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El Sónar vive su noche más crítica con Jean-Michel Jarre y su música contra el "gran hermano" vigilante

El nuevo Jarre que se ha podido ver en el escenario parece que ya no es sólo ese amante de los sonidos ambientales y espaciales para ilustrar documentales sino que por momentos tenía ecos del mejor "big beat" de los Chemical Brothers.

- El compositor e intérprete francés de música electrónica Jean Michel Jarre durante su concierto en la segunda jornada del Sonar'16. EFE/Quique García

EFE

BARCELONA.- El uso de la música electrónica para movilizar a la masas no tiene secretos para el francés Jean-Michel Jarre, que este sábado renovó su comunión con el gran público en el festival Sónar, donde ha realizado la presentación mundial de su nuevo espectáculo, una crítica a la hipervigilancia tecnológica.

Cuando los programadores del Sónar adelantaron hace unos meses que el veterano compositor galo sería uno de los cabezas de cartel de la edición de este año a muchos les pilló con el paso cambiado. ¿El rey de la electrónica de tono grandilocuente de los setenta en el Sónar? Pues sí, Jarre, que aún conserva el récord del disco francés más vendido de la historia con Oxygène, ha presentado en Barcelona su show basado en Electrónica, dos álbumes en los que ha colaborado con lo más granado de la escena electrónica actual, y con clásicos contemporáneos como Pet Shop Boys.

El nuevo Jarre que se ha podido ver en el escenario SónarClub, como es habitual subido en una plataforma alzada, delante de una gigantesca pantalla de leds en cascada, parece que ya no es sólo ese amante de los sonidos ambientales y espaciales para ilustrar documentales, sino que por momentos los temas de The time machine y The heart of noise, tenían ecos del mejor "big beat" de los Chemical Brothers.

El compositor, que desde su púlpito en el escenario se movía como un pequeño científico loco con aires de Peter Pan con gafas de sol, ha realizado su aportación de crítica social a este Sónar que se anunciaba como el más combativo de los últimos años. Jarre se ha dirigido al antiguo informante de la NSA Edward Snowden, hoy caído en desgracia y refugiado en Moscú tras desvelar documentos clasificados como alto secreto. A ese "gran amigo Snowden", como lo ha calificado, le ha dedicado Exit, un tema realizado en colaboración con él precisamente sobre los peligros del gran hermano, y que ha sonado envuelto en un espectacular montaje audiovisual.

El rostro de Snowden ha aparecido entonces en el escenario como en una conexión en directo, para desaparecer poco después pixelado, sepultado por el control de la tecnología. Resulta paradójico que las imágenes de esta denuncia sobre la vigilancia absoluta haya sido grabada por las cámaras de miles de teléfonos que luego serán colgadas en las redes sociales.

Una declaración de principios

Más radical en fondo y forma ha sido la propuesta de Anohni, el artista transgénero conocido antes como Antony Hagerty, que tras quince minutos de espera por la proyección de un vídeo de una sugerente modelo bailando en la pantalla, ha aparecido sobre el escenario del SónarPub completamente cubierta con una especie de Burka, aunque para otros era una capa Jedi, igualmente perturbadora.

Se trataba de la otra gran premiere de la noche del viernes, el primer concierto en Europa de Anohni, una de las voces más lúcidas de la escena electrónica, que ha presentado su nuevo trabajo Hopelessness, declaración de principios sobre la desconfianza total que le provoca la sociedad actual, incluidas las políticas del primer presidente negro de su país, Barack Obama.

Habrá cambiado de nombre una vez más, pero la voz de Anohni sigue siendo puro sentimiento, desgarro profundo en cada uno de los temas de este trabajo cuyo título no puede ser más revelador, desesperanza, y que incluye momentos magistrales como 4 degrees, I don't love you anymore o la homónima Hopelessness, inabarcables en la garganta de esta artista.

Mientras Anohni cantaba, en las pantallas laterales, imágenes de mujeres, algunas de ambiguo rostro, muchas de ellas negras, otras de edad avanzad, algo poco habitual en un festival, que recitaban las canciones junto a ella, o miraban inquisitivas al espectador, una vía directa para dar visibilidad a un colectivo que en muchos países vive oculto bajo una tela.

Las de Jarre y Anohni son tan solo dos de las cerca de la veintena de actuaciones previstas para la sesión nocturna del viernes del festival Sónar, en los cuatro escenarios repartidos en el recinto de Fira Gran Vía, entre ellos el británico James Blake o el australiano Flume.

Además, el festival continuará este sábado con una última jornada maratoniana, que se prolongará hasta bien entrada la madrugada del domingo, en la que entre otros artistas está previsto que actúen la legendaria banda británica New Order, Skepta, Booka Shade, Boys Noize o Yung Lean, por citar sólo alguno de los integrantes de una lista de cerca de cincuenta nombres.