Público
Público

Tú me Camela Los placeres culpables de Taburete y de otros cantantes y grupos españoles

Willy Bárcenas, Novedades Carminha, Dorian, Tulsa, El Coleta, Fee Reega, Triángulo de Amor Bizarro, Arancha Moreno, Guadalupe Plata, Kora y Gemma del Valle disfrutan de todo tipo de canciones sin prejuicios, aunque algunos confiesan sus 'guilty pleasures', de Camela a Julio Iglesias. Si un tema es denostado, ¿quién tiene la culpa: nuestros oídos o el clasismo?

El Coleta, Isa Cea de Triángulo de Amor Bizarro, Marc Gili de Dorian, Fee Reega, Willy Bárcenas de Taburete, Carlangas de Novedades Carminha, Arancha Moreno de Efe Eme, Kora, Miren Iza de Tulsa y Pedro de Dios de Guadalupe Plata.
El Coleta, Isa Cea, Marc Gili, Fee Reega, Willy Bárcenas, Carlangas, Arancha Moreno, Kora, Miren Iza y Pedro.


Un placer culpable podría ser escuchar a Taburete o a Camela mientras se escriben o se leen estas líneas. O no... ¿Quién lo dicta así? ¿Por qué obedecer a un canon establecido? ¿Acaso no puede ser un deleite de lo más inocente? ¿Existen artistas o grupos contraindicados? Habrá quien considere a Pucho Boedo como algo propio de abuelos —o de cínicos hipsters— y quien lo vea como el gran crooner atlántico, nuestro Frank Sinatra gallego, con permiso de Julio Iglesias, cuyo directo en la sala Olympia de París es una obra maestra. O no...

Una explicación de la Fundeu sobre el placer culpable: "Según el diccionario de Oxford, guilty pleasure es algo, como una pieza musical, que se disfruta a pesar de considerar que, en general, no se le tiene en alta estima. En español, ha sido frecuente el uso figurado de pecado para las cosas que se apartan de lo que se considera justo o correcto. [Ese placer implicaría sentimiento de culpa,] lo que puede llevar a esconder este gusto, lo que legitima expresiones figuradas como placer oculto o placer inconfesable".

Quién mejor que Guillermo Bárcenas, cantante de Taburete, para dejar claro que el guilty pleasure no tiene lugar en la música, como tampoco las frutas prohibidas. Recordemos, rizando el rizo, que Ángeles y Dioni grabaron la canción Nunca debí enamorarme con Antón Carreño y Willy Bárcenas. ¿Sentimiento de culpa? ¡Toma dos tazas! Artistas, mánagers y periodistas musicales razonan que no cometen ningún pecado por escuchar lo que les place. Si alguien piensa lo contrario, que preste atención a la letra de Camela: "Es este corazón que no quiere hacerme caso". Y, por encima, manda sobre el cerebro.

"Mi placer culpable es El Pollito Pío", confiesa el frontman de Taburete, en gira de presentación de su nuevo disco, La broma infinita. "Al ser una canción infantil está infravalorada, pero es un auténtico pelotazo que ameniza siempre nuestros camerinos", añade Willy Bárcenas. Podría parecer que lo dice de coña, aunque nada más lejos de la realidad. Al menos, en su día aseguró a Los 40 que también la escuchaba durante sus viajes por carretera. "En cualquier caso, no creo en los placeres culpables, solo son placeres", explica a Público. "Y el que se prive de escuchar algo que le guste por el qué dirán no tiene personalidad". A favor.

Willy Bárcenas, cantante de Taburete.

Isa Cea esgrime que jamás se ha sentido culpable auditivamente hablando. "Una canción tiene el poder de llevarte a un sitio o a un momento en un segundo. Y eso no depende de si tienes el beneplácito de tu entorno o de la sociedad, o más o menos likes", argumenta la cantante y bajista de Triángulo de Amor Bizarro. "A mí me gustan mucho los giros tecno que dieron muchas folclóricas a finales de los ochenta, alejándose de su sonido más clásico. Creo que todas pasaron por ello: la Pantoja, Rocío Jurado, Sara Montiel…".

