacudido el circuito internacional de festivales provienen, en su mayor parte, de Asia. Y en su mayor parte son cineastas insultantemente jóvenes -caso de Raya Martin con sólo 23 años-. Lo acompañan Lav Díaz, Khvan de la Cruz, el francés Nicolas Rey, pero también el veterano James Benning, el argentino Lisandro Alonso, el chileno José Luis Torres Leiva, o el belga Xavier Christianes.

Para muchos, provocadores natos, estafadores profesionales. Para otros, un soplo de aire fresco, una apuesta necesaria.

Reivindicación del asombro

Uno de los caballos de batalla de estos cineastas es el tiempo: subvertir las convenciones de duración del plano, de las películas, del tiempo filmado y el tiempo proyectado. Acabar con las duraciones estándar y demostrar que el gran tema del cine, por encima de todos, es el paso de las horas.
Carlos Mugiro, director artístico del Festival Punto de Vista, afirma. 'Se trata de reivindicar el asombro y el placer del conocimiento. De entrar en una sala de cine y no saber qué se va a ver. Incluso de no saber qué se está viendo'.

Algunos ejemplos: el del jovencísimo filipino Raya Martin, objeto de fuertes controversias desde que estrenase su película Autohystoria, que arranca con uno de los planos secuencia más comentados del cine mundial: el paseo de un joven desde su casa hasta la casa de un amigo, por una calle de Manila... durante más de treinta y cinco minutos sin interrupción. Rodado a pulso, en formato Hi-8, no es sólo uno de los planos más largos de la historia del cine reciente, sino también uno de los más fascinantes, misteriosos... y polémicos.

Un guión nuevo cada mañana

O el de su compañero Lav Díaz, que resultó premiado en la sección Orizzonti del último Festival de Venecia, escaparate de las propuestas más rupturistas, con una película de nueve horas, Death in the land of Encantos, rodada durante meses sin más guión que el que escribía cada mañana con los propios actores, campesinos de una zona devastada por la erupción de un volcán. Díaz, que exige que la película se proyecte sin interrupciones, aplaude que el público se acerque a la proyección 'como el que va a una excursión', con la comida bajo el brazo, y que entre, salga, pasee y vuelva a entrar con total libertad.

¿Polémicos? Raya Martin, en su reciente paso por Madrid, afirmaba: 'Ni tan siquiera sé cómo se escribe la palabra polémica. Hago cine para aquellos espectadores que todavía creen en el cine'.

 

Primera persona

Raya Martin

“El cine es lo que ocurre cuando no tienes cámara”, dice con sólo 23 años. 

23 años, tres largometrajes, cuatro más en preparación y el primer cineasta filipino en ser aceptado en la Cinefondation del Festival de Cannes para jóvenes realizadores. Extractos de una larga conversación al calor de las cervezas.

“Una vez me preguntaron cuál sería mi película perfecta, y respondí que es ese momento de la vida que te apetece grabar... y no tienes la cámara a mano. Fue una respuesta rápida, pero cada vez estoy más convencido de que el cine es lo que ocurre cuando no tienes una cámara a mano.
La gente cree y dice que en la ficción eres libre de hacer lo que quieras, y yo estoy convencido de lo contrario: es en el documental donde realmente uno es completamente libre de rodar y hacer el cine en el que uno cree. Por eso mis películas mezclan ficción y documental, y por eso tengo ganas de volver a rodar un documental, como mi primera película.
El primer plano de Autohystoria no es una manera de poner a prueba al espectador. En los ensayos, el recorrido entre mi casa y la de mi amigo duraba 15 minutos, pero al rodarlo se convirtieron en 35. Y no lo podía cortar, porque el plano y la película perderían el sentido. Me han criticado tanto, me he ganado tantos enemigos, que en algunos momentos he pensado en dejar el cine. ¡Aunque luego me arrepiento y sigo rodando como si me fuese a morir muy pronto!”