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A Thor rogando y con el mazo dando

El dios del trueno regresa con una secuela de puro entretenimiento insustancial en la que destaca el genial Tom Hiddleston como Loki

EUROPA PRESS

 

El mazo del dios del trueno vuelve a golpear la cartelera con Thor: El mundo oscuro, la segunda aventura en solitario del personaje de Marvel que vuelve a estar protagonizada por Chris Hemsworth, Natalie Portman y un genial Tom Hiddleston.

Esta cinta dirigida por Alan Taylor -director curtido en series de renombre como Juego de Tronos, Mad Men o Los Soprano- es el segundo título de la Fase 2 de Marvel que arrancó con Iron Man 3 y culminará con la secuela de Los Vengadores en 2015. Precisamente al desenlace de la primera reunión de los superhéroes de Marvel (fin de la Fase 1) es donde debemos remontarnos para ubicar a Thor y sus circunstancias.

De regreso a su Asgard natal, Thor tiene a su hermanastro Loki preso tras intentar conquistar la Tierra y a su padre Odín apurándole para que asuma las responsabilidades del trono y se case con una moza del lugar. Todo esto mientras su amada, Jane Foster, está en otro planeta... y de morros.

La chica, a la que vuelve a dar vida Natalie Portman, lleva ya un par de años sin saber de su rubicundo y endiosado hombre más que por las noticias. Y es que, en lugar de pasear con ella de la mano por Hyde Park, Thor prefirió coger el mazo y juntarse con Hulk, Iron Man y el resto de sus amigotes de las mallas ajustadas en la mediática Nueva York para repeler a mamporros la invasión alienígena capitaneada por Loki.

En estas está nuestro héroe, añorando a su científica terrícola, cuando las cuitas del pasado vuelven a ponerle en jaque. Es lo que tiene contar con una historia tan milenaria como la de Asgard, lo que no faltan son viejos enemigos. El que nos ocupa y nos preocupa ahora es Malekith, el señor de los elfos oscuros que -era de esperar teniendo en cuenta el título que ostenta- quiere sumir al universo en la más absoluta de las tinieblas.

Con estos mimbres, aderezados con las grandes dosis de acción y efectos especiales tridimensionales que el género de moda exige, se nos presenta la nueva superproducción de Disney. Un entretenimiento bastante digno, aunque algo impersonal y repetitivo, en el que, una vez más, el malo es lo mejor.

Tras tres películas dando vida a este dios nórdico hecho superhéroe, Chris Hemsworth sigue siendo -en dura pugna con el Capitán América de su tocayo Evans- el menos carismático de todos los taquilleros personajes de Marvel. Pero no por suerte hay un gran villano y el lastre que supone que Thor sea menos expresivo que el martillo que empuña lo compensa Tom Hiddleston, de nuevo genial en su papel de Loki.

El londinense encarna a un malo bipolar, perspicaz, impredecible y muy gracioso y es de largo quien más brilla en este mundo oscuro en el que la siempre amable presencia en pantalla de Natalie Portman y los excesos de Anthony Hopkins, que tan bien le vienen al drama paterno paternofilial que tienen montado en Asgard, son otros rayos de luz en mitad de tanta rutinaria tiniebla.

Y es que, más allá de algún guiño a Juego de tronos, la mano del nuevo director Alan Taylor se nota, para bien o para mal, más bien poco. El que dicen será responsable de la quinta entrega de Terminator filma con pulcro oficio, y con un correcto 3D, las espectaculares escenas de acción.

Aseada eficacia pero sin brillantez ni sello propio en un producto ya visto que, salvo la 'fagocitación interdimensional' que hace más divertida la batalla final, no aporta nada nuevo. Y es más allá de mandobles y mamporros, en los pasajes asgardianos propios de una tragedia griega, donde más añoramos las hechuras shakesperianas de Kenneth Branagh.

El guión tampoco ayuda mucho a elevar la nota del conjunto. Un libreto en el que han metido la pluma hasta cinco nombres distintos y que, sin ser desastroso, sí cuenta con evidentes lunares a la hora de hacer su encaje de bolillos cosmológico y de ubicar aquí y allá el dichoso éter, la poderosísima y antiquísima arma (otra más) con la que el villano pretende devolvernos a todos a los tiempos anteriores del Big Bang.

Algunos golpes (unos buenos y otros no tanto) de humor disparatado y la música de Brian Tyler, que sí mejora claramente la partitura de Patrick Doyle para la primera entrega, completan el nuevo pastel de Marvel. Un producto sin el encanto ni la personalidad del sabor artesanal, pero muy disfrutable y cuya guinda, como es costumbre de la casa, se pone tras los títulos de crédito. Y esta vez la recompensa para los más pacientes es doble. Que aproveche.

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