No extraña su afición por esos virajes si atendemos a su último álbum, oɹɹɐzıqɹoɯɐǝpolnƃuɐıɹʇ, donde le da la vuelta a la tortilla y, de paso, al nombre de la banda. En su receta no falta la cebolla, pero menos ruidosa que de costumbre, aunque introducen ingredientes pop y electrónicos. Una banda sin complejos, como la propia Isa Cea: "La canción de Agustín Pantoja Amores normales me parece un temazo. Seguramente lo bailaba de niña con mis hermanos en aquel lejano tiempo en el que había grupos de música de todos los estilos en la televisión". El problema ahora no son los estilos, sino la escasez de bandas en los escenarios catódicos.

A falta de música en directo en televisión, El Coleta se lo guisa, El Coleta se lo come. Acaba de lanzar el videoclip Un Hombre y saca tiempo en la víspera de otro rodaje para citar un placer culpable, Quién maneja mi barca. "No es que la denosten, pero le pusieron un cero en Eurovisión". El tema, elegido para representar a España en el festival de 1983, supuso un duro revés para su intérprete, Remedios Amaya, una gran cantaora de flamenco injustamente tratada después del fiasco eurovisivo.

"Música infravalorada hay mucha, aunque tanto como denostada… Eso depende del sector", reflexiona Ramsés Gallego, un rapero quinqui que se enceló con los perros callejeros y la rumba deprisa, deprisa. "Los jóvenes desprecian unos estilos y los puretas, otros. Y, en ambos casos, no todo. Mi último disco, Neokinki, precisamente iba de eso. Metí rumba, punk y bakalao, que son géneros que han podido sufrir un poco el clasismo musical", concluye El Coleta, quien le dio una vuelta de tuerca al rap ibérico con su rollo obrero, cañí, retro y vaquillero, si bien no dudó en homenajear a Chimo Bayo en Vota PDR. El Partido de la Ruta.

Fee Reega. / CHRISTIAN GONZÁLEZ.

La cantautora Fee Reega no se lo piensa dos veces: "Mi guilty pleasure es La carretera, de Julio Iglesias". La referencia tiene mucho que ver con una suerte de morriña viajera: "Aunque sus canciones para mí entraban dentro del género de música hortera que escuchaba mi abuela, su voz cantando en español despertaba en mí algo que en Alemania llamamos fernweh, es decir, la añoranza de estar en otro lugar", añade la voz de Captains y autora del poemario Purpurina y percebes. "Esta canción en particular me apasiona, es de una elegancia tremenda, llena de nostalgia y —como además soy aficionada a los camiones y me encanta conducir— no me importa admitir que pertenece a la banda sonora de mi vida".

¿Prejuicio clasista?

"Como todo el mundo, tengo muchos placeres culpables", reconoce Marc Gili, cantante y letrista de Dorian. Por ejemplo, It's My Life, de Bon Jovi. "Creo que todos estamos hartos de escuchar esta canción en las emisoras de oldies. Sin embargo, cuando la ponen nunca la quito. El motivo es que, como músico y compositor, me gustan las canciones que están bien construidas, y esta canción lo está. También me interesa la producción, pues lograron que un tema perfectamente pinchable en radiofórmulas suene contundente —todo lo contundente que puede sonar una canción de soft metal, claro—. Esto no es fácil de conseguir", justifica el líder de la banda barcelonesa.

Un tema que, como tantos otros grandes éxitos menospreciados y denigrados, encierra según él una complejidad dentro de una aparente superficialidad. "Su letra está empapada de arriba abajo por una épica tan vacua como efectiva. ¿Quién no se identificaría con el estribillo y el título de esta canción?", se pregunta Marc Gili. "Resumiendo, It's My Life contiene todo lo que, en mi opinión, un placer culpable debe tener: épica pasada de vueltas, buena estructura y una producción tan accesible como efectiva".

