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Sociedad de clases en la pista de baile

Wiseman analiza en 'La danza' los entresijos del Ballet de la Ópera de París

CARLOS PRIETO

Sucedió durante la presentación en Nueva York de La danza, filme de Frederik Wiseman sobre el Ballet de la Ópera de París que se estrena el viernes en España. El cineasta, autor de más de 30 películas sobre el funcionamiento de las instituciones públicas estadounidenses, contestó así a un espectador que consideraba que La danza era uno de sus filmes menos "implacables": "Algunas personas creen que mis películas critican siempre los lugares que retrato. No es cierto. Depende del tema. No es lo mismo filmar un centro para delincuentes con problemas mentales [como hizo en Titicut Follies] que el Ballet de la Ópera de París". La respuesta resume bien el ideario de Wiseman, al que le interesa mucho retratar realidades complejas y poco los análisis ideológicos que se hagan posteriormente de su trabajo. Y eso que su obra, asociada a la corriente del cine directo o cinéma verité, es una de las más radicalmente políticas del último medio siglo.

Se estrenó en 1967 con la mencionada Titicut Follies, una controvertida denuncia de la psiquiatría penitenciaria que fue prohibida por el Tribunal Supremo de Massachusetts. Los jueces alegaron que había violado la intimidad de los presos. Titicut Follies se convirtió en el único filme de la historia de EEUU prohibido por una acusación distinta de obscenidad o vulneración de la seguridad nacional.

"La división de los bailarines refleja la jerarquización del país"

Luego llegaron sus crudos retratos de institutos (High School), comisarías (Law and Order), albergues para mujeres maltratadas (Domestic Violence) y hasta centros de entrenamiento para manejar misiles intercontinentales (Missile), en lo que el autor califica de "película larguísima, de más de 90 horas, sobre la vida contemporánea en EEUU vista a través de sus instituciones públicas". Todos ellos financiados por la televisión pública de su país (PBS).

Con estos antecedentes puede chocar que ahora haya filmado una película sobre el funcionamiento del Ballet de la Ópera de París. Pero tiene su lógica. El director ya rodó en 1985 un documental (Ballet) sobre la compañía nacional de danza de EEUU. Tampoco es la primera vez que analiza una institución gala: en 1995 rodó Comédie-Française, un retrato de las entrañas del teatro nacional francés. "He rodado otro filme sobre el mundo de la danza porque me gusta el ballet", cuenta Wiseman a Público vía telefónica.

"La investigación es el rodaje. No me gustan las ideas preconcebidas"

Una afición que también explicaría su uso constante del plano fijo y general. "La película tiene que ser digna del ballet. No el ballet digno de la película. Me refiero a que cuando uno va al ballet le gusta ver el cuerpo completo del bailarín y todos los matices de la coreografía, pero muchos filmes prefieren centrarse en los planos cortos de los rostros o los pies de los bailarines. El espectador pierde el sentido completo del movimiento del cuerpo, lo que puede llegar a ser muy llamativo, sí, pero tiene poco que ver con el baile".

A Wiseman, cuyo filme salta continuamente de la pista de baile a los despachos de los gestores, le llamó la atención que el Ballet de la Ópera de París "es un territorio completamente diferente" al American Ballet Theatre. "La primera compañía existe desde hace más de 300 años y recibe un enorme subsidio público", dice antes de detenerse a analizar uno de esos detalles políticos que no saltan a la vistapero que pueblan sus cintas: "Cuando haces una película sobre una institución es ine-vitable encontrar conexiones entre lo que ocurre dentro y fuera de sus muros. Le doy un ejemplo. Cuando rodé La danza me fue imposible estar en la misma habitación con todos los bailarines. Por un lado, estaba el grueso del grupo. Por el otro, las primeras estrellas. Y entre medias, otros tres subgrupos de bailarines perfectamente estratificados. Algo que no me ocurriócuando rodé en EEUU, lo que vendría a reflejar las estructuras jerárquicas de cada lugar. La división en clases es un factor importante en todas las sociedades, pero en Francia, donde es más difícil saltar de clase, tiene más peso que en EEUU".

El método de trabajo del director no ha variado un ápice desde 1967

Otro de los elementos que une La danza con el resto de su filmografía es su modus operandi. El método de trabajo del director no ha variado un ápice desde 1967. No se documenta antes de empezar, su equipo de rodaje es muy reducido (tres personas), filma toneladas de material, se pasa unos ocho meses montando y nunca utiliza voz en off. "La figura del narrador es una intromisión entre el espectador y el filme. Intento montar de un modo en el que la audiencia obtenga la suficiente información para entender qué sucede y pueda sacar sus propias conclusiones", cuenta.

También tiene motivos para no querer informarse antes de gritar ¡acción!: "El rodaje es la investigación. No me agrada arrancar con ideas preconcebidas en la cabeza. No quiero saber de antemano lo que me puedo encontrar, sino buscarlo por el camino". Toda una lección para los amigos del documental político.