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"Nos pasamos la vida leyendo y casi nunca llegamos a comprender nada"

Martín Casariego presenta su novela Un amigo así, cuyo principal escenario es el Mont Blanc y que resuena con los toques eternos de la amistad, la traición y la expiación.

DAVID TORRES

Las montañas forman un espacio salvaje donde el hombre apenas acaba de poner el pie. La mayor parte de la literatura de montaña consiste en testimonios de primera mano, estudios geológicos, biografías de alpinistas, es decir, la cartografía de un territorio todavía no conquistado del todo. La literatura de ficción ensaya sus primeros balbuceos frente a los grandes escenarios de los Alpes, los Andes o los Himalayas; aún está esperando a los novelistas que se echen esa carga sobre los hombros, del mismo modo que Stevenson, Melville o Conrad no pudieron dar carta blanca a sus grandes libros oceánicos hasta que las rutas del mar estuvieron abiertas.

En España la literatura de montaña no es demasiado copiosa pero cuenta ya con algunos precedentes. Está el libro de Miriam García Pascual, Bájame una estrella (ed. Desnivel), una obra que ha marcado a varios generaciones de alpinistas y que Rafael Conde definió como "El principito de los libros de montaña". La editorial Desnivel apostó por la ficción pura al conceder el I Premio de Literatura de Montaña a mi primera novela Nanga Parbat, ambientada en el gran ochomil paquistaní. También en Desnivel apareció La Punta Ugine, de Santiago Cobo Quevedo, una obra claustrofóbica a medio camino entre la esquizofrenia de Thomas Bernhard y el ansia de pureza de Walter Bonatti.

Años después, Javier García Sánchez volvió la mirada al K2, la segunda montaña más alta de la tierra, en su novela del mismo título, y ahora ha sido Martín Casariego quien ha ambientado una historia de traición y amistad en Un amigo así (ed. Planeta), una novela trágica cuyo principal escenario es el Mont Blanc y que resuena con los toques eternos de la amistad, la traición y la expiación. La narración recoge, entre muchas otras cosas, la celebrada y polémica primera escalada de Balmat y Paccard, una historia que es, en sí misma, un compendio de todo lo bueno y lo malo del espíritu montañero, que es tanto como decir del espíritu humano.

¿Por qué elegiste la montaña como escenario de esta historia? ¿Qué te atrajo de la montaña y concretamente del Mont Blanc?

Para ser sincero, te diré que fue una casualidad… Yo quería escribir una historia sobre la amistad y hacer una especie de homenaje a la prensa en papel, que según algunos tiene los días contados. Y quería que un amigo leyera al otro, incapacitado, un periódico. Me imaginé que podía suceder en una montaña, aislados, en una tienda, sin poder salir… Y a partir de eso empecé a documentarme y a leer sobre alpinismo. Y entonces entré en un mundo muy interesante, que yo desconocía, y que le venía como un guante a la historia de amistad que quería contar, por el simbolismo que entraña: dos escaladores unidos por una cuerda, poniendo uno su vida en manos del otro, la subida a una montaña, como metáfora del camino de la vida, al final del cual espera la muerte... Tras pensar en el Eiger y en otras montañas, me decidí por el Mont Blanc porque es allí donde nace el alpinismo. En Europa, porque el alpinismo es otro invento de la Ilustración. Y eso fue lo que empezó a apasionarme: descubrir que la conquista de las montañas tiene una parte épica, física, pero otra cultural, mental, y que ambas vertientes constituyen por sí solas una emocionante aventura, pero que unidas lo son aún mucho más.

¿Crees que la montaña necesita que más escritores se lancen sobre ella a contar historias, igual que en el siglo XIX se hacían a la mar?

A veces uno piensa que la montaña lo único que necesita es que la dejen en paz... El mar ofrece muchas más posibilidades a los escritores, por extensión, por tradición, por lo que se puede sacar de él, por todo… Pero aun así, a mí me sorprende que haya tan pocas novelas sobre montañismo… La tuya, Nanga Parbat, la de Salter, En solitario, por citar dos de las que me han gustado más, y alguna otra, claro, pero la escasez es llamativa, teniendo en cuenta lo que representa la montaña, mentalmente, y el escenario físico que ofrece, hermoso y extremo. El Premio Desnivel consigue rellenar un poco ese vacío.

En la novela incluyes la historia de la primera ascensión al Mont Blanc como un espejo de la propia historia de los protagonistas: el heroísmo, la amistad, la traición.

Ese fue otro de mis “descubrimientos”: leí primero la versión de Balmat, que difundió Alexandre Dumas, y yo, como todo el mundo durante cien años, la di por buena. Pero seguí leyendo, y vi que la verdadera historia era mucho más complicada, llena de sombras y recovecos, de grandeza y mezquindad. Era, en suma, aún más interesante de lo que podía parecer a primera vista. Y pensé que era más interesante ir quitando el velo de esa primera ascensión poco a poco, en paralelo al que hay en la amistad de Lucas y José.

También hablas del destino de Mallory, cuyo cadáver fue descubierto en 1999 en la cara norte del Everest.

