Estás leyendo: El Atlético se deja

Público
Público

El Atlético se deja

Raúl García y Perea regalan la victoria al Sporting tras otra sesión infumable

JOSÉ MIGUÉLEZ

El Atlético tiene un serio problema. No quiere jugar los lunes por la noche, pero es evidente que no puede salir al aire en horario infantil. Es muy malo. Un horror. No juega y ni siquiera lo intenta. Se aprieta ligeramente para defender y con eso se conforma. Aunque enfrente esté el Sporting, aunque sus obligaciones clasificatorias se le caigan sin remedio, aunque se pierda el respeto. El balón, más allá de para el despeje, nunca es asunto de sus jugadores. Y no parece preocuparles. Dilapidan su imagen y la del club, pero no hay expresión de desesperación en sus rostros, más bien de indiferencia. El Sporting se aprovechó de todo ello, más un extra de regalo, para llevarse los tres puntos, que siempre parecieron interesarle más que a su adversario.

Sólo porque ver al Atlético se ha convertido en un suplicio habría que perdonarle a Forlán el precio de la entrada de hoy. El uruguayo hace tiempo que asiste a los partidos sobre el césped, pero como un mero espectador. Sin implicarse en el juego ni en el resultado. Gesticulando cuando el equipo pierde el balón. Y sin asumir que, por sueldo y caché, ahora que el Kun y Reyes reposan en la enfermería y que a Simao se le ha dado boleto, es su espalda la que debería soportar los galones del equipo. Hace tiempo que Forlán, que nunca ha mirado mucho más lejos de sí mismo, pone cara de que le da lo mismo que el Atlético se arrastre o no.

Quique: "Ha sido un error, que ya es un horror por las veces que se repite"

Y su desidia no se la van a resolver, desde luego, los nuevos. El oxígeno que el club ha buscado en el mercado de invierno tampoco anima a la esperanza. Juanfran tiene regate y una forma afilada de atacar, lo ha demostrado en Osasuna, pero todo lo que intenta por ahora en el Atlético lo hace demasiado lejos del área rival. O sea, en balde. Se obliga a conducciones larguísimas, imposibles de prosperar, y no conecta con sus compañeros. Juega un partido diferente a los demás. Y encima da patadas de más.

Lo de Elías es peor. Menos conocido, no ha mostrado aún un solo detalle que permita definirlo. Traía fama de buen rematador, pero el único disparo que probó hoy lo hizo para desacreditarse, desde una zona complicada y picudo. Muy flojo y muy desviado. Es pronto para negarle, pero cuesta adivinar qué ha observado Pitarch en sus viajes para recomendar su fichaje. Hoy no hizo nada.

Los demás, Raúl García, Valera y compañía, ya saben, una mediocridad que se supera semana a semana. El Sporting tampoco les había exigido. Al menos, los asturianos mostraron más mimo con el balón, más intención ofensiva, más vergüenza. Y aunque más coherentes con sus nóminas, no enseñaron calidad como para apuñalar a su rival, tampoco lo necesitaron. El propio Atlético le hizo todo el trabajo nada más empezar la segunda parte para que le ganara.

"No me preocupa mi futuro; las cosas tienen que ir a mejor"

Un balón raso y blando por el área, descontrolado tras una media vuelta ante Ujfalusi de De las Cuevas, le llegaba a Perea de cara y a Raúl García de espaldas. Ante la perplejidad general, uno por el otro, ninguno buscó la pelota, que pasó de largo mansa para que Barral fusilara a De Gea, el único inocente hoy en la sonrojante, y casi delictiva, dimisión general.

El Sporting aprovechó el golpe para arrimarse un rato ante De Gea, pero luego se puso ya a guardar el 1-0. No le costó, salvo en un cabezazo postrero de Valera. El Atlético no está para nada. Le pasan todos por encima. Los grandes y los pequeños. Y le da lo mismo. Salta al campo, se deja y ya está. No pasa nada. Hoy es lunes igual.