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Series 'Better Call Saul' regresa para poner la lápida sobre la tumba de Jimmy McGill

Movistar Series estrena este lunes el primer episodio de la quinta temporada de ‘Better Call Saul’. El segundo, el miércoles, pegado al estreno en Estados Unidos.

Better call Saul
Por mucho que duela, no hay vuelta atrás. Jimmy McGill ha dado el paso legal para convertirse oficialmente en Saul Goodman.

Por mucho que duela, no hay vuelta atrás. Jimmy McGill ha dado el paso legal para convertirse oficialmente en Saul Goodman y nadie va a convencerle de lo contrario. No es spoiler. Es algo que se sabía desde aquel primer episodio de Better Call Saul emitido allá por febrero de 2015. Solo queda agradecer que haya tardado cuatro temporadas en producirse y disfrutar lo que viene ahora, la quinta.

En su camino de Jimmy a Saul el personaje interpretado por Bob Odenkirk se ha hecho un hueco en el corazón de quienes se asomaron a este spin-off intentando paliar el vacío dejado por Breaking Bad y encontraron consuelo, pero también una serie aún mejor que aquella de la que partió. Sin embargo, Better Call Saul no es solo Jimmy/Saul. Al igual que Breaking Bad no era solo Walter White (Bryan Cranston). También es Kim Wexler (Rhea Seehorn), Chuck McGill (Michael McKean), Howard Hamlin (Patrick Fabian), Nacho Varga (Michael Mando) y viejos conocidos como Mike Ehrmantraut (Jonathan Banks), Gus Fring (Giancarlo Esposito) y Héctor Salamanca (Mark Margolis), entre otros. Casi todos regresan –junto con la vuelta de Dean Norris como el agente Hank Schrader– a la serie creada por Vince Gilligan y Peter Gould para AMC.

A Odenkirk le toca ahora enfundarse los trajes de colores llamativos, la sobreactuación y esa voz de comercial barato para la televisión. Como reclamo, desde su nuevo despacho montado bajo una carpa ofrece descuentos en defensa legal de hasta el 50% entre quienes tienen todas las papeletas para verse envueltos más pronto que tarde en algún lío. Ofertas y un móvil con su número memorizado para captar clientes. Si algo no se le puede discutir a Saul es tener visión de negocio. Sus métodos resultan cero ortodoxos y extravagantes, pero conoce a su público potencial y sabe cómo llegar a él. Igual que Jimmy sabía llegar a sus ancianos.

Esa versión anterior del personaje despertaba ternura, comprensión y empatía. A la sombra de su hermano, con más carisma que él y mucha voluntad, pero siempre ninguneado por alguien que en el fondo solo sentía celos. Pero este abogado de universidad de tercera se ha cansado de ser pisoteado y ha decidido borrar todo rastro de quien fue y convertirse en una suerte de picapleitos caricaturesco. Ese que acabará relacionándose desde un enorme despacho con los grandes capos de la droga. Entre ellos, Walter White. Al fin y al cabo, Jimmy y Walter tienen mucho en común. Empezaron en esto, cada uno en lo suyo, por motivos más o menos nobles. Aunque luego ambos acabasen arrastrados al lado oscuro de Saul y Heisenberg.

Esta quinta temporada llega con la misión de ser la pasarela hacia el final, hacia esa sexta en la que la transformación de mariposa a capullo (en su caso es a la inversa) quedará sellada para siempre. El arco que Odenkirk comenzó hace 12 años se cerrará del todo habiendo conseguido convertir a uno de los personajes menos atractivos de Breaking Bad en uno de los mejores de la televisión. Porque al Saul Goodman de la serie madre era fácil despreciarle. Ahora, sabiendo cómo era antes de todo eso y cómo llegó hasta ahí, no es tan difícil comprender sus razones.

Del capítulo que llega hoy a las pantallas habría mucho que destacar, pero, sobre todo, esa escena del sofá. En ella reside el meollo de la transformación y cuán alejados están en este punto los personajes de Odenkirk y Seehorn. Ella, Kim, es el espectador, que sufre viendo cómo alguien a quien quiere se está dejando llevar a un lugar de no retorno y cómo, aún dándose cuenta de que sus métodos funcionan, no puede aceptarlos porque su ética y su concepción de lo que está bien y está mal es mucho más fuerte que la de Jimmy. Para él, un fin noble justifica los medios. Idea que no comparten quienes le rodean y menosprecian.

Better Call Saul sigue gozando de ese estilo que ya explotó Breaking Bad y que reside en el valor de lo estético. No solo importa el qué, sino también el cómo. La acción transcurre en Alburque, un lugar árido, inhóspito y, aún así, con sus puntos de vista imposibles y sus cuadros es una joya a nivel de producción que siempre reconforta. Tiene su propio ritmo, a veces quizá algo lento, pero recrearse en la belleza de su fotografía y de la composición de sus planos es un placer que todo seriéfilo se merece en medio del ajetreo diario de un menú con demasiadas opciones.

Antes de verse el primero de esta temporada, con ese maravilloso arranque en blanco y negro de Gene Takovic, su bigote y su trabajo rutinario en Cinnabon –ahí hay material para otra serie–, conviene echar la vista atrás y verse el último episodio de la cuarta. Como le ha ocurrido a Homeland, que regresó ayer a Fox, ha pasado demasiado tiempo desde que se emitió Winner en octubre de 2018. Volver a encontrarse con ese capítulo ayudará a recordar dónde quedó cada personaje y, de paso, disfrutar una vez más del maravilloso trabajo que hizo Odenkirk en esa escena. Quien lo ha visto sabe cuál es.

Y a quienes la conversión les duele tanto como para abandonar la serie, hay razones más que suficientes para continuar en ella. Su calidad debería ser suficiente argumento para convencerles, pero si eso no basta porque no soportan a Gooman –algo que puede pasar y es comprensible–, siempre quedará Kim Wexler, el equivalente femenino y en el spin-off de Jesse Pinkman (Aaron Paul).