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Daredevil De patriotas ultraderechistas a migrantes rusos: la inofensiva adaptación de 'Daredevil'

La tercera temporada de 'Daredevil' adapta uno de los cómics más importantes de este superhéroe. Las modificaciones llevan a un cambio radical en el mensaje que la creación de Frank Miller quería lanzar.

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Vincent D'Onofrio es Wilson Fisk —conocido como Kingpin— en la serie de televisión.

Todos los cómics que han elevado a la gloria a Frank Miller mostraban de algún u otro modo desconfianza ante la justicia y debate sobre la moralidad. En Born Again, publicado en el año 1986, Miller acababa construyendo un alegato antimilitarista en el que relacionaba la corrupción de la cúpula gubernamental del ejército, a los jueces y a la policía con la mafia de Hell’s Kitchen, personificada en Kingpin, el villano de la historia.

La serie de televisión —que estrenó su tercera temporada en octubre— siempre ha respirado la estética fría y personal que Mazzucchelli dibujó, pero ahora proponía adaptar la trama de Born Again de cabo a rabo. Una cantidad notable de variaciones —justificadas algunas— llevan a un guion más blanco, más suave y más inofensivo que el que Frank Miller creó hace tres décadas. 

De militar patriota a militar huérfano

El gran enemigo al que se enfrenta el Daredevil de Born Again es Kingpin —en la serie cambia el nombre a Wilson Fisk—, siempre confabulando a la sombra, pero que distribuye la tarea de matar a Murdock entre varios aliados. Uno es un sociópata al que saca de un psiquiátrico para vestirle de Daredevil y así generar el caos y el desprestigio del superhéroe. El otro es un militar que ha participado en Vietnam y que aparece en la historia recién llegado de participar en movimientos paramilitares en América Latina.

En la tercera temporada de Netflix, el militar anticomunista y el psicópata son mezclados bajo el rostro de un chico huérfano, al que ninguna casa de acogida quiso nunca y con claros rasgos de ser hijo de inmigrantes de Europa del Este. ¿Rusos, tal vez?

Poindexter, el militar antagonista de la tercera temporada.-NETFLIX

La historia original, que contaba cómo el ejército arrollaba familias obreras impunemente, queda condenada a las hojas de un cómic mientras la televisión vuelve a hacer de las suyas y transforman a un sociópata fascista en un niño abandonado y mal influenciado.

Hay algunos hombres buenos

Con el catolicismo de colchón, ambos formatos usan la religión como parte de la identidad de Daredevil. El cómic, en una versión maniquea de los acontecimientos, se limita a trasladar el bien y el mal fuera de la Iglesia. Daredevil, pese a su vestimenta de diablo, actúa como salvador y renacido tras una desaparición en la que se le daba por muerto. Kingpin, siempre vestido de blanco, camina como un Dios por una ciudad que es suya pero con acciones propias del demonio. Los roles y las vestimentas juegan entre sí para deformar el concepto de bueno y malo.

Kingpin y el militar, en el cómic 'Born Again'.

Tal vez el giro que afecta más al espíritu de la historia original es la manera en la que el antagonista financia su lucha para destruir a Matt Murdock y su alter ego, Daredevil. Fisk pasa de ser el que compra a jueces, policías y periódicos, al que les engaña. Pensado de manera conceptual, es un giro importante de los acontecimientos. No es lo mismo enseñar a las autoridades plegadas ante el líder del sindicato de criminales que como estafados ante su aguda jugada maestra. Los comisarios han sido coaccionados, la prensa ha sido engañada y el FBI ha sido cazado con la guardia baja. No hay corruptos, solo víctimas de un mal superior.

Adaptar una obra tres décadas después tiene más riesgos que comodidades, y este Born Again es la prueba de ello. Uno de los grandes mitos del cómic, Allan Moore, mantiene que no tiene sentido adaptar novelas gráficas simplemente para hacer dinero, ya que algo solo se puede ser obra de arte en un formato.