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La tiranía de las novedades editoriales que oprime a los sellos independientes

La decisión de una editorial de dejar de publicar novedades por un tiempo, reactiva el debate sobre la sobreabundancia de lanzamientos editoriales. Un modelo que, de seguir a este ritmo, compromete la subsistencia del sector.

Librerias
Las novedades copan el reducido espacio de muchas librerías.- EP

Lo de ir a las librerías como quien va al otorrino parece que ya se acabó. Ahora que la cita previa no es necesaria, el sufrido lector en abstinencia puede internarse en la librería y ejecutar la compra. Nada de merodear, hojear, coger de aquí y de allá, sopesar, incluso oler (en efecto, hay lectores olfativos también); el trámite debe ser llevado a cabo con presteza maquinal.

La reanimación de las librerías se produce en consonancia con la de las editoriales, que van poniendo a punto sus agendas y que han de ir definiendo ya sus próximos lanzamientos, muchos de ellos ya previstos y que han decidido retrasar con el fin de rescatar de la oscuridad confinada aquellos títulos que vieron la luz en marzo.

La situación, en cualquier caso, salvo que estemos ante un conglomerado editorial de hechuras draconianas, es preocupante. Las pequeñas y medianas editoriales se enfrentan, por lo general, a balances maltrechos (cuando no ruinosos) mientras se plantean cómo entrar de nuevo en la rueda. Esa rueda que todo lo engulle y que, grosso modo, condena a la guillotina a uno de cada tres libros que llega a las librerías y que acaban siendo devueltos.

Según el Informe de Comercio Interior del Libro de la Federación del Gremio de Editores de España, el volumen total de publicaciones privadas y públicas (aquí entrarían las de fundaciones, ayuntamientos o universidades, libros autoeditados) ronda los 60.000 títulos anuales. Pero yendo a lo cotidiano, a lo que habitualmente nos podemos encontrar en una gran superficie o en una pequeña librería, un índice en el que fijarse serían los 1.600 libros nuevos que editó en España el grupo Penguin Random House en sus 38 sellos a lo largo de 2019, o los 1.400 del grupo Planeta.

"Muchos piensan, algunos nos dicen, que si te paras el sistema te arrolla"

En este contexto y con el parón de la pandemia mediante, la editorial Errata Naturae parece haber reactivado el viejo debate del volumen de novedades al decidir apearse de esta vorágine de lanzamientos. Desde su cuartel general en las montañas de Trasmiera, sus responsables han tenido a bien entonar un solitario paren que yo me bajo. "Muchos piensan, algunos nos dicen, que si te paras el sistema te arrolla", comenzaba su declaración de intenciones. Una nota en la que vienen a plantear algunas de las miserias del mundo del libro, esas que no faltan en los corrillos sector y que evidencian el desasosiego de un ritmo de producción endiablado.

"No está claro durante cuánto tiempo los editores y el planeta podrán seguir permitiéndose esta situación. Cuando un librero devuelve al distribuidor los libros que no vende, no recibe como tal el dinero que pagó por ellos, sino crédito para adquirir novedades más recientes. Igualmente, el editor responsable de esos libros que nadie leerá no debe realizar una transferencia al distribuidor por la cuantía de esa liquidación negativa, sino que adquiere una deuda. ¿Y cómo afronta esa deuda? Publicando nuevos libros cuyos ingresos la compensan, y que, a su vez, reactivan el crédito del librero". Así resumen desde la editorial lo que tildan como "puro juego triangular de la deuda", un flujo de capital que en ningún momento es real, sino pura virtualidad.

"Ojalá ralentizando el ritmo logremos revertir el modelo"

El debate se lleva larvando largo tiempo. Así lo reconoce Daniel Álvarez, cofundador de la editorial asturiana Hoja de Lata: "Es evidente que se publican demasiados títulos al año en un país en el que el índice de lectura está estancado desde hace mucho tiempo. También que no solo los grandes grupos alimentan esa sobreabundancia de títulos, sino que algunas de las editoriales medianas e incluso pequeñas se suman a esa huida hacia adelante que condiciona la supervivencia del sector".

"La mayoría carecemos del colchón económico necesario para cesar totalmente nuestra actividad"

En cualquier caso, y tal y como apunta Álvarez, se trata de una reflexión que conviene hacer desde que la editorial echa andar, sólo así será sostenible el volumen de publicación que asumes. "El parón de títulos que ahora propone Errata nos parece sensato para quienes hasta ahora publicaban demasiado e inviable para quienes ya publicaban pocos títulos al año. Al apostar por un ritmo de publicaciones sostenible desde el principio, la mayoría carecemos del colchón económico necesario para cesar totalmente nuestra actividad y tampoco deseamos endeudarnos para garantizar nuestra supervivencia. Entre dejar de sobrepublicar y dejar de publicar hay una enorme diferencia".

Dicho de otro modo; la estructura empresarial debe ir en consonancia con el volumen de lanzamientos que has proyectado. El ritmo de novedades impuesto condena a muchas pequeñas y medianas editoriales a sobrevivir en una vorágine que les ha venido dada. "La vocación de la mayoría de las pequeñas editoriales es la de ser sellos de fondo, con títulos de largo recorrido. Ojalá ralentizando todos el ritmo de publicaciones logremos revertir el actual modelo especulativo del sector editorial".

La importancia del fondo es clave sobre todo en la edición independiente. Sin un equilibrio entre lo que se publica y lo que se sigue vendiendo, el destino puede ser infausto. El hecho de que las novedades copen un espacio que podría estar dedicado a catálogo de fondo, compromete y mucho la supervivencia de estas editoriales. En palabras de Blanca Cambronero, editora en Capitán Swing, "la lucha pasa porque nuestros libros tengan visibilidad, que duren en las librerías y que tengan un vida útil mayor, pero debe ser una lucha que analicemos y reivindiquemos en común todos los que conformamos la cadena del libro".

"Un manifiesto poco empático con el sector"

Y ahí es donde surgen las discrepancias. El comunicado de Errata Naturae, compartido con matices por buena parte de la familia del libro, suscita un cierto malestar por pecar de individualista.

"Me parece estupendo que lancen un manifiesto, pero creo que detrás hay cierto interés en hacer ver que ese posicionamiento es algo único, cuando en realidad llevamos mucho tiempo hablando en el sector de que la superabundancia de novedades es un grave problema, creo que se podría haber hecho de una manera conjunta", explica Cambronero.

Una postura que es compartida por Álvarez: "Lamentamos que Errata Naturae haya preferido un posicionamiento individual en lugar de apostar por la reflexión colectiva ya iniciada, y por la búsqueda de salidas conjuntas para todo el sector. En ese sentido, el manifiesto nos parece poco empático con el resto de colegas de sector".