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Tipos para el recuerdo

Letreros que son parte de la memoria de la ciudad, parte del diseño y de la arquitectura. La Fundación Signes recuperará los rótulos en peligro de extinción. 

ISABEL REPISO

No llego al corazón de la ciudad hasta que no me descubro callejeando por un vecindario estrecho, donde los claxon son una anécdota. Y mientras alzo la mirada a los balcones engeraniados me pregunto dónde estaré. Me responde un letrero abollado, de letras blancas y fondo azul. Su visión me devuelve al olor del pan recién hecho, en el pueblo de mis veranos. Algo pasa cuando una ciudad te hace rebuscar en los bolsillos de los recuerdos. Efectos lacrimógenos, ganas de contar... El letrero me habla de la calle por la que paso. Hago una foto con el móvil y veo más comercios que enmarcan su puerta con un letrero de otra época.  

La Fundación Signes ha puesto en marcha Al rescate! una iniciativa de recuperación de rótulos antiguos para formar un legado identitario de abajo a arriba: que parta de los viandantes y termine en la conservación de esas señales. “La participación ciudadana es esencial para localizarlos”, declara Nèlida Falcó, directora de la fundación. El proyecto cuenta con una página web a la que enviar los datos de ubicación del rótulo para que Signes se ponga en contacto con el propietario del inmueble. Si el edificio no corre peligro de desaparecer, el objetivo es restaurarlos y mantenerlos en su sitio. De otro modo, se irán coleccionando hasta engrosar un fondo lo bastante nutrido como para que puedan disfrutarse públicamente. “El objetivo no es atesorarlos sino exponerlos”, recuerda.

 

Jordi Portabella, del Institut del Paisatge Urbà i la Qualitat de Vida de Barcelona, tiene una teoría sobre la atracción que ejerce el entorno en los vecinos de un barrio: “Las ciudades las hacemos las personas, con nuestra vida diaria y las aportaciones individuales y colectivas. Pero a menudo son las pequeñas cosas las que acaban por conferirlas un carácter. Tal vez no tanto por si mismas, sino porque la gente del barrio las aprecia y las incorpora al paisaje sentimental de su vida cotidiana”.

Como es un trabajo en equipo, Falcó ha querido formar una red de colaboración en la que estén presentes desde los colegios de arquitectos al propio Institut del Paisatge Urbà. Y tampoco descarta dirigirse al Ayuntamiento de Madrid para involucrarlo en el proyecto. No en vano, una de las claves de Al Rescate! radica en hermanar diseño gráfico y arquitectura. Un hecho que enriquece la causa al escarbar, unos y otros, en la intrahistoria de la ciudad. “No se trata de una mera catalogación, sino de ir más allá. Detrás de cada rincón hay una memoria, una historia del grafismo y unas vivencias”, puntualiza Ricard Barrera, gerente de Paisatge Urbà. Una identidad que, en el caso de Barcelona, conserva secretos mudos “como que una losa de mármol con dos orificios silencie las horas de espera de las prostitutas de la pensión Lolita”.

Es inevitable ligar Al rescate! con una moda por el revival –de la que ni siquiera reniegan unos grandes almacenes en su campaña de rebajas– y, sin embargo, Barrera se resiste: “Preservar lo histórico no es necesariamente nostálgico. Lo viejo y lo nuevo no tienen por qué estar reñidos. Es más, su combinación puede ser de lo más sugerente”, explica.

Desde que el filósofo Jürgen Habermas (Düsseldorf, 1929) indicó la responsabilidad directa del diseño gráfico en el skyline (por encima incluso de la arquitectura), el interés por el rotulismo siempre ha ido a más. Tanto es así que la proyección de un edificio ya no es ajena a detalles tan reveladores como el diseño de los caracteres que incorporará, aunque existan ámbitos en los que dicha unión no pueda fraguarse al cien por cien. El ejemplo más flagrante lo encontramos en los aeropuertos, donde existe una homologación del tratamiento gráfico y pictográfico que deja pocas alas a la creación.

La concienciación es tal que hasta el diseñador Enric Satué (Barcelona, 1938), Premio Nacional de Diseño 1988, es partidario de planificar la tipografía urbanística porque teme que la proliferación de rotulaciones estridentes contamine el entono visualmente. “Esa responsabilidad cívica y cultural no puede quedar eternamente en manos de los comerciantes”, reivindica públicamente.

 

El artista alemán Kurt Schwitters (1887-1948) adivinó las potencialidades de la forma tipográfica al rechazar que fuera una simple representación textual. Como en todo, la armonización del edificio y la rotulación tiene sus secretos, sobre todo cuando esta última debe insertarse en un entorno ya dado. Una investigación que dé cuenta del contexto histórico y simbólico en el que se inscribirá el texto parece fundamental para que converjan. Otro recurso socorrido es acudir a los tratados de oftalmología, que consideran que una letra de 7,5 centímetros es legible a una distancia de 50 metros. A mayor tamaño, mayor descompensación de escalas entre el grafismo y el propio edificio.  

La proliferación de las metrópolis y la ampliación de las ciudades hacia la periferia ha dejado obsoleto el mito del hombre como medida de todas las cosas. La superación de este modelo obliga a mejorar los canales informativos de la propia ciudad, de los que la tipo-pictografía representa una parte muy significativa. Precisamente, sanear el crecimiento metropolitano forma parte de las inquietudes urbanísticas de los órganos gubernamentales, sabedores de que en el futuro la información definirá la ciudad. Mientras, en el ámbito académico, esta preocupación se traduce en la introducción de asignaturas convergentes en los estudios de Bellas Artes, Diseño, Arquitectura, Periodismo y Comunicación Audiovisual.

La tradición señalística de Barcelona y su mimo por conservar la memoria la encumbran como el referente a seguir. El salto al nuevo siglo dio pie a un boom editorial que puso de manifiesto el interés barcelonés por conservar la magia de la ciudad. Una actitud precursora que responde a una sensibilidad especial. “Los pequeños detalles forman parte de ese cariño al entorno”, comenta Barrera.

Las obras que diseccionan sus rincones están llenas de nombres propios con mucho peso dentro del diseño gráfico. Hace siete años Enric Satué publicó El paisaje comercial de la ciudad, un paseo por la rotulación de las tiendas de toda la vida en el centro de la capital. En 2003 el Ajuntament colaboró en la edición de Petits paisatges de Barcelona. Pero sin duda la obra cumbre del rotulismo barcelonés está reunida en Barcelona Gráfica, del argentino América Sánchez (Buenos Aires, 1939), Premio Nacional de Diseño 1992, una exhaustiva compilación del grafismo que se amontona a nuestro alrededor.