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Valle de los Caídos Escritores que se enclaustraron en el Valle de los Caídos en busca de inspiración

Dos reconocidos creadores como Javier Fesser y Juan Gómez-Jurado se han recluido en la hospedería del Valle para escribir guiones y libros. Con anécdotas sobre sus vivencias revelan una imagen desconocida del lugar, lejos de su carga política. 

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Vista desde una de las habitaciones de la hospedería Santa Cruz. / Tripadvisor

Bajo la sombra de una faraónica cruz llevaba todo un país meses murmurando, esperando la llegada de un día tan polémico como trascendental. Este jueves, se escribían desde el Valle de los Caídos unas líneas que ya forman, de manera inevitable y perenne, parte de la historia del país. El dictador Francisco Franco era exhumado tras casi 44 años yaciendo en la basílica. Estas históricas líneas llegan, sin embargo, ajenas al hecho de que no eran la única tinta que se había trazado en aquel enclave en los últimos tiempos. Otros también llevaron sus plumas hasta allí recientemente, aunque con propósitos bien distintos.

Bajo la misma sombra de esa cruz, Juan Gómez-Jurado había escrito gran parte de sus novelas más recientes como Loba Negra, obra que publicó el mismo jueves de la exhumación y narra las andanzas de Antonia Scott, protagonista de su anterior libro, Reina Roja. También pasó por allí Javier Fesser, que de su fallido intento de crear un nuevo guion cinematográfico en el Valle acabó publicando unas breves memorias sobre su anodina estancia en el lugar. 

Coronada por el techo negro de pizarra propio de la sierra madrileña, a pocos metros del hasta ahora mausoleo franquista y dentro del propio complejo del Valle de los Caídos se encuentra una hospedería llamada, como no podía ser de otra manera, Santa Cruz. El gigantesco crucifijo, además de sombra, también bautiza de manera inevitable todo aquello que le rodea. Erigida en lo que antaño era un monasterio, no es precisamente un lugar sospechoso de albergar la creación de textos y obras literarias. Sin embargo, su reconditez y absoluto aislamiento la convirtieron en un sitio idóneo para que estos dos autores le dieran una oportunidad para realizar un retiro creativo. 

El pasillo de la hospedería. / Hospedería Santa Cruz

El primero que se lanzó a elegir este improbable escenario como lugar de trabajo fue Javier Fesser. En 2005, el cineasta se desplazó hasta el Valle «con la intención de alojarse por unos días en el interior de aquella paz sin el contratiempo de tener que ser monje y poder abordar la escritura de un nuevo guión cinematográfico», según reza el propio libro que escribió al respecto. Sin embargo, al llegar allí, según declaró a Cadena SER entonces, sus planes se vieron trastocados: "Me explicó el padre Luisardo, hospedero, que esto no era un hotel, chavalín, y que iba a estar allí hospedado, pero iba a hacer vida de monje y compartir los oficios con ellos". 

"Si Dios estuvo de acuerdo con la construcción de este templo podría haber dejado hecho el boquete cuando creó la montaña", Javier Fesser

Del guion no escribió una sola palabra en los tres días que durmió allí, pero las vivencias de su breve retiro le dieron para algo más de cien páginas que recogió en clave de humor en su libro Tres días en el Valle. «Si Dios estuvo de acuerdo con la construcción de este templo podría haber dejado hecho el boquete cuando creó la montaña», comentaba en este texto Fesser sobre la magnitud de la obra franquista. 

«El no tener cuarto de baño me exime de asearme», puesto que los monjes «tampoco se han cambiado de ropa y siguen de negro», relataba el director al respecto de su estancia forzosamente muda, pues los 27 monjes benedictinos que le acompañaban cumplían con devoción un voto de silencio

Juan Gómez-Jurado llegó siguiendo el ejemplo de Fesser, aunque reconoce que nunca ha hablado directamente con él sobre ello. En cambio, fue Arturo González Campos, su compañero de andanzas en los podcast de Todopoderosos y Aquí hay dragones, quien le ilustró sobre el caso del cineasta cuando el escritor buscaba un lugar tranquilo donde retirarse a escribir. 

Una de las habitaciones de la hospedería, coronada por un crucifijo. / Hospedería Santa Cruz

Para ello se apartó de la carga política del lugar con la que no comulga y le dio una oportunidad. "Yo necesito largos periodos de estar, a lo mejor un mes, trabajando y a solas en mi cabeza. Podría haber elegido cualquier otro sitio, sí", pero escogió este por varias condiciones como "el aislamiento, el ser económico y que no hay cobertura", comenta el escritor en declaraciones a Público. "De repente, todo el mundo me deja en paz", sentencia. 

Dentro de una exigente rutina que no le deja mucho tiempo a la observación, Gómez-Jurado reconoce haber encontrado un gran contraste entre la tranquilidad nocturna y las agitadas mañanas de visitas turísticas. Por la noche, el escritor recuerda estar apostado en las ventanas observando los jabalíes que se acercan al establecimiento.

En cambio, a primera hora recuerda un encuentro entre dos franquistas portando banderas anticonstitucionales y las multitudes de japoneses que llegaban llenando autobuses turísticos. "Había un padre con su mujer y dos niños y vieron que estas dos personas estaban ahí levantando el brazo con su luxación de codo. Le hizo un gesto con la cabeza al resto y levantaron el brazo también y se hicieron una foto. Es curioso como para ellos no significa nada algo que para nosotros puede ser horrible", comenta. 

Anécdotas de dos autores que revelan una cara desconocida y relajada de un lugar tan proclive a polémicas y tensiones como es el Valle de los Caídos. Una cara alejada de la sombra de su cruz, y del dictador que yacía bajo esta.