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Robert Guediguian Robert Guédiguian: "Es el momento de la desobediencia civil para ayudar a los refugiados"

El cineasta francés reflexiona sobre la herencia ideológica recibida, la crisis de los refugiados y las metas de la izquierda en ‘La casa junto al mar’, desde la que llama a la desobediencia civil, “porque por encima de cualquier ley hay leyes morales”

'La casa junto al mar'

“El mundo va a estar lleno de refugiados”. Las guerras, el cambio climático, la emigración… van a obligarnos a mirar de frente a la verdadera crisis de la humanidad. Idealistas y luchadores del siglo XX van a tener que “romper su palabra”, aplazar algunos compromisos y dedicarse a los ineludibles, los vitales. El cineasta Robert Guédiguian ha iniciado ya este camino y lo ha hecho, naturalmente, desde el cine con La casa junto al mar.

Tres hermanos regresan a la pequeña casa familiar, en una cala de Marsella, donde su padre regentaba un restaurante para obreros. Es el momento de descubrir qué han hecho ellos con esa herencia ideológica, pero sus reflexiones se irán necesariamente hacia otra dirección cuando llega una patera a la costa. “Una nueva causa está apareciendo y tiene que ver con los refugiados”. Y coincidiendo con la detención del barco de Proactiva Open Arms, el cineasta sentencia: “Es el momento de la desobediencia civil para ayudar a los refugiados”.

Comprometida con el mundo y con el arte, la película vuelve la mirada hacia atrás incluso con imágenes de otro título del cineasta de 1985, Ki lo sa?, para coger carrerilla hacia el mañana. Es el nuevo compromiso de esta troupe —director, técnicos, actores— que trabaja unida desde hace decenios. Ariane Ascaride, Jean-Pierre Darrousin y Gérard Meylan, con el propio Guédiguian, a la cabeza siguen como empezaron “participando en el cambio en el mundo”.

¿Qué hemos hecho con la herencia ética e ideológica de nuestros padres?

De alguna forma, creo que nos hemos visto obligados a olvidarnos de ella, pero no creo que hayamos querido. Es la fuerza de los cambios que han afectado al mundo entero y que de una forma dolorosa nos han llevado a romper nuestra palabra.

Esta es una película de reflexión, ¿cuál de los tres personajes es usted?

Los tres personajes de la película soy yo, es mi código, todo es mío. Estas personas han perdido cosas pero siguen luchando. Ahora se preguntan ¿cómo podían ser fieles a sí mismos? ¿cómo ser fiel a una causa que va mucho más allá de ellos? De ahí viene su desgarro. Ellos estaban antes en el combate diario que siempre ha existido, el salario, el trabajo… ahora la idea de una causa universal es la que da sentido a nuestras vidas. Yo creo profundamente que una nueva causa está apareciendo y tiene que ver con el personaje del ‘refugiado’. El mundo, tal como viene, va a estar lleno de refugiados por razones diversas: guerras, cambio climático, razones económicas… La teoría de compartir la riqueza va a ser lo que ocupará y preocupará a cualquier individuo que quiera ir más allá de sí mismo, de su placer personal. Va a ser para idealistas.

¿No deberíamos empezar a llamar a la crisis de refugiados la crisis de la humanidad?

Sí. Lo creo de verdad, porque creo que es la clave del cambio, el principio del cambio hacia la humanidad. El problema está en todos los países, en la comunidad mundial, nosotros en Occidente la vivimos todos los días, pero existe también en EE.UU. con México, en Pakistán, entre las minorías musulmanas, en China, la URSS, Armenia, Chechenia… Se está multiplicando, hay que pensar cómo hacer para que la humanidad viva junta.

¿Eso implica abandonar otras causas?

No diría abandono, más bien hablaría de hacer una elección consciente diaria. En mi caso, por ejemplo, tiene que ver también con el cine, ¿qué película hago? ¿qué elección financiera hago a la hora de hacerla? ¿Qué hago con el estudio de París? Escojo no alquilarlo y cederlo a una asociación para que se ocupe de menores refugiados. ¿Cómo decidimos la educación de nuestros hijos? ¿la relación con los amigos?...

