Público
Público

Ovodonación en España Júlia Bacardit: "Hay que poder ser madre sin comprar los óvulos de las jóvenes que aún se están costeando la universidad"

Entrevista a la periodista y autora de 'El precio de ser madre'.

Júlia Bacardit, periodista y autora de 'El precio de ser madre'. VILAWEB/Albert Salamé
Júlia Bacardit, periodista y autora de 'El precio de ser madre'. VILAWEB/Albert Salamé

Existe una industria feroz de la que apenas se habla pero que, en una sociedad cada vez más envejecida como la nuestra, está haciendo caja cada mes como si fuera agosto. Se trata de la maquinaria multimillonaria del mercado de la ovodonación que solo y, por poner un ejemplo, tiene en Catalunya 70.000 embriones congelados, y en el que la mayoría de las donantes son estudiantes y mujeres en el paro que a cambio reciben unos 1000 euros.

La graduada en Humanidades y máster en periodismo literario Júlia Bacardit ha querido bucear en un sector en auge para hacer reflexionar sobre cómo se exige o se desea la maternidad a costa de una explotación reproductiva en toda regla. "Es explotación reproductiva de segunda categoría y sin embargo la paradoja es que tanto las donantes como las receptoras se meten en ella por supuesta voluntad propia. Si tenemos que seguir viviendo en un mundo en el que ser madre natural es casi incompatible con la vida urbana y el trabajo quizás sería mejor que congeláramos nuestros propios óvulos: así nos explotaríamos solo a nosotras mismas y nos ahorraríamos las depresiones y dudas que pueden acechar a las mujeres que han sido madres con óvulos donados por otras mujeres anónimas", reconoce.

Y es que Bacardit está afanada en explicar cómo el deseo de maternidad está en el corazón de la paradoja de la liberación femenina. "La posibilidad de llevar a seres vivos al mundo nos define y es la experiencia femenina por excelencia, pero también ha sido siempre nuestra mayor cruz y se ha instrumentalizado, tanto desde la tradición de los clanes como desde la burocracia de los estados modernos. Ahora nos lo venden como una decisión individual, pero no lo es. La única decisión es renunciar a la maternidad, porque ser madre, aunque sea una gran experiencia vital potencialmente muy satisfactoria, viene tácitamente impuesto".

Por eso dicha reconocida experta está en plena redacción de El precio de ser madre, un libro que escribe desde la entereza feminista y también desde la rabia. "Me interesé por el tema cuando tenía veinte años y ahora estoy más cerca de los treinta. Me despertó una sensación de injusticia. Vender óvulos a cambio de mil euros cuando tienes la edad fisiológica ideal para ser madre y pagar cuatro cifras por inseminarte con óvulos ajenos en la premenopausia me parece injusto".

¿Está más disculpada la compra-venta de óvulos que los vientres de alquiler?

Está más disculpada y es lógico que lo esté: el nivel de estrés y de intervención en el cuerpo de la mujer no es el mismo, porque no es igual alquilar tu cuerpo por un mes que alquilarlo durante nueve meses, con todas las molestias de la gestación. Lo que tienen en común ovodonación y gestación subrogada es el intervencionismo y control de la mujer joven y fértil, objetivizada para la reproducción. En la ovodonación está el añadido del sufrimiento psicológico de la madre receptora de óvulos. Es cierto que pagan por ello y que es lo que ellas quieren, pero ¿cuántas mujeres se permiten el lujo de negarse a ser madres? Algunas, sin duda, pero pocas: aún sentimos una gran presión familiar y social, sumada al factor biológico evidente.

Portada del libro 'El precio de ser madre'.

Las receptoras no siempre son señoras ricas, hay muchas mujeres y parejas que se hipotecan para pagar ciclos de FIV que las dejan agotadas física y anímicamente. Cuando el bebé llega, muchas sienten la herida de la esterilidad y de tener unos hijos que en el fondo no son suyos, solo se le parecen.

