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Así sería la ciudad ideal postcovid

La nueva urbe está por hacer. Junto a problemas ya enquistados como la movilidad, la desigualdad o la crisis medioambiental, afloran otros como la distancia interpersonal y la higienización de sus espacios. El reto es inmenso.

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Vista aérea de rectángulos pintados sobre el terreno para fomentar la distancia social.- Josh Edelson / AFP

Urge repensar la ciudad. La pandemia y sus consecuencias reabren el debate −si es que alguna vez se zanjó− de qué ciudad queremos. Las urbes mutan y sus pensadores, los urbanistas, tratan constantemente de buscar soluciones a problemas heredados que se terminan por enquistar. La movilidad, la desigualdad, la crisis medioambiental, son sólo algunos de sus frentes abiertos. Ahora, estos profesionales que teorizan a caballo entre la sociología y la ingeniería, le añaden uno nuevo al rompecabezas; la distancia interpersonal. 

Convertir los espacios públicos en espacios seguros, reducir la masificación del transporte público −preocupante foco de infección− sin que por ello se multiplique el uso del coche, habilitar el comercio de proximidad para reducir los desplazamientos interurbanos... La ciudad postcovid está por hacer y será por ideas. A tientas, conscientes de que el tiempo de las grandes certezas ya acabó, los profesionales que han de imaginar esa nueva urbe apuntan algunas de sus propuestas.

Teletrabajo parcial y proximidad

El arquitecto paisajista Pablo Cuesta, cofundador de Glauco Estudio, aboga por fomentar el teletrabajo parcial, una medida que reduciría el tráfico en la urbe: "Si las empresas permitieran a sus empleados teletrabajar un par de días a la semana, esto relajaría la intensidad de uso del transporte público sin infradimensionar las infraestructuras de comunicación". Una medida que, según Cuesta, debería ir acompañada por un impulso del uso de la bicicleta. "El problema es que la percepción de seguridad que tienen los ciudadanos con respecto a su uso en la ciudad es muy baja, por eso creo que la combinación de la disminución del tráfico gracias al teletrabajo liberaría espacios en los grandes viales donde perder un carril no sería dramático, lo que permitiría proyectar grandes corredores ciclistas y permitir el tráfico compartido". 

"Debemos ser capaces de crear espacios más resilientes que nos permitan adaptarnos a esta nueva era"

Sin renunciar al tráfico rodado, Cuesta propone equilibrar la movilidad en nuestras ciudades −hasta ahora bajo los dominios del coche−, permitiendo que la circulación en bici gane peso en nuestras calles. Además, dado que esta medida supondría una merma en el  número de vehículos estacionados, se liberarían espacios útiles para combatir otra de nuestras grandes carencias: "Estos aparcamientos vacíos nos permitirían llevar a cabo una estrategia verde, sustituyendo dichos espacios por alcorques vegetados pegados a la acera; una solución barata y efectiva para embellecer ciertos entornos". 

Siguiendo esa misma línea, la urbanista gallega Tania Varela hace hincapié en la necesidad de "naturalizar las ciudades" y "recuperar para el peatón" espacios tradicionalmente ocupados por el coche. Varela reivindica la llamada ciudad de 15 minutos sobre la que ha teorizado el sociólogo estadounidense Richard Sennett: "El urbanismo del siglo XX está pensado por y para el coche, una ciudad en la que el ciudadano encuentre los servicios indispensables en un radio de 15 minutos, es un ciudad sostenible que genera vecindad".

Imagen aérea del Washington Square Park de San Francisco.- Josh Edelson / AFP

Urbanismo táctico

Según Ángela Peralta, arquitecta urbanista y miembro del equipo de Paisaje Transversal, la solución del teletrabajo parcial entraña derivadas que merecen ser tenidas en cuenta. "Puede ser una opción, pero qué hay de los cuidados en el ámbito de lo doméstico, siempre habrá gente que no pueda asumir el teletrabajo, no podemos olvidarnos de la crianza, o del problema de la infravivienda y el hacinamiento, si algo se ha puesto sobre la mesa durante el confinamiento es la enorme desigualdad en materia de vivienda", apunta Peralta. 

Desde Paisaje Transversal, oficina de planificación urbana integral, apuestan por una solución que contemple tres esferas fundamentales: conectividad, confort y actividad. "A través de la conectividad conseguiremos mejorar la accesibilidad, es decir, optimizaremos nuestra relación con el entorno; el confort apela a la calidad de ese espacio a nivel ambiental; la actividad hace referencia al uso que se realiza de ese espacio". Sobra decir que si nos atenemos a estas prerrogativas, pocos espacios urbanos están preparados para ser funcionales, vivibles y saludables.

"Estamos acostumbrados a que el espacio público nos venga dado como un modelo de catálogo"

Así las cosas, y ante una coyuntura cambiante y carente de certezas, Peralta y los suyos abogan por "activar mecanismos temporales", o lo que es lo mismo, proyectos de "urbanismo táctico" pensados para no ser permanentes. "De esta forma conseguimos probar una determinada transformación del entorno con un coste reducido, que además nos permitirá dar respuesta de forma veloz a un problema inmediato". Dicho menos finamente; pequeños laboratorios urbanos en los que ir perfeccionando una respuesta funcional y sostenible para la ciudadanía.

El objetivo no es otro que evitar que la ciudad postcovid incremente sus desigualdades. Aprovechar la crisis para combatir una urbe que se ha convertido para muchos en un surtidor de vulnerabilidad. "Debemos ser capaces de crear espacios más saludables y resilientes, que nos permitan adaptarnos a esta nueva era", apunta Peralta. Esto pasa por una necesaria "naturalización de la ciudad, provista de corredores verdes que nos conecten a través de paseos que fomenten una movilidad saludable", también por una progresiva reducción del uso destinado al automóvil, en favor de espacios para la ciudadanía.  

Círculos sobre el suelo para respetar la distancia social en un andén del metro de Niza. REUTERS/Eric Gaillard

Reapropiación ciudadana

La arquitecta paisajista Ana Fernández Galván entiende el espacio público como el "gran déficit de nuestras ciudades". El confinamiento y la desescalada progresiva han evidenciado la necesidad del ciudadano de encontrar espacios públicos donde, por ejemplo, poder disfrutar de una película. "Bajo techo y con un aforo limitado el riesgo de contagio sigue estando ahí aunque disminuya, en cambio un espacio abierto como una plaza, un pequeño solar o un descampado, permitirían limitar igualmente el aforo pero de forma más segura, con mayor amplitud, pudiendo disfrutar del cine o el teatro al aire libre".

En ese sentido, Fernández Galván apuesta por una "reapropiación" de la ciudad por parte de la ciudadanía. "La desescalada ha puesto sobre el tapete la necesidad que tenemos de hacer nuestra la ciudad, estamos acostumbrados a que el espacio público nos venga dado como un modelo de catálogo, como esos parques para niños que son todos iguales, con los mismo toboganes, las mismas vallas y los mismos colores". Según esta arquitecta, el espacio público debería asemejarse a un "tablero abierto" en el que improvisar juegos y encuentros. 

Más visual que tangible

Lo tangible se volvió sospechoso, la posibilidad de infectarnos le confiere cierta ventaja a la asepsia del audiovisual. Habitamos un mundo de pantallas que, inevitablemente, influye en nuestra forma de entender la ciudad. "Proliferan los indicadores y la señales audiovisuales que, a modo de prevención, hacen que estemos atentos a las normas y a los posibles riesgos", apunta la arquitecta y educadora Carmen Martín Hernando.

Por otra parte, conviene también hacer hincapié en los estudios de género y sus aportaciones al modo en que percibimos y proyectamos la ciudad. Tal y como apunta Martín Hernando, "un espacio más seguro desde la perspectiva de género es, también, un espacio en el que se tienen en cuenta los cuidados y se fomenta la ayuda mutua, lo que a la postre genera comunidad". Una comunidad que, en tiempos de atomización y aislamiento, no ha dudado en reivindicar la solidaridad y el compromiso con el otro. 

Círculos de plástico adhesivo muestran la distancia interpersonal en la Gare du Nord de París. REUTERS