¿Tiene la sensación de que la izquierda ha perdido?

No. Louis Aragon escribió que cada noche abandonaba el Partido Comunista y cada mañana se volvía a adherir. Yo estoy igual. Cada noche, pesimista, cada mañana, optimista. No creo que fuera mejor antes que ahora. Siempre ha habido gente buena y gente basura.

'La casa junto al mar'

En ‘La casa junto al mar’ se reúne de nuevo la ‘troupe’, vuelven incluso a la película ‘Ki lo sa?’ de 1985…

Sí es la ‘troupe’, es que lo que hacemos es muy colectivo. Todos contamos la historia, es nuestra historia, tenemos las mismas ideas, solo hay desacuerdos en algunos pequeños hechos. No pierdo las ganas de seguir haciendo cine de esta forma. Todo empezamos como el personaje de ella en esta película, participando en el cambio del mundo.

¿’La casa junto al mar’ es una llamada a la desobediencia?

Sí, está muy claro. Es el momento de la desobediencia civil para ayudar a los refugiados. Y es una idea que viene de lejos, es ‘Antígona’. Por encima de cualquier ley hay leyes morales. Thoreau ya inventó el concepto de desobediencia civil. En verano en Francia hubo un movimiento para defender a dos personas que fueron condenadas cerca de la frontera italiana porque ayudaron a unos refugiados a cruzarla. Asumen lo que han hecho, saben que es ilegal, pero no importa, en este caso no respetamos la ley. Hubo un comité de apoyo y una gran manifestación en París.

¿Las nuevas generaciones tienen nuevos principios éticos?

Me cuesta contestar a esto… Mis hijos, por ejemplo, una de ellos está metida en grupos muy militantes, hace tanto como hacía yo a su edad. No son las mismas formas, no son las mismas organizaciones, pero la cantidad de trabajo que entrega es la misma y eso me tranquiliza.

¿Siente que el cine tiene esa obligación social también?

Siempre ha habido películas que no se han preocupado del mundo. Y siempre ha habido personalidades, cineastas comprometidos con él, por ejemplo en Francia, donde siempre se han hecho películas conectadas con la realidad. Laurent Cantet, Robin Campillo…

En España…

En España, no. Ahora no. Ya lo sé. Pero en el mundo hay cineastas comprometidos, Kaurismaki, Ken Loach, muchos en el cine francés… y el cine es mucho más internacional que la literatura y el teatro.

'La casa junto al mar'

Ken Loach dice que para ganar la batalla hoy hay que conquistar los medios de comunicación, ¿está de acuerdo?

Completamente, nosotros llevamos a cabo un experimento curioso, unos amigos y yo lanzamos una televisión en internet. Hay muchos experimentos así, de plataformas participativas y muchas listas de apoyo. Hay cosas posibles, en Francia Jean-Luc Mélenchon tiene intervenciones en Youtube con 500.000 visionados, la misma tirada que Le Monde. Y está la France Insoumise…

Con Internet, ¿la rebelión globalizada?

Sí, creo que pase lo que pase, el regreso del poder del pueblo está en marcha. Y en ello es importante para la humanidad la vuelta a lo local. Y ello no significa que no podamos ir al otro lado del mundo y volver convencidos de que esa dialéctica entre el planeta y los pueblos va a volver a lo local.

¿No habrá quien confunda lo local con el nacionalismo?

El nacionalismo… cuando no hay horizontes, vuelves a los orígenes, es una regla de oro. Hoy, lo sospechoso incluso es la idea de patria. A mí no me vale. La particularidad del pueblo existe, sí, pero no para levantar un muro o hacer una pared, debe ser todo libre y abierto. Lo que pasa en Cataluña, por ejemplo, quizá si en su momento no se hubiera prohibido hablar catalán… aunque eso como mucho explica un poco, pero no justifica de ningún modo.