Otras de las razones por las cuales la ovodonación está más disculpada que la subrogación uterina es por la desinformación que hay sobre el tema. La gente sabe poco sobre reproducción y sabe aún menos sobre genética, y entienden lo que es una mujer embarazada pero no entienden los riesgos físicos de la donación de óvulos ni piensan demasiado en el hecho de que sus óvulos serán personas que desconocerán sus propios orígenes genéticos.

También está la cuestión legal, porque legalizar una práctica es normalizarla: la gestación subrogada es ilegal en España, pero la ovodonación es un negocio al alza. En último término, la ovodonación está mucho más aceptada que los vientres de alquiler porque hay demanda de óvulos, hay mujeres que quieren pasar por el proceso de gestación y ser madres pero que son demasiado mayores para que eso les resulte posible con sus propios óvulos.

¿Por qué pasa la ovodonación de puntillas en la agenda feminista?

La gestación subrogada nos llama mucho más la atención, porque además la protagonizan mujeres del Este de Europa o de Asia, y esto evidencia un imperialismo y poscolonialismo mucho más tangible que cualquier teoría: son mujeres con tan pocos recursos que solo pueden vender sus funciones corporales a personas en su mayoría occidentales y siempre con muchos más privilegios sociales y económicos. La ovodonación pasa de puntillas porque no parece tan dramática, y yo insisto en que no es tan dramática, pero no olvidemos que sigue siendo una intervención al cuerpo de la mujer en la que tanto donantes y receptoras sufren y en la que las clínicas ganan.

¿La crisis va a hacer que muchas mujeres recurran a donar por desesperación?

Las crisis hacen que aumenten las donaciones y también hacen que crezca la demanda. Las mujeres acuden a las clínicas no porque seamos todas infértiles sino porque hasta los cuarenta años no han podido ganar suficiente dinero ni han podido conseguir suficiente estabilidad como para ser madres.

"Tenemos derecho a exigir hacer ambas cosas en condiciones"

Muchas receptoras se han centrado en su carrera y han postergado la maternidad, no por mero capricho sino por una legítima ambición profesional. Hay que poder ser madre y profesional sin pasar por la clínica y sin comprar los óvulos de las jóvenes que aún se están costeando la universidad: tenemos derecho a exigir hacer ambas cosas en condiciones.

Hay dos partes en la gallina de los huevos de oro de la industria de las clínicas: las mujeres infértiles y las donantes ¿Es todo un negocio redondo?

Es un negocio redondo porque además la ovodonación es exitosa: los porcentajes de embarazo superan al 50% incluso en mujeres de más de cuarenta años. Si esas receptoras trataran de ser madres con sus óvulos propios las posibilidades serían muy inferiores, casi ínfimas, con el riesgo añadido de gestar embriones con defectos cromosómicos graves.

El lenguaje publicitario es perverso llamando “donación” a lo que en realidad es una compra

Si vivimos en una sociedad en la que se venden y compran órganos tal vez deberíamos llamarlo por su nombre. La publicidad no solo es engañosa, sino que utiliza los argumentos viejos de la mística de la maternidad desde la perspectiva de la libertad. Ofrecer más garantías a las donantes, construir un registro de datos abiertos reales y cargar la reproducción con impuestos, porque donación también implica exención de impuestos. No estoy a favor de la compraventa, pero estoy menos a favor de que dicha compraventa se encubra y sea además territorio exclusivo del sector privado: las mujeres pobres estériles también tendrían que poder acceder a la maternidad.

También es perverso que la ovodonación se equipare con la donación de esperma

Se puede equiparar en la cuestión legal, por ejemplo, porque tanto una donación como la otra son anónimas en España. Sin embargo, a nivel médico es perverso equipararlo: un hombre para donar esperma solo debe masturbarse, quizás tras unos días sin sexo, pero sin intervención alguna. Aunque en ambas donaciones no se puede abusar del alcohol ni del tabaco y evitar las relaciones sexuales, la donación de óvulos no se parece en nada a una simple masturbación.

