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Carlos Soria, el inmortal: "A los 77 años, no voy renunciar a mis sueños" 

Nació en 1939, el año en el que terminó la guerra civil. Fue tapicero y hoy es el alpinista infinito. El hombre inmortal. Acaba de coronar el Annapurna y ahora va a por el Dhaulagiri. Su reto es completar los 14 ochomiles y compartirlo con nosotros. “Juntos aprenderemos de la montaña”, señala.

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El montañero Carlos Soria.

MADRID.- De él se ha escrito que es el Mick Jagger de las cumbres. Su biografía no se cansa de sorprendernos. El tiempo nos enseñó a no olvidarle y hasta enorgullecernos de él. Nació en el mismo año en el que se estrenó Lo que el viento se llevó o en el que Steinbeck publicó Las uvas de la ira. Los años, sin embargo, no deterioraron su capacidad para soñar. Quizás por eso sigue siendo un tipo fantástico. Un hombre como los que leímos en los cuentos de la niñez, acostumbrado, a los 77 años, a alcanzar las cumbres más duras del planeta. Hoy, