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The Good Doctor Freddie Highmore: "Es un estereotipo pensar que las personas con autismo no tienen emociones"

AXN emitió anoche el último episodio de la segunda temporada de ‘The Good Doctor’, todo un fenómeno ‘seriéfilo’ con un Freddie Highmore que sobresale. Hablamos con él sobre la serie y sobre la evolución del doctor Shaun Murphy.

Freddie Highmore, en un episodio de 'The Good Doctor'. AXN

Nota: Este texto contiene spoilers si no se han visto las dos temporadas completas.

The Good Doctor acaba de echar el cierre a su segunda temporada -anoche en AXN- con un capítulo final en el que queda un sabor de boca mucho más dulce que en la pasada, cuando la plantilla del San Jose St. Bonaventure Hospital decía hasta luego con Shaun Murphy (Freddie Highmore) en la cuerda floja laboral y su mentor, el doctor Aaron Glassman (Richard Schiff), asimilando el hecho de tener un glioma. Esta vez las lágrimas han sido de emoción y no de pena. La tanda de episodios que acaba de terminar ha supuesto un salto hacia delante de todos y cada uno de los personajes, pero sobre todo de su protagonista, que empieza a ser capaz de poner nombre a sus emociones, de interactuar con cierta fluidez con la comunidad neurotípica y hasta de mentir.

Todo un reto para un personaje como el que interpreta Freddie Highmore, un actor británico al que el espectador ha visto crecer en la pantalla desde que emocionase al público con su Peter de Descubriendo Nunca Jamás. De aquello hace ya 13 años y el que fuera un niño prodigio del cine se ha convertido en un adulto capaz de inquietar con su versión joven de Norman Bates en Bates Motel y de dar representación a un colectivo con tan poca presencia en la ficción como las personas con autismo en The Good Doctor.

Creada por David Shore, esta serie logró desmarcarse pronto de cualquier tipo de comparación con otras ficciones de médicos gracias a un personaje único. Y no solo porque Murphy aúne en una misma persona autismo y síndrome de Savant. Las primeras comparaciones fueron con otro célebre médico televisivo, House, por aquello de compartir profesión y padre creativo. Pero pronto se descubrió que nada tenían que ver. The Good Doctor se hizo un hueco en el corazón de la audiencia, de la crítica y de la comunidad de personas con autismo, como quedó demostrado en el acto organizado por AXN la noche de lunes con seguidores y el propio Highmore al que acudieron representantes y personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA).

Highmore, quien reconoce en su entrevista con Público y un reducido grupo de medios no haber sentido presión por las comparaciones con House, asegura que ese peso le venía por otro lado. “Había presión en cuanto a representar el autismo de la forma más auténtica posible. Queríamos todos hacerlo bien”, explica. El viaje del doctor Murphy, residente de cirugía, ha sido (y lo seguirá siendo) complicado, lleno de baches y de tropiezos en el camino. La mayoría de ellos, por culpa de los prejuicios. Sin embargo, la evolución en la segunda temporada ha sido evidente. “En cada episodio, Shaun va cambiando. Eso es importante. Creo que en la segunda temporada ha encontrado su voz, sobre todo al final, con el doctor Han [Daniel Dae Kim]. Y también ha tenido que cuidar del doctor Glassman. Su relación se ha invertido. Desde que se conocieron, Glassman se ha ocupado de Shaun; fue su mentor, pero con el cáncer Shaun tiene que cuidarle”, resume Highmore.

Las emociones siempre estuvieron ahí

The Good Doctor, a través de su protagonista principal, se enfrenta a la diferencia a través de la mirada de un joven sin maldad, de una sinceridad arrolladora -su condición le hace muy difícil mentir- y sin filtro en muchas ocasiones. Shaun se pierde con las convenciones sociales, pero tiene intención por aprender. Quiere ser cirujano y para ello resulta inevitable el trato con los pacientes. Ese es su punto débil, aunque haya mejorado mucho en ese aspecto en la segunda mitad de la temporada que acaba de terminar en AXN. Empieza a ser capaz de poner nombre a esas emociones que siempre estuvieron ahí y, con mucho esfuerzo por delante, quizá llegue a saber transmitirlas.

