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Alonso colapsa Valencia

La presencia del asturiano junto al resto de pilotos de Fórmula 1 provocó la afluencia masiva de aficionados al circuito de Cheste

SALVA TORRES

Esta vez no hubo niebla. Lució un sol primaveral. Fernando Alonso lo agradeció. Y la afición también. Acudió en masa al circuito Ricardo Tormo de Cheste para ver al piloto asturiano conducir por primera vez su nuevo R28. ¿Para verlo? "Ha sido visto y no visto", se quejaba uno de los espectadores agolpados en la grada superior que daba a la carpa de Renault.

Mientras los motores rugían a sus espaldas, numeroso público aguardaba la salida de Fernando Alonso en dirección a boxes. Los fotógrafos acreditados lo hacían junto a la carpa. Y Alonso apareció en medio de un tremendo griterío. Con un jersey blanco de cuello alto y el mono anudado a la cintura, el bicampeón mundial saludó con gesto concentrado para seguir con las pruebas de su monoplaza. Los Ferrari iban como balas. Su R28, quinto.

Los cerca de 40.000 espectadores que acudieron al segundo día de pruebas apenas dieron importancia a los tiempos. "Lo está probando y, cuando empiece el Mundial, a ganar otra vez con Renault", aseguraba un grupo de asturianos, fieles a su paisano. "¡Ah, sí, vamos con él a todos los sitios!", proseguían entusiasmados. La bandera asturiana, azul como el cielo de Cheste, les arropaba. Al igual que lo hacían las camisetas azules de la escudería Renault entre decenas de aficionados. El tirón de Alonso es evidente. Por eso es lógico que en un puesto cercano anunciaran la "liquidación total" de las "gorras McLaren" a 5 euros.

Los Ferrari, en cabeza

Las gradas del Circuito Ricardo Tormo estaban a rebosar. El día festivo en Valencia acompañaba. Todos encantados de ser "los primeros en ver a Alonso de nuevo con Renault", según apuntaban un par de jóvenes. Diez de las 11 escuderías que competirán por el Mundial dentro de un par de meses probaban sus monoplazas.

Cuatro kilómetros de pista y 18 curvas servían para tomar las primeras referencias. Raikkonen y Massa seguían mandando y distanciando a sus rivales. El público, entretanto, se divertía. En una pancarta podía leerse: "Hamilton, mamón, conduces como Farruquito".

La Generalitat aprovechó la ocasión para dar a conocer el Gran Premio de Europa, que se celebrará en agosto sobre el trazado urbano de Valencia. La reproducción de un Fórmula 1, bajo una carpa, servía al público para hacerse fotografías. El presidente Francisco Camps y Flavio Briatore, responsable de Renault, comían juntos en el circuito de Cheste. Camps se vanagloriaba de la enorme afluencia de público, y del ejemplo organizativo que preludiaba al de agosto.

Quejas por el transporte

Algunos aficionados discrepaban. "He tenido que venir en coche y chuparme el atasco, porque trenes hasta aquí no había", se quejaba un hombre. A su lado, varios añadían: "Ya pasó esto mismo hace poco; luego dijeron que iban a poner servicios especiales y seguimos igual". Lo cierto es que los trenes no paraban en el apeadero próximo al circuito Ricardo Tormo. "¡Es la política, imbécil!", que diría uno.

El R28 de Fernando Alonso se paró por un problema mecánico cuando había completado un total de 93 vueltas. El público ni se inmutó. Bueno, sí. Aplaudió a rabiar al piloto asturiano, cuando éste se dirigía a pie a boxes. "¡Alonso, Alonso, eh!" Todos querían atraer la mirada de Alonso hacia los objetivos de su cámara.

Porque cámaras había y muchas en el circuito Ricardo Tormo. Cámaras de aficionados y cámaras de profesionales de la prensa venidos de diferentes partes del mundo. Cheste acogió el espectáculo de la Fórmula 1. El espectáculo en el que Alonso quiere volver a brillar. Las pruebas de ayer le colocan sexto. Los Ferrari le hacen sombra.

Pero la sombra de la escudería italiana no es alargada. Y si lo es, la afición se encarga de iluminar con su presencia las zonas oscuras del pasado reciente. "Ferrari no es imbatible", dijeron algunos. Y los 40.000 de Cheste lo secundaron con tan masiva presencia. Jamás había acudido tanta gente a unos entrenamientos de Fórmula 1.