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Venganza bajo cero Liam Neeson: "Crecí en Irlanda del Norte y recibí una lección muy precoz de que la venganza no funciona"

El actor, en un giro inesperado, vuelve del revés a sus personajes de hombre dispuesto a la venganza en la nueva película de Hans Petter Moland, 'Venganza bajo cero', violencia y revancha en medio de una nieve muy blanca y un humor muy negro.

Liam Neeson, a la derech, junto al director de 'Venganza bajo cero', Hans Petter Moland, en Madrid.

En medio de las altas temperaturas del verano, toda la nieve, mucha, de la estación de esquí de Kehoe (Colorado) en la que se sitúa la acción de Venganza bajo cero alivia, pero lo auténticamente refrescante es ver a Liam Neeson, un gran actor, dando, por fin, una vuelta de tuerca a los papeles que ha hecho en los últimos años de hombre normal o retirado, atormentado y dispuesto a la venganza. Era todo, o solo, acción, sangre y gesto demasiado adusto para películas blockbuster.

"¿Cansado, viejo?" le pregunta uno de los malos mientras él, en su nuevo papel de Nels Coxman, le golpea sin piedad. "Sí", es la respuesta. Y sigue golpeando. Neeson, irlandés, 67 años, siempre ha valido para todo, lo mismo para un roto que para un descosido. Tiene talento de sobra –y presencia imponente– para la comedia romántica (Love Actually), para cine histórico (La lista de Schindler), político (Michael Collins), de autor (Maridos y mujeres, Gangs of New YorkDesayuno en Plutón)…

La oportunidad, ahora, de salir del esquema del cine taquillero sin alma se la ha dado el noruego Hans Petter Moland, en el remake de su propia película Uno tras otro.

Neeson es otra vez –y ya son muchas– un padre que busca vengar la muerte de su hijo, pero a las órdenes de este cineasta su decisión adquiere sentido. Siguiendo el rastro para averiguar quién fue el asesino, se mete en medio de una letal guerra entre narcotraficantes narrada con mucho humor negro. Cuando más severo es el gesto del actor, más divertido es todo. "Ser lo más serio posible hace que destaque el humor", dice en una entrevista en Madrid, en la que le acompaña el director.

Dos docenas de muertos, con sus cruces y sus nombres (por orden de desaparición), van cayendo en esta película, acción y violencia sin cuartel en medio de unas impresionantes montañas. "Esas inmensas cordilleras llevan millones de años observando la caída de la humanidad", dice el cineasta, que describe al personaje de Nels Coxman como un hombre, conductor de una máquina quitanieves, que hace el trayecto desde esas montañas a la civilización.  "Es una metáfora de esa naturaleza salvaje tan inmensa y de la interacción humana", añade.

—Con ésta ya son muchas las películas en las que mandaba la venganza. ¿Después de ésta volvería a hacer una de las anteriores?

—Si hay suficiente dinero, sí.

Y el aire silencioso y serio de Liam Neeson se transforma en una genial sonrisa, con la que revela toda la complicidad que ha tenido con la sátira, la comedia negra y también la violencia y tragedia de la película. "Mi intención –dice inmediatamente el director– ha sido burlarme de todos esos personas que piensan que la venganza es una solución viable para abordar los problemas de uno".

"La sed de venganza –dice Liam Neeson– existe en todos los hombres, pero ninguno consigue ver el poder destructivo que tiene. Es una muy mala idea vengarse. Crecí en Irlanda del Norte, pasé quince años allí y vi esto que digo en amigos, compañeros… que se implicaron en la venganza. He visto la destrucción que conlleva la venganza. Recibí una lección muy precoz de que la venganza no funciona". Entonces, el actor saca de su bolsillo un papel y lee: "Marco Aurelio, que era un emperador, dijo que son peores las consecuencias del enfado que sus causas".

—A propósito, el conflicto en Irlanda del Norte todavía sigue, aunque se silencia.

—Si se aprueba el Brexit, lo cual es potencial todavía, ese conflicto que sigue ahí podría de nuevo dispararse. Nadie sabe aun lo que podría pasar.

Y de Europa a Estados Unidos. De vuelta, Liam Neeson confiesa que vio la película original de Hans Petter Moland y que cuando le propusieron una transferencia al público americano, le intrigó y le interesó mucho, "sobre todo por el papel que tienen en ella los nativos americanos. Los nativos como parte del narcotráfico, eso nunca se ha visto en Hollywood. Están peleando en su tierra, en lo que fue su territorio. Cuando vi la escena de Tom Jackson (actor canadiense nacido en la reserva de Saskatchewan) en la estación de esquí, al aire libre con los brazos abiertos celebrando la naturaleza, me enganchó de un modo extraordinariamente hermoso. Esa es una dimensión que no está en la película original. El hecho es que toda esa tierra es suya, de los nativos", explica Neeson.

Venganza bajo cero, que cuenta con algunas escenas hilarantes, hace un tratamiento de la violencia desproporcionado, escuela Tarantino, con la que el cineasta asegura que así "la violencia se entiende de otra manera. Es todo lo contrario a banalizarla. Aquí se dice que todas los hombres son malos, pero todos son seres humanos".

"Las mujeres y el niño de diez años son los únicos que entienden lo mala que es la violencia y la venganza", apostilla Neeson, que se revela incapaz de unir en una sola línea su trayectoria desde películas como La lista de Schindler a ésta. "Además, Steven Spielberg hizo una película extraordinaria, pero nunca me identifiqué plenamente con ese papel. Él quería que mi personaje mostrara que era amigo del comandante nazi, un tipo del que vi grabaciones y que se molestaba si el atardecer no era perfecto porque sus invitados no iban a ver el atardecer que él quería. Me parecía muy confuso todo eso".

—Algunos dicen, a propósito de toda esa saga de películas de venganza, que es usted el heredero de Charles Bronson…

–¿Bronson? ¿Cómo se llama el actor este británico…? Jason Statham. Ese sí que es el heredero de Bronson.

Y entonces, este veterano con fama de taciturno y reservado, hace una divertida imitación de Charles Bronson, el duro, golpeando la mesa y apretando los labios. Y es que Liam Neeson también vale para la comedia.