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Querida España, todavía no somos nada

Manuel Vilas publica ‘España', una novela sobre la identidad del país y sus ciudadanos

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España es algo que está a medio construir. Una identidad que según avanza toma una forma u otra. Siempre en crisis, siempre en evolución. Al autor de este libro le pasa lo mismo. A Manuel Vilas (Barbastro, 1962) como a todos nosotros, que sufrimos una identidad que es una cuestión de días. España, publicado por DVD Ediciones, es la nueva novela hecha a retazos de muchas otras cosas. Desde el blog, al poema en prosa, el relato o la crónica. Todo muy mezclado, todo muy picadito. Pura posmodernidad, y no es coña, porque este libro es ágil y vibrante, honesto e inesperado. Bienvenido sea. 'Es una novela mutante. Una novela que se transforma con otros géneros', como el mismo Manuel Vilas apunta a Público,
y así es y así complace el encuentro con otras formas actuales de lectura.

Desde los nómadas tecnológicos, pasando por la historia de la literatura española, un capítulo dedicado a la tauromaquia, otro a los nuevos marianistas españoles o la ciencia en la España del final del reinado de Juan Carlos I. Una completa excursión por los tópicos que han hecho de este país lo que es, por los olvidados  de la memoria histórica. Un buen repaso a una narrativa que pide paso.

Rebelde con causa

Abajo a los ejercicios propios del siglo XIX, que cada vez chirrían más. Abajo a las estructuras clásicas, que han perdido toda su eficacia y su atracción. Abajo a los modelos de mercado, que proponen una apuesta comercial plana. Arriba el lector inquieto y con ganas de nuevas experiencias, que ya ha vivido en el cine, en las artes plásticas, en el teatro...

España pide un poco de experimentación, por favor. 'El lector ha mutado como lo ha hecho la novela. Hay demanda de productos distintos a lo oficial', reclama Vilas para ese colectivo de no más de 4.000 lectores.

El libro cuenta lo que ha sido España hasta el momento, en una argamasa en la que se enjuga la alta con la baja cultura, desde Nino Bravo y Kafka, a Peret con Hegel. Un discurso pop que está despegando en el panorama literario de nuestro país y que ofrece al lector una visión muy cínica de la realidad. De lo que nos han contado. Gracias a ese chisporroteo irónico con el que el autor cose cada capítulo, el libro avanza y recorre, a modo de manual, por el perfil más árido de lo que somos.

La gran apuesta de Vilas es incluirse él mismo en el relato y comparar su identidad variable con la de la propia España. Él es los personajes que aparecen. Él llega a tomar forma de Miguel Ángel Blanco y se ofrece a vivir los últimos momentos del asesinado por ETA. 'Es el último grado de solidaridad, convertirme en víctima', apunta. El narrador usurpa todas las identidades que le rodean cual vampiro, termina protagonizando todo acontecimiento que ve. Un baile de máscaras muy recomendable.