Isa Cea, cantante y bajista de Triángulo de Amor Bizarro. 

Arancha Moreno, directora de la revista Efe Eme, subraya la calidad que puede subyacer tras muchos artistas despreciados y tantos temas vilipendiados, al tiempo que toma distancia del guilty pleasure. "El otro día escuchaba Mi gran noche, de Raphael, fuera del habitual contexto festivo, y caí fascinada. Qué canción, qué orquesta, qué arreglos", confiesa la periodista musical. "No entiendo esa tendencia a parodiar a nuestras grandes estrellas de la canción, a hablar con sorna de Raphael, Julio Iglesias, Camilo Sesto, Karina... Firmaron grandes discos y eso es lo que debería prevalecer. No creo en los placeres culpables: el concepto en sí es un cóctel de prejuicios, complejos e ignorancia".

Una visión compartida por buena parte de los músicos entrevistados. "Que les follen a las élites, también a las culturales. La imposición de lo que mola y lo que no es una farsa que tiene que ver más con el marketing que con la música, que debe ser libertad y una forma de comunicar emociones", espeta Carlos Pereiro, cantante y guitarrista de Novedades Carminha.

"Para mí Los Chichos son mucho mejores que el 95% de los grupos de la movida madrileña, pero los relegamos a la música de gasolinera cuando eran ellos los que llenaban estadios y llegaban a los corazones de mucha gente, pese a que no coparan las portadas". La rutilante estrella de la banda compostelana no se avergüenza de ningún grupo que le gusta y, para dejarlo claro, tira de retranca: "Aunque hice la primera comunión con nueve años, llevo desde entonces intentando disociar el placer de la culpa. Y lo he conseguido".

Además de pasar del canon y de los criterios establecidos por círculos cerrados o por una inmensa mayoría, Carlangas cree que el prejuicio obedece a una discriminación por razones diversas. "Tiene que ver con el clasismo y, a veces, con el racismo. Por ejemplo, Camela —que no son hijos de ningún diplomático— son de los mayores creadores de hits de nuestra historia y han vendido muchos discos. Tengo la sensación de que están por reivindicar y de que todavía hay quien no se los toma en serio. Te pueden molar más o menos, pero no hay que esperar a que una revista de tendencias les ponga la foto para hacerles caso. Y como ellos existen muchos otros casos".

Carlos Pereiro, de Novedades Carminha.

Tanto su respuesta como la de Fee Reega, reivindicando a Camela y a Julio Iglesias, llegan después de que estas líneas entrasen en el confesionario, aunque evidencian qué podría ser un placer culpable a ojos —y oídos— de tantos. Líneas escritas mientras suena de fondo Ni una sola palabra, el hitazo de Paulina Rubio que da el pistoletazo de salida a Anada, un disco que es muchísimo más que una canción. Valga la digresión para entender que las reflexiones de los entrevistados surten efecto, a modo de ejercicio psicoanalítico y catártico.

¿Por qué callar o decir en voz baja que hace quince años uno podía disfrutar con una o varias palabras de Paulina Rubio? ¿Por qué no reconocer que Camela te gusta cuando viajas en coche o, en el caso de Fee Reega, en camión? ¿Por qué no desempolvar la vieja caja de zapatos donde tu padre guardaba las casetes de Rocío Dúrcal, Mocedades, Carlos Gardel, Ana Kiro, Harry Belafonte y, claro, de Pucho Boedo y Julio Iglesias? ¿Por qué no confesar que ellos somos nosotros o al menos, como diría la cantante alemana afincada en Asturias, son la BSO de nuestras vidas?

Miren Iza también se retrotrae a su infancia para revelar su placer culpable. "Escuchar la banda sonora de Dirty Dancing. Sabemos que Otis Redding es un dios de la música y que Be My Baby probablemente sea la mejor canción pop de todos los tiempos, pero lo espinoso es escuchar estas joyas como parte de la banda sonora de Dirty Dancing, rememorando y regodeándose a la vez en las escenas más emblemáticas y cursis entre Baby y Johnny Castle. Un viaje vergonzoso y maravilloso a la pubertad", confiesa la líder de Tulsa, quien a finales de los noventa fue la voz y el bajo de las punk-roqueras Electrobikinis.

Gemma del Valle, cofundadora de Subterfuge, emprende un viaje en el tiempo para justificar su falta de prejuicios. "Mi niñez se ha desarrollado en los ochenta y mi adolescencia y juventud, en los noventa, que son los momentos en los que han florecido el mayor número de estilos musicales, más ricos y dispares. Es decir, he absorbido tantos; he tenido la gran suerte de vivir la normalidad de comprar y consumir música en vinilo, casete y cedé; he visto unos conciertos tan increíbles de estilos musicales tan diferentes, en lugares de diversos tamaños, clases y colores; y tengo tanta personalidad o tanto morro que me la pela que otra persona piense que no soy cool —pues eso me dice que, si piensa eso de mí, no lo es— que no me avergüenza nada de lo que me gusta, porque en el universo todo es relativo".

Histórica de la escena española, no cita ningún ejemplo, si bien argumenta la ausencia de referencias. "Me cuesta mucho definir una canción como placer culpable, porque la música para mí no es postureo. No la necesito para que me acepten ni para que me clasifiquen, sino que es una de las razones de mi existencia", explica Gemma del Valle. "No concibo avergonzarme de nada de lo que me gusta, sea del estilo que sea, venga de donde venga, ni aunque el autor haya sido acusado de un delito penal", añade la directora de comunicación de la discográfica Subterfuge, que representa a artistas como Anni B Sweet, Samantha Hudson, Colectivo da Silva o Soledad Vélez.

"Cuando era pequeño pensaba que Rocío Jurado era solo un personaje de la prensa rosa, hasta que un día me monté en un coche en el que había una cinta de ella cantando flamenco y me quedé loco. Me encantó. Muchas veces nos posicionamos más por convenciones sociales que por lo que realmente nos hace sentir", critica Carlos Pereiro, quien no siente vergüenza por sus gustos, pero tampoco hace gala de ellos. "Lo llevo con normalidad. Cuando ando contento, me apetece escuchar rumba; cuando quiero estar tranquilo, me pongo música para plantas; para dormir, las goyescas de Enrique Granados; y para bailar, música disco", enumera el cantante de Novedades Carminha.

El Coleta, protagonista de 'Quinqui Stars'. / RAMSÉS GALLEGO.

Kora, quien ha cosechado más de dos millones y medios de escuchas en Spotify con Paciencia, tampoco se siente culpable por nada, aunque cita a tres intérpretes. "Mis guilty pleasures, que realmente de guilty tienen más bien poco, serían las canciones clásicas de despecho y desamor de artistas latinoamericanas. Mientras me ducho o cocino escucho y canto a todo pulmón música de Chavela Vargas, Paquita la del Barrio o Toña la Negra. ¡Grandes mujeres!", comenta la cantante catalana, quien engrosa la escudería de la agencia de management Spanish Bombs y recientemente ha publicado el epé Renacer pt.1.

No puede decir lo mismo Pedro de Dios Barceló, cantante y guitarrista de Guadalupe Plata, atormentado por sus deleites sonoros. "Mi placer culpable, que más que placer es culpable, es que desde hace algún tiempo me siento poseído por la sintonía de La isla de las tentaciones. Me puede aparecer a cualquier hora del día o en cualquier momento: no tiene horario. No solo eso, sino que además siempre que aparece me dan ganas de cantarla. Esto hace que me sienta aún más culpable y más miserable. No sé qué hacer para solucionarlo", confiesa el líder de Guadalupe Plata. "No sé si debería acudir a un médico, a un psicólogo o a un cura". Puede ahorrarse la visita: con un padrenuestro y dos avemarías en clave bluesera eléctrica es más que suficiente. Ego te absolvo.