"La donación de óvulos no se parece en nada a una simple masturbación"

Para donar óvulos hay que iniciar un ciclo de crecimiento de los folículos que generan los óvulos, y la donante siente en su cuerpo los síntomas premenstruales multiplicados por diez. La hormonación implica irritabilidad, estados depresivos y el riesgo de quedar embarazada de muchos embriones a la vez. Las donantes tienen que acudir a la clínica varios días a la semana, y el día de la punción y extracción, que se lleva a cabo con anestesia, corren el riesgo de perder la vida por hemorragias o punciones en las vísceras. Por eso se paga más por donar óvulos que por donar esperma, porque el riesgo físico es mucho mayor y porque el tratamiento supone un mes de pincharte hormonas y de ir y venir de la clínica.

¿Cuál es el perfil de las donantes? ¿Solo universitarias o chicas con pocos recursos?

La mayoría de las donantes son estudiantes y mujeres en el paro. Las universitarias también son chicas con pocos recursos económicas, mientras estudian, y algunas lo hacen para ganarse una independencia respecto a su familia. Hasta hace pocos años, un porcentaje elevado de las donantes eran nacidas en el extranjero, es decir mujeres de familias que han emigrado, con la connotación de precariedad que en suele ir asociada a la migración.

¿A ellas se les informa que a lo que se enfrentan por 600 o 1000 euros es un riesgo para su salud?

Los riesgos se informan, pero se subraya el hecho de que sólo ocurren en menos del 1% de los casos. Es cierto que son poco frecuentes, aunque hay grados. Pocas mujeres han muerto por donar óvulos (unas cuantas, según los informes del SEF, pero no más de tres al año), pero está poco claro hasta qué punto donar varias veces no puede tener consecuencias a largo término: menopausia precoz, dificultades para quedarse embarazada de manera natural, hiperestimulación ovárica y un consiguiente mayor riesgo de cáncer, etcétera.

¿Alguna se pregunta si como mujer se aprovecha de otra mujer para hacer realidad sus deseos?

Así es. En la escritura de mi libro empecé centrándome en las donantes, pero a medida que lo voy elaborando estoy mostrando también a las receptoras. Las madres también sufren, sienten inseguridades y pasan por fases depresivas. Hay feministas que quieren ser madres y que acuden a la psicóloga en parte preocupadas por esto, porque sienten la contradicción de usar a otra mujer. Donantes y receptoras son víctimas, porque las receptoras también tienen que pasar por la hormonación, por los fracasos habituales y continuados, por el alto riesgo de aborto.

¿La donante para la madre es una especie de fantasma?

Sí, aunque no todas las madres piensan igual. Algunas son partidarias de levantar el anonimato, porque son conscientes de que sus hijos se quedarán sin conocer sus orígenes. También a nivel psicológico.

¿El aumento de la edad de las mujeres que buscan quedarse embarazadas incrementa el mercado de la ovodonación?

Es el mayor motivo por el que existe la ovodonación, y es también la causa principal de esterilidad. A partir de los 35 años las probabilidades de quedar embarazada disminuyen, y para entonces seguimos siendo becarias y compartiendo piso.

España es uno de los estados con mayor número de clínicas privadas. ¿Somos país tanto de turismo reproductivo como de explotación sexual?

Desconozco los datos respecto a la explotación sexual, que seguramente son aún más difíciles de obtener que los datos reproductivos. Lo que sí está claro es que somos un destino de turismo reproductivo. En favor de la legalidad reproductiva española puedo decir que incluye a las lesbianas y a las solteras, y esto me parece en cierto modo liberador; pocos países son tan permisivos al respecto, pero evidentemente esta permisividad viene de la mano de las opciones de hacer un negocio rentable sin tener que dar muchas explicaciones.

"Sin donantes no hay óvulos y sin óvulos muchas mujeres no podrían ser madres por mucho dinero que invirtieran en tratamientos de fertilidad"

El motivo por el que España es un buen país al que acudir a inseminarse es la legalidad: en la mayoría de países la donación está prohibida o no es anónima, lo que conlleva el riesgo de que dieciocho años después de haber donado un joven o una joven te busque y quiera conocerte, que es algo que las donantes en general no quieren; sin donantes no hay óvulos y sin óvulos muchas mujeres no podrían ser madres por mucho dinero que invirtieran en tratamientos de fertilidad.