Mallory es el gran mito del alpinismo. Es el caballero (algún amigo, enamorado de él, le comparaba con Galahad) poseído por el demonio, por la montaña. Jura a su mujer que no volverá al Everest ni por todo el oro del mundo, pero vuelve, y encuentra la muerte. Su historia es apasionante. Y encima, para los que queremos consolarnos, permanece la duda de si coronó el Everest y murió en el descenso. Lo de 1999 fue impactante: su cuerpo abrazado a la montaña, conservado por el frío… Yo me emocioné al verlo, y esa emoción es la que sienten los protagonistas de mi novela cuando leen la noticia en un periódico. Y me imaginé a uno de ellos preso de una posesión infernal, como Mallory. Porque una de las cosas que me ha gustado de escribir “Un amigo así” era ver cómo mis personajes crecían y se hacían más profundos incorporando elementos de la historia del alpinismo y de algunos mitos, como el de Prometeo. Porque Prometeo, al fin y al cabo, fue encadenado a una montaña. Y a José, con su mano mutilada por el Aconcagua, su hijo le ve como a un príncipe vikingo con la mano cortada por un hachazo, que equivale a verle como a Galahad.

Adviertes casi desde la primera página de la novela que uno de los protagonistas va a morir durante la escalada. Es decir, has preferido el suspense a la sorpresa. ¿Qué ventajas te da ese juego como novelista?

En una primera versión, no lo desvelaba. Después, decidí hacerlo así porque revestía desde el principio a José de un aura épica. Quedaba claro desde la segunda página que iba a ser su última ascensión, que la cerveza que tomaba con Lucas iba a ser la última, que ya no volvería a ver a ese hijo al que adora ni a la mujer que ha empezado a odiar la montaña precisamente porque puede arrebatárselo … Todo iba a ser lo último. Creo que le hace a José más grande ante el lector desde el primer momento. Y siempre queda para quien lee, además, la intriga: ¿cómo muere, por qué, dónde?

"La historia debe enseñarnos, en primer lugar, a leer un periódico". ¿No crees que esta cita del historiador Pierre Vilar con la que abres la novela es hoy más necesaria que nunca?

Una de las apuestas de “Un amigo así” era poner noticias reales de un periódico de una fecha determinada (concretamente, el Frankfurter Allgemeine del 22-12-10), y que eso no hiciera que para un lector de 2013 (o de 2018, lo mismo da) esas noticias carecieran de interés. Y creo que es una apuesta ganada, porque el tiempo, las noticias, la historia, lo que sucede, es algo continuo, por mucho que nos empeñemos en cortarlos para intentar abarcarlos. Y por eso, porque las noticias de última hora tienen a menudo su raíz en algo que ocurrió hace siglos, leer un periódico es tan apasionante. La cita de Vilar es muy apropiada. Para comprender lo que sucede hoy hay que saber lo que ocurrió ayer, y las noticias del FAZ de diciembre de 2010 son curiosamente “actuales”.

Durante la ascensión, José y Lucas también deben aprender a leer un periódico. Es decir, a descubrir que en un solo día puede estar condensada toda la historia del mundo. ¿No es ésta una de las lecciones del "Ulises" de Joyce?

Sí. Y lo maravilloso de un periódico, lo emocionante, es esa pretensión condenada de antemano al fracaso: contar cada día un día de la historia del mundo. Y reconociendo las ventajas de internet (y aprovechándome de ellas), también hay que ver las del papel: fija la noticia, da tiempo a pensar… aunque sólo sea durante veinticuatro horas. En cuanto a mi novela, el tiempo que se relata es un poco más dilatado, pues quería empezar con los dos amigos encontrándose en el aeropuerto de Ginebra, con su pequeño equipaje, una mochila con los crampones y el piolet.

Leer un periódico, leer una montaña, leer el rostro de un amigo. ¿Puede decirse que tu novela es, en esencia, una crítica de la lectura?

Cuando era niño, me fascinaban esos libros en los que los indios seguían los rastros, leían las pisadas de los caballos… Se dice en la novela: “No sólo se lee en los libros, en las pantallas, en los letreros. También se puede leer en las huellas sobre la nieve, en las briznas de hierba aplastadas por los cascos de los caballos, en el cielo, en el viento, en las olas, en los semblantes de las personas, en sus ojos. Leer, descifrar. Nos pasamos la vida leyendo, y casi nunca llegamos a comprender nada”. Y creo que ese podría ser un resumen de nuestra vida. Las novelas pretenden ayudarnos a comprender el mundo o, al menos, una historia. La ficción, más que representar la realidad, pretende suplantarla, hacerla más humana, por así decirlo, más comprensible.

¿Estás de acuerdo con Dante en que los traidores se merecen el último círculo del Infierno?

En cierto modo sí, porque el traidor hace daño al que no lo espera, al que confía en él, al que le quiere, al que le abre la puerta de su casa… Las puñaladas más dolorosas son las de aquellos a los que queremos, porque están apuñalando nuestra alma. El enemigo que te hace daño sólo está haciendo lo que se espera de él, está cumpliendo su papel, no engaña, y en ese sentido es más noble. Y dicho esto, todos tenemos algo de traidores, así que nos conviene ser algo indulgentes. No estaría mal, ser tan indulgentes con los demás como lo somos a menudo con nosotros mismos, ¿verdad? Y esta es la lección que tiene que aprender el narrador de “Un amigo así”, mientras se sienta en una soleada terraza de Chamonix y deja correr las horas, esperando… Así arranca la novela, y si alguien tiene curiosidad, puede leer el primer capítulo en la página www.unamigoasi.com. También encontrará una descripción de José y Lucas que suprimí, fotografías, algún texto mío sobre el origen de este libro… Los nuevos tiempos tienen también ventajas, sin duda.