“Ha crecido, pero Shaun siempre ha tenido emociones, desde el principio de la serie. Es un estereotipo que la gente crea que las personas con autismo no tienen emociones. Él siempre tuvo esos sentimientos en su interior y creo que solo está aprendiendo a cómo comunicárselos a la gente neurotípica”, resume el actor británico, que se defiende en un casi perfecto castellano. Una parte muy importante de la preparación de un personaje tan complejo como este ha estado en la lectura de literatura sobre el autismo, en documentarse por todas las vías posibles -cuentan con un consultor en la serie-. La otra parte ha sido darle forma. Y ahí el mérito es todo de Highmore, capaz de transformarse por completo. “Hay que estar fluido en el momento y esa es la parte más difícil de describir, cuando estás ahí en el escenario y mientras estamos todos filmando tienes que reaccionar a lo que está pasando alrededor”, explica Highmore.

‘The Good Doctor’ más allá del autismo

Una de las cosas que maneja muy bien The Good Doctor, y quizá por eso es por lo que ha convencido a tanta gente, es que no se centra solo en el autismo de su protagonista. Es cierto que es el eje central, el sello distintivo, pero no se limita a ello, sino que explora las ramificaciones que de ahí se derivan adentrándose en cómo esa particularidad afecta al resto de personajes. Dice Highmore que interpretar a Shaun le ha hecho “mejor persona” al tiempo que ser menos cínico, librándose de ese cinismo que, según él, es tan típico de los británicos, como reconoce entre risas. Y como le pasa él, le ocurre a casi todos los que rodean al doctor Murphy en la serie. Su forma de ver el mundo enciende debates profundos sobre la sinceridad, la verdad y los límites de esta, pero no son los únicos.

En The Good Doctor los guionistas aprovechan cada caso clínico para abordar un tema distinto y generar una conversación de calado aportando distintos puntos de vista. Religión, superficialidad, amor, amistad, maltrato infantil, anorexia, feminismo, micromachismos, familia, abandono… Todo tiene cabida en esta serie sin que resulte ni forzado ni metido con calzador. Al final, todos estos temas que llevan al hospital los pacientes junto con sus síntomas y enfermedades son una forma eficaz de conocer un poco más a cada uno de los miembros del equipo, cómo piensan y cómo sienten.

Highmore, que está involucrado también en el proceso creativo -ha escrito y dirigido uno de los episodios- lo explica a la perfección: “Siempre viene de algo emocional, cómo cada historia que estamos contando puede afectar a los protagonistas de la serie y cómo ayuda a contar la historia de Shaun, del doctor Glassman, de Meléndez [Nicholas Gonzalez] o de quién sea. No es una serie que intente ser política o didáctica en un sentido u otro, pero creo que se trata de contar historias que resulten interesantes para los personajes de alrededor, obviamente tocando temas importantes pero en un plano emocional. Una de las cosas interesantes de las series de médicos es poder explorar la humanidad en profundidad y a niveles personales. A través de temas específicos llegamos a temas más amplios, no es solo ver la situación de Shaun, sino cómo él conecta con otras personas de una manera más amplia”.

Y, aunque no sea tema central, la política también está muy presente a través de las altas esferas y del consejo que se encarga de gobernar un hospital que para ellos no es más que una empresa. “Toda esa política nos ayuda a ver la discriminación a la que la gente se enfrenta cuando está buscando trabajo o ya está en un trabajo”, sentencia el actor.

Aquí no se aprende de medicina

En cuanto a lo que ha aprendido después de dos temporadas interpretando a un cirujano, asegura que nada. “Creo que cuanto más casos médicos hago, más peligroso sería que yo fuese un médico de verdad porque tengo un gran conocimiento acumulado falso”, bromea. Lo dice porque si bien en lo referente al autismo buscan ser lo más realistas posibles, cuando se trata de temas médicos a veces no queda otra que inventar o acortar por el bien del ritmo de la serie. “Por lo que me dicen, son todos casos reales, pero a veces hay que encontrar un atajo porque una operación que dura 10 horas hay que hacerla en la pantalla en dos minutos”.

Eso no es realista, cierto, pero sí lo es que los médicos se equivoquen en su diagnóstico y que algunos pacientes mueran. Es imposible salvar a todos. En The Good Doctor muere gente y eso le otorga un plus de credibilidad. “Es algo que queremos hacer también en términos de representar el autismo. Shaun no es un superhéroe y va a cometer errores. Es un ser humano, una persona con autismo y también con síndrome de Savant, pero no es que pueda salvar a todos, estamos contando una historia real”, sentencia Highmore.

La tercera temporada, cuenta su protagonista, ya está en marcha. La semana que viene se reunirán los guionistas para ir dándole forma y el rodaje de los nuevos episodios empezará en junio.