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Sergi López: "Cada vez me siento más radical"

El actor catalán más internacional llega el próximo miércoles al Festival de Cannes con ‘Mapa de los sonidos de Tokio'

SARA BRITO

Lo que menos le gusta a Sergi López es sacar conclusiones sobre sí mismo. No intenta parecer lo que no es, no quiere saber de etiquetas. "Lo que más me cuesta es definirme. Me veo como un chico que descubrió muy joven que le gustaba actuar", reconoce en una conversación en la que va desmontando tópicos y lugares comunes, en la que se desmonta desde la humildad. Aunque asegure que su carrera que no es más que un cúmulo de casualidades, en realidad, es abrumadora a los 44 años de edad.

Pronto descubrió que le gustaba hacer el payaso en un garaje de su pueblo, Vilanova i la Geltrú (Tarragona). A los 19 años, estrenó su primera obra de teatro profesional. A los 27 debutó de casualidad y en Francia en el cine, cuando Manuel Poirier lo seleccionó en un casting para La petite amie d'Antonio (1992) y lo convirtió, de ahí en adelante, en su actor fetiche. Y a los 36, se llevó a Vilanova el Premio a Mejor Actor del Cine Europeo por su papel en Harry, un amigo que os quiere (Dominik Moll, 2001). En un gráfico de la vida y obras de Sergi López, estos serían algunos de los picos de la carrera de un intérprete, que, junto a Mathieu Amalric, es uno de los actores más solicitados y más sólidos del cine de autor europeo.

Ahora, y con medio centenar de filmes a sus espaldas -de los que tres cuartas partes son franceses-, vuelve al festival de Cannes en el año con más cine español en la historia del certamen. Él ha estado en cuatro ocasiones, pero, ahora, lo hace por primera vez bajo la tutela de un realizador español (realizadora en este caso). Es el protagonista de Mapa de los sonidos de Tokio, la película de Isabel Coixet, que competirá, a partir del próximo 13 de mayo, por la Palma de Oro con Pedro Almodóvar, Michael Haneke, Lars von Trier, Quentin Tarantino y otros pesos pesados del cine europeo y asiático.

"Estuve a punto de ir a la competición con otras dos películas, una belga y una francesa, pero en el último momento se cayeron de la selección", reconoce por teléfono mientras se toma una cerveza en una terraza de la plaza del pueblo de 60.000 habitantes donde nació y donde sigue viviendo.

Eran La régate, del belga Bernard Bellefroid, y Les derniers jours du monde, de los franceses Arnaud y Jean-Marie Larrieu, dos de las seis películas que rodó el año pasado.

Pero para López, prosaico y poco amigo de intelectualizar sobre el cine o sus decisiones artísticas, el hecho de que haya una presencia tan abultada de españoles en el festival, no tiene mayor trascendencia: "Durante mucho tiempo he oído decir que no iban películas españolas a Cannes. Y la verdad es que me da un poco igual. Es un festival francés, y supongo que, por eso, las francesas tienen más opciones", dice.

Ahora bien, quien ha desarrollado la mayoría de su carrera en el país vecino -sin que muchas de sus películas se estrenen en nuestro país-, sabe de buena tinta que "España y Francia se dan la espalda. Siempre lo explico con las revistas del corazón: cuando abres una en Francia no conoces a nadie y a ellos les pasa lo mismo con España. El imaginario colectivo es totalmente distinto". También el concepto de lo que es el cine. "La industria francesa nos lleva kilómetros de ventaja", reconoce. "Menos en el terreno creativo. No me consigo creer que en un sitio la gente tenga mejores ideas que en otro. Es más bien un asunto de cómo está organizada la industria, desde las ayudas a guiones hasta la difusión. En Francia, cine se escribe en mayúscula y en francés".

Lo suyo es la intuición, tanto a la hora de elegir sus papeles como al ponerse frente a una cámara. "Actuar es algo que me fascina, pero que no acabo de entender. Hay algo natural en el hecho de actuar, como los niños. En ese sentido, para actuar todo te ayuda, aunque creo que ni la información ni ver mucho cine te hace actuar mejor. Nada te hace actuar mejor. La idea es no encontrarte solo ante el vacío". Lo crucial para el actor es "no tener miedo a tener miedo".

Así que, lejos de todo método y toda preparación, López es de los que llega al set de rodaje casi sin saber con quién va a actuar o quién le va a dirigir. Le pasó cuando rodó Una relación privada, de Frédéric Fonteyne, con Nathalie Baye, una de las actrices más populares en Francia. "No tenía idea de quién era. Creo que por cosas como esta, en Francia me ven como el chico de un pueblo de doce habitantes". Uno que ha ganado un César y ha sido nominado en dos ocasiones.

Algo parecido le pasó cuando conoció a Isabel Coixet y tuvo que confesarle que no había visto ninguna de sus películas, "salvo esa, la de la plataforma petrolífera" (La vida secreta de las palabras, 2005). Lo que hizo Coixet fue grabarle, en el acto, todas sus películas.

No es de extrañar, entonces, que, cuando habla de Mapa de los sonidos de Tokio, que podría darle su primer premio al mejor intérprete en Cannes, huya de las etiquetas. "Hay cosas de thriller, de película de amor, pero no se parece a ningún género. Cada vez me gustan más las cosas que son complejas de definir. Creo que a lo que se parece es a un peliculón".

Y, ¿Sergi López se parece en algo a David, ese catalán solitario que retrata Coixet en Tokio? "Se me parece un poco en la barriga y en el acento", dice entre risas. "Pienso que es un hombre que tiene un punto cobarde. Esa cobardía que te da haberlo pasado mal. Empieza en un momento emocionalmente frágil. Muy perdido. Lo único que quiere es amar y ser amado. Es muy fácil encontrarse en él".

Y a quien ama (en el filme) es a Ryu, Rinko Kikuchi (Babel), una actriz por quien López confiesa haber sentido "algo profundo. Es una actriz con todas las letras, siempre da. Y lo recibe todo. Actuar tan íntimamente con alguien con quien no tienes intimidad es una bomba. Te reconcilia con el oficio", admite.

Después de haber rodado en Tokio, y haberse dado al sake y al karaoke, López voló a la Berlinale donde presentó su último filme con François Ozon, Ricky. Ozon se cuenta entre la impresionante nómina de directores con los que López ha trabajado, una que une a Stephen Frears con Guillermo del Toro o al también catalán Marc Recha, con quien acaba de rodar Petit indi.

"Cada vez me siento mas radical", confiesa. "Vivo una situación privilegiada: me pagan por actuar, tengo la suerte de poder elegir. Cada vez me cuesta más hacer algo anodino".

¿Cuántas producciones españolas estarán en Cannes? Nueve en total. Junto a las seis señaladas y a ‘El ataque de los robots de Nebulosa-5’ (que participó en Sundance) del joven realizador Chema García, hay dos coproducciones con participación española: ‘Tetro’, la película de Francis Ford Coppola, en la que, además, participan las actrices Carmen Maura y Maribel Verdú. ‘Looking for Eric’ de Ken Loach también tiene participación española.

¿Es la primera vez que hay tantos españoles en el festival? 1988 fue el año en que por última vez coincidieron dos españoles en la competición oficial: Carlos Saura y Vicente Aranda. De eso hace 22 años, en cuyo tránsito, el cine español ha ido espaciando más y más su presencia. Almodóvar ha llevado desde hace 10 años cada uno de sus filmes a Cannes.

¿Cuáles han sido los premios del cine nacional en La Croisette? ‘Viridiana’ (1961), de Luis Buñuel, ha sido la única película española en ganar la Palma de Oro. Pero no ha sido el único premio: ‘Bienvenido Mr. Marshall’ se hizo en 1953 con una Mención Especial al Guión, el Premio Internacional y el Gran Premio del Jurado; Carlos Saura fue reconocido con el Premio a la Mejor Dirección en 1974 por ‘La prima Angélica’, y con el Premio Especial del Jurado por ‘Cría Cuervos’ en 1976. Dos años después, su película ‘Elisa vida mía’ le valió el galardón a Mejor Actor a Fernando Rey. Otros galardones han ido a parar a Francisco Rabal y Alfredo Landa por su interpretación en‘Los santos inocentes’. Víctor Erice recibió el Premio de la Crítica por ‘El sol del membrillo’ (1993).