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Poesía y compromiso después de Benedetti

Los jóvenes poetas españoles hablan sobre el sentido político de la lírica para una sociedad en conflicto

PEIO H. RIAÑO

El pasado lunes 18 de mayo Pedro J. Miguel (profesor y codirector de la editorial El Gaviero) leyó en clase, junto con sus alumnos de primero de bachillerato en un instituto de Almería, tres poemas de Mario Benedetti: Si Dios fuera mujer, Hagamos un trato y Te quiero. Las lecturas acabaron con aplausos y explicaciones sobre cómo el poeta uruguayo, fallecido en la madrugada del domingo al lunes, supo unir al tema amoroso el del compromiso al mostrarse crítico con las iglesias e independiente a ultranza. 'Mientras observaba los rostros de mis alumnos cuenta el profesor no podía dejar de pensar en que también la poesía de compromiso está aquí, en las aulas'.

En las despedidas del poeta se incidió en la intención comprometida de sus trabajos, logrando acercar fácilmente su poesía al lector. 'Es nuestro verdadero reto. Benedetti se empeñó en esa causa y logró un reconocimiento de la poesía en su conjunto para el gran público', explica Pablo García-Casado, poeta cordobés. Para él, el compromiso hoy está con las palabras, 'con el valor que tienen para los lectores. De tanto usarlas, como diría La Jurado, se rompen, pierden eficacia', de ahí que prefiera no desperdiciarlas.

También cordobés, José Daniel García (1979), ganador del Premio Hiperión de poesía joven en 2008, admite que el poeta actual debe recuperar las 'aspiraciones de transformación y reinvención del mundo a través del lenguaje y nunca conformarse con 'escribir bien' y servir artefactos poéticos inocuos'. El vehemente autor cree además que es posible que el camino adecuado para despertar la conciencia política en el lector sea apelando a sus emociones, porque 'el amor pega con todo'.

'No tiene que ver con que se hable de política, sino con que el lenguaje actúe políticamente', tajante Mariano Peyrou, (Buenos Aires, Argentina, 1971, y en Madrid desde 1976). No cree que tener en cuenta al lector signifique facilitarle la comprensión de una idea, sino 'invitarlo a construir un sentido, a desarrollar su imaginación'. En la misma línea comenta Patricia Esteban (Madrid, 1975) que los prejuicios sobre la dificultad de la poesía hacen del lector un iniciado. 'En realidad lo que ocurre es que la poesía exige un lector altamente participativo', admite y asegura que es el momento para 'que la sociedad se comprometa con la poesía'.

Martín López-Vega (Poo, 1975) no cree en la poesía panfletaria, como también asegura que en 'ningún poema se conoce mejor la conciencia cívica de un poeta que en un poema de amor'. Coincide con Manuel Vilas (Barbastro, 1962) en el tono al referirse a la buena poesía: 'O es política o no es nada'. Para el primero la poesía nunca se olvidó del lector, sino el lector de ella. Para el segundo, el lector no existe, 'sólo hay consumidores'. Vilas asegura que Benedetti pensó en el consumidor, 'más que en el lector'. Y el consumidor manda.