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Pequeñas editoriales en la cuerda floja en un momento clave para el sector: "Sin las librerías no saldremos de esta"

Con la Feria del Libro aplazada y un deslucido Sant Jordi a las puertas, el sector del libro contempla con estupor un parón que compromete sus cuentas. La apertura de las librerías es crucial para la subsistencia de estos pequeños sellos.

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Un hombre revisa las novedades de una librería.- EFE

La situación en el sector editorial después de más de un mes de confinamiento es de devastadora. Librerías cerradas sin previsión de apertura, distribuidoras paralizadas, miles de autónomos sin trabajo y cientos de editoriales con sus novedades en tierra de nadie, sin visos de ser publicadas pero con una inversión ya realizada. Un escenario desolador al que habría que añadir el aplazamiento de la Feria del Libro de Madrid hasta octubre y el sálvese quién pueda que parece reinar en el inminente Sant Jordi de este jueves 23, donde librerías, editores y responsables sectoriales no parecen ponerse de acuerdo.

Son semanas cruciales para el libro en nuestro país y el horizonte es de todo menos halagueño. Una parálisis sin precedentes en el sector que sintetiza Blanca Cambronero, editora Capitán Swing: "Toda la cadena del libro depende de los puntos de venta. Si te impiden vender tu producto fundamental estás bloqueado, todo el sistema se te viene abajo, por eso lo que afronta el sector editorial es un bloqueo total y no tiene mucho margen de maniobra".

En efecto, el margen de maniobra es más bien reducido, sobre todo si nos atenemos a los cálculos que baraja la Federación de Cámaras del Libro (FEDECALI) que estima un impacto superior a los 1.000 millones de euros en pérdidas en el sector. Lo que desglosado serían unos 800 millones de euros provenientes del mercado interior y 200 del exterior. La clave, según apuntan desde el sector, pasa por alcanzar cierta liquidez, y en ese caso la apertura de las librerías se antoja la más urgente de las medidas a tomar.

Manejar la incertidumbre

La excepcionalidad de la situación dificulta, y mucho, la previsión. Los balances de cuentas quedaron suspendidos en el tiempo y la posibilidad de proyectar nuevos lanzamientos se antoja un ejercicio azaroso. En palabras de Cambronero, "si la actividad que te permite seguir planificando está parada, lo único que puedes hacer es pensar lo que vas a hacer cuando la actividad vuelva, el problema aquí es que tampoco sabemos cómo será esa desescalada, de modo que sólo podemos manejar la incertidumbre de la mejor manera posible y esperar que esto no dure lo suficiente como para que muchos nos quedemos en el camino".

Laura Sandoval, editora en Hoja de Lata, habla precisamente de esa transitoriedad que afecta a todos y de la importancia que tienen las librerías a la hora de abordar la recuperación: "De momento seguimos cobrando lo que facturamos en Navidad, el problema vendrá con la siguiente liquidación, habrá que ver entonces qué medidas se han tomado, hasta qué punto la sociedad se ha recuperado y cuál es la situación de las librerías; sin ellas no saldremos de esta". 

Sin Feria del Libro y sin Sant Jordi, Hoja de Lata podría perder el 10% del total de su facturación anual, una cifra a tener en cuenta pese a que, tal y como reconoce Sandoval, la situación más acuciante la tienen ahora las pequeñas librerías: "Nosotros no tenemos el problema que pueden tener las librerías con los alquileres, nuestros alquileres, por decirlo de algún modo, son las imprentas, al no haber asumido nuevas tiradas en principio no debemos, pero claro, sin facturar tampoco puedes vivir". 

Una economía de guerra de un sector que, acostumbrado a vivir en el alambre, asume la excepcionalidad del momento con la dosis justa de dramatismo: "Hemos pasado de vender muy poco a no vender nada", resume Inma Pérez, de la editorial Dioptrías, especializada en no-ficción literaria. "Obviamente esta situación nos afecta, pero lo que más daño nos hace es cómo está montado el sistema del libro, se priman las novedades en detrimento de los libros de fondo y eso nos hace polvo a las pequeñas editoriales".

"No podemos ir cada uno por su lado"

La interdependencia en el sector convierte a sus agentes en piezas de un dominó perverso. La caída de una de las fichas, en este caso el punto de venta, desencadena una escalada de impagos difícil de gestionar sin algún tipo de ayuda. "En general, una editorial pequeña esta situación la puede aguantar unos meses, no creo que pueda llegar al año… No todas las editoriales tenemos el mismo colchón, el parón abre la veda a una situación de insolvencia; la librería no puede vender tus libros, la distribuidora te devuelve los recibos y estos se van acumulando", apunta Cambronero.

Una dependencia mutua que les hace especialmente sensibles con el resto de actores que intervienen en este precario sector. "No podemos ir cada uno por nuestro lado –apunta Sandoval–, nuestras reivindicaciones han de tener un sentido global, debemos fomentar la recuperación global del sector, esa debe ser las base de nuestras reivindicaciones, si dejamos de lado a las librerías estamos perdidos, o vamos en bloque o no tenemos fuerza para pedir nada".

Para ello, para salvar la primera ficha de ese endiablado dominó, Sandoval vería con buenos ojos la posibilidad de que el Estado comprara a las librerías fondos para las bibliotecas públicas: "Se hizo en su día y funcionó, quizá sea el momento de repetir". Una medida que comparte la editora Inma Pérez, que no duda en reivindicar la importancia de fomentar las bibliotecas públicas en momentos de crisis como el que atravesamos: "La adquisición de libros en pequeñas librerías para destinarlos a bibliotecas públicas es una buena medida porque permite que circule el dinero, que haya mayor liquidez, y que los que no tienen dinero para comprar libros puedan leer".