Los titiriteros que fueron a la cárcel: "Nos usaron para perjudicar a Carmena y a Podemos"
Alfonso Lázaro y Raúl García, miembros de Títeres desde Abajo, ingresaron en prisión en 2016 acusados de enaltecimiento del terrorismo, aunque un juez de la Audiencia Nacional terminó archivando la causa.
Madrid-
Alfonso Lázaro y Raúl García, miembros de la compañía Títeres desde Abajo, fueron detenidos hace una década en Madrid cuando representaban La bruja y don Cristóbal. Acusados de enaltecimiento del terrorismo, los encarcelaron durante cinco días. Meses después, un juez de la Audiencia Nacional archivó la causa. Con motivo de su décimo aniversario, los titiriteros salen de gira con la misma obra, programada en su día por el Ayuntamiento gobernado por Manuela Carmena. Según Alfonso Lázaro, el caso fue utilizado política y mediáticamente para "atacar" a la alcaldesa de Ahora Madrid y a Podemos.
- ¿Cómo recuerdan el día de la detención?
- No queremos tener muy presente ese día ni darle muchas vueltas, pero no olvidamos cuando llegaron los coches de policía, nos identificaron, nos detuvieron y nos llevaron a comisaría.
- Por si alguien no lo recuerda, ¿cuál era el tema de la obra y qué motivó la acusación de enaltecimiento del terrorismo?
- La bruja y don Cristóbal es una obra antiautoritaria que critica la violencia estructural (la Iglesia, la propiedad privada, el patriarcado, la represión política y policial, etcétera), representada por diferentes personajes. Nos detuvieron por una escena en la que denunciamos los montajes policiales, como el que sufre la protagonista, acusada de terrorismo tras atribuirle la pancarta de "Gora Alka-ETA". Esa fue precisamente la excusa para denunciarnos por enaltecimiento del terrorismo, porque también nos acusaron de incitación al odio, aunque ninguno de los personajes de la obra pertenecía a un colectivo vulnerable: ni el juez, ni el policía, ni la monja…
- Una acusación que no se sostenía.
- Fue absurdo, porque hablamos de una obra de ficción y porque el "Gora Alka-ETA" se malinterpretó, ya que la pancarta es una prueba falsa colocada por el personaje del policía para incriminar a la protagonista, a la que ha dejado inconsciente. Además de no entender el concepto de la obra, eso se descontextualizó totalmente.
- No ayudó que en una escena un juez sea ahorcado.
- De hecho, cuando pasamos a disposición judicial, fue una de las primeras preguntas que nos hicieron: "¿Es verdad que se ahorca a un juez?". Sin embargo, es una dinámica tradicional de los títeres de cachiporra en Europa, sea un juez, un verdugo u otro personaje.
- Estuvieron cinco días en prisión preventiva por una obra de ficción. ¿Creen que fue un mensaje político y un castigo ejemplarizante?
- Fue un castigo ejemplarizante, pero también aprovecharon el caso para atacar a quien nos había contratado, el Ayuntamiento de Madrid, cuya alcaldesa era Manuela Carmena.
- Llegaron a estar un día en régimen FIES: ¡qué peligro tendrán dos titiriteros!
- Fue un sinsentido…
- Ustedes habían advertido de que la obra, además de "antipedagógica", no era apta para todos los públicos. Sin embargo, el Ayuntamiento de Madrid presentó una denuncia por incumplimiento de contrato, argumentando que el espectáculo no era adecuado para niños.
- Sí que conocían el contenido de la obra, pero en algunos sitios figuró por error que estaba destinada al público infantil. Como vimos que había bastantes niños y niñas, antes de comenzar la función avisamos de que no era una obra infantil. Luego, Carmena calificó la obra como "deleznable" y nos denunciaron, aunque tampoco nos esperábamos mucho del Ayuntamiento de Madrid, la verdad. Sabíamos que era gente que jugaba en unas líneas mediáticas y en unos discursos determinados. Cuando vieron que les iba a caer mucha mierda encima, reaccionaron para salvarse las espaldas, en vez de asumir su error y defendernos.
- ¿Creen que fue un caso de lawfare contra Podemos y los llamados ayuntamientos del cambio?
- Claro, el caso fue utilizado política y mediáticamente para atacar y desprestigiar al Ayuntamiento de Madrid. Nos usaron para perjudicar a Manuela Carmena y a Podemos.
- Aunque también recibieron muchos apoyos, ¿cómo les afectó el encarcelamiento y el linchamiento mediático?
- Nos afectó de muchas maneras. Yo me iba a instalar en Barcelona, pero tuve que quedarme en Granada. Anulé la mudanza y cambié todo mi plan de vida. Y a nivel laboral, algunas compañías dejaron de llamarme para trabajar como técnico de iluminación porque tenían miedo a perder contratos.
- ¿Y cómo afectó a su carrera de titiriteros?
- Es difícil de valorar, porque Títeres desde Abajo no estaba muy metida en circuitos institucionales o redes de teatros, aunque en un par de ocasiones se echaron atrás después de encontrar información sobre nuestra compañía.
- ¿Qué significa para ustedes volver a representar la obra después de todo lo ocurrido?
- Al cumplirse el décimo aniversario hemos querido priorizar los sitios que estuvieron muy implicados en nuestra defensa. Nos hace mucha ilusión volver a ver a las personas que estuvieron con nosotros dándolo todo en aquel momento.
- ¿Ha habido alguna modificación en la obra?
- El formato es más pequeño para poder viajar en avión, aunque la dramaturgia es igual: el juez, la monja, la pancarta, etcétera.
- Tras la experiencia, ¿se han autocensurado alguna vez al crear nuevos espectáculos?
- No, pero a veces lo tenemos presente cuando se nos ocurre algo. Sin embargo, no nos ha condicionado a la hora de crear.
- ¿Se sintieron un símbolo de la libertad de expresión?
- En absoluto. No fuimos unos adalides de la libertad de expresión. Nuestro caso fue el más mediático, pero en aquel momento represaliaron a mucha gente por diversas causas.
- ¿Es ahora un mejor momento para hacer sátira política?
- Ha cambiado el público. O, más bien, lo que el público quiere o permite ver. Es decir, ahora hay más cultura de la cancelación que antes. Y eso puede hacer que algunos creadores eviten ciertos temas en sus espectáculos porque no son políticamente correctos o por otros motivos, lo que iría en detrimento de la libertad de expresión. Respecto al contexto represivo, el Código Penal sigue siendo el mismo.
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