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'Parásitos' Risotadas de pura furia

Bong Joon-ho profana todas las convenciones y apela al humor con una comedia negra salvajemente libre en ‘Parásitos’, una denuncia al capitalismo y su poder segregador. La película, ganadora de la Palma de Oro en Cannes, es pura furia social.

La familia Kim.

Te ríes a carcajada limpia y a la salida suena tu alarma interior, ¿cómo he podido reírme de todo esto? Te asalta un deseo loco por meterte en la pantalla a pegar puñetazos con los actores. El corazón se te encoge de angustia. Te mueves en la butaca sofocado por la tensión. Te duelen los ojos de tanto como los has abierto de pura sorpresa. Termina la película, estás agotado, pero quieres volver a verla. Sin piedad. Bong Joon-ho se ha marcado una de las mejores películas de los últimos años, Parásitos, y se parece muy poco a cualquier otra que se haya visto recientemente.

Palma de Oro en Cannes, la primera para un cineasta coreano, la séptima película de este superdotado del cine –nunca se ha tropezado– es pura furia social, una despiadada comedia negra cargada con una poderosa conciencia de clase. Es cine político y es un genial entretenimiento. Emoción y empatía, disgusto y dolor. Bong joon-ho, el fumigador de lo políticamente correcto, de las convenciones, se carga en poco más de dos horas la atosigante plaga de chinches que nos invade desde el cine mainstream.

“Como una representación de la gente común que cae en una conmoción inevitable, esta película es una comedia sin payasos, una tragedia sin villanos, que nos conduce a un violento embrollo que nos arroja de cabeza por las escaleras”, ha escrito el cineasta en unas notas de intención de la película, en las que invita a todos a ver esta “tragicomedia, implacablemente feroz”.

"Por favor, evita los spoilers"

Ambientada en este “triste mundo” de extrema pobreza al lado de la inmensa riqueza, Parásitos cuenta la historia de una familia que lucha por sobrevivir en su convivencia con otra familia de nuevos ricos. Ki-taek (interpretado por el actor Song Kang-ho, inmenso en este trabajo) es el patriarca de una familia muy pobre que vive en un semisótano sórdido de Seúl. No tienen expectativas de mejorar, roban el wifi de los vecinos, hacen cualquier trabajo con el que se encuentren, machacan chinches con las manos…

Los cuatro miembros de la familia Kim se llenan de entusiasmo y de esperanza cuando el hijo logra que le recomienden para dar clases de inglés en casa de los Park. Poco a poco, el chico se gana la confianza de la señora de la casa y va introduciendo al resto de su familia en diferentes trabajos del servicio doméstico.

Y hasta aquí se puede contar, aunque sea solo el principio. La caja de sorpresas que es esta película, bendecida con el infinito ingenio de Bong Joon-ho, es enorme. El propio cineasta ha hecho una petición a los periodistas y críticos –“por favor, evita los spoilers”–. Explicando que ésta no es una historia que dependa solo de un gran giro final, el cineasta ruega “con sincera seriedad, que cuando escribáis una reseña para esta película, por favor evitéis revelar cómo se desarrolla la historia después de que el hermano y la hermana comiencen a trabajar como tutores privados, un evento que sí aparece en los tráilers de la película. Vuestra consideración será un regalo maravilloso para el público y el equipo que hizo posible esta película”.

Fiesta de la familia Park.

El poder excluyente del capitalismo

La libertad con que Bong Joon-ho ha hecho Parásitos es uno de sus grandes estímulos. Inteligente, muy brillante, con un ritmo frenético e intensamente incómoda, su película es una radiografía de las diferencias de clase y, mucho más allá, una reflexión sobre la imposibilidad de la convivencia. Refinado y muy eficaz humor negro, con un inquietante suspense, una realización enérgica y sorprendente, un guion que es una constante conmoción, unos actores maravillosos, profunda emoción y el mencionado y envidiable ingenio de su autor, esta historia es un lamento social, una denuncia del capitalismo y de su poder excluyente y segregador.

“Lo considero una tragicomedia que representa el humor, el horror y la tristeza que surgen cuando quieren vivir una vida próspera juntos, pero luego se ven enfrentados a la realidad de lo difícil que puede ser dicho anhelo. Parásitos aborda la situación de la sociedad actual, y la imposibilidad de que personas de diferentes clases vivan juntas en una relación simbiótica”, ha escrito Bong Joon-ho, que con este trabajo consigue su gran objetivo como cineasta, destruir todas las expectativas del público.

"¿Quién puede señalar con el dedo?"

Por el momento, además de alzarse con la codiciada Palma de Oro en Cannes, lo que hizo con la total unanimidad de todos –prensa y crítica especializada incluidas–, arrasó en su proyección en el Festival de San Sebastián, donde se presentó en la sección Perlas y contagió de carcajadas y entusiasmo. Y en su carrera de demolición de cualquier perspectiva probable, esta película de autor –es verdad que Bong Joon-ho tiene siempre muy en mente al espectador– ha recaudado 71 millones de dólares en su país, 12 millones en Francia, casi 3 millones en Vietnam… y sigue.

Son las cifras que demuestran que esta ‘relación parasitaria’ que el cineasta coreano ha sabido orquestar desde el entretenimiento está construida desde una profunda humanidad y vinculada íntimamente con la realidad. “En un mundo así, ¿quién puede señalar con el dedo a una familia atrapada en una pugna por la supervivencia y motejarlos de parásitos? No son parásitos per se. Son nuestros vecinos, amigos y compañeros, pero que se han visto empujados al borde de un precipicio”.

Una escena de 'Parásitos'.