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Series TV 'Al otro lado del instituto' tira de metáfora, brujas, aliens y fantasmas para reflejar la problemática de la adolescencia

Disney+ estrena ese miércoles esta serie con un reparto joven que resultará familiar a los más 'seriéfilos'

'Al otro lado del instituto', fotograma.
'Al otro lado del instituto', fotograma. Diney+

R. L. Stine lleva décadas escribiendo terror para adolescentes y ahora otro autor, Seth Grahame-Smith (Orgullo + Prejuicio + Zombies), ha adaptado su obra en una serie antológica de ocho episodios cortos donde sus protagonistas se enfrentan a los problemas propios de su edad desde una perspectiva de terror, ciencia ficción y fantasía que funciona como reclamo. Al otro lado del instituto, que se estrena este miércoles en Disney+, es una serie que sabe muy bien a quién va dirigida y maneja con eficacia la metáfora como herramienta.

Cada capítulo (pueden verse sin ningún orden establecido previamente) presenta a unos protagonistas distintos y una temática diferente a abordar que queda clara en los primeros compases. Al ser episodios que rondan la media hora, minuto arriba o abajo, no se pierde demasiado tiempo en lo anecdótico y se entra de lleno en lo que se quiere exponer. La mayor parte de las veces esto tiene que ver con la aceptación, la reivindicación la identidad propia y única frente a la homogeneidad del resto, lidiar con la ansiedad, la amistad rota, el acoso escolar, la obsesión por la imagen…

Aunque basada en textos para adolescentes, con protagonistas adolescentes (la mayoría son chicas) y una puesta en escena muy de instituto americano, lo cierto es que Al otro lado del instituto puede funcionar también desde la perspectiva adulta para recordar cuando todos esos cambios que refleja y desentraña afectaron al ahora padre o madre. La manera en la que se desarrolla el relato hace que entre en la categoría de serie ligera y entretenida para ver sin demasiados esfuerzos. No tiene pretensiones de nada más allá de contar lo que quiere contar y resultar entretenida en el proceso.

'Al otro lado del instituto', fotograma.
'Al otro lado del instituto', fotograma. Disney+

Uno de los capítulos más interesantes quizá sea el titulado Standing Up for Yourself. En él se enfrenta a un joven de 14 años, Evan Burger, al acoso escolar cuando llega de nuevas a un pueblo dominado por una familia, los Larkin. Allí Trevor Larkin ejerce como el típico abusón tanto dentro como fuera del instituto. Otro episodio que merece una mención es Unfiltered. Este funciona a la perfección como denuncia y espejo de la realidad en la época de las redes sociales y sabiendo, como se sabe, el daño que Instagram causa en los jóvenes. El guion sigue el descenso a los infiernos de Lily Renton, una chica que responde al cliché de empollona que solo quiere que la miren como a las populares y que se deja seducir por el poder de cambiar su apariencia hacía lo que los demás juzgan como atractivo.

My Monster, donde Olivia debe lidiar con el estrés que le genera el divorcio de sus padres sumado a una mudanza que incluye cambio de ciudad, colegio y amigos, se mete de lleno en la ansiedad y el verse superado como tema central. Algo que no es habitual en las series y que debería explorarse mucho más dándole visibilidad a un problema real y, por desgracia, cada vez más común. Que la ansiedad se vea representada como un monstruo terrorífico en pantalla es una metáfora tremendamente poderosa.

La antología la completan los títulos Parents Are From Mars, Kids Are From Venus; The Treehouse; Which Witch; We’ve Got Spirits, Yes We Do y Leave Them Kids Alone. Cada uno cumple su función de exponer un problema o preocupación real y abordarlos desde la metáfora, bastante evidente en todos los casos, colocando al espectador en la tesitura de situarse en la historia desde el punto de vista del adolescente que sufre.

A favor, más allá de la puesta en escena, cuenta con un reparto joven y prometedor que sonará a los seriéfilos con nombres como Sarah Borne (Doom Patrol), Mckenna Grace (El cuento de la criada), Lexi Underwood (Little Fires Everywhere), Gabriel Bateman (La costa de los mosquitos), Izabela Vidovic (Supergirl) y Megan Stott (Little Fires Everywhere). Entre los adultos, el rostro más popular para el gran público es el de Henry Thomas, el que fuera niño de ET y visto recientemente en Misa de medianoche y La maldición de Bly Manor.

La adolescencia, esa edad de transición de la infancia a la madurez que tantas veces es retratada por el cine y las series de manera demasiado frívola o demasiado intensa, se puede contar de muchas otras formas. Al otro lado del instituto apuesta por, gracias al material de partida de Stine, el componente de terror, fantasía y ciencia ficción. Introduciendo en su ecuación la variable aliens, brujas y fantasmas consigue captar la atención sin agotar mentalmente y sin sermonear dejando que sea quien la ve quien capte el mensaje. Después de todo, no es una serie pensada para un público adulto, sino que se trata de una serie Disney ideada para chavales. Y ahora que se acerca Halloween parece una buena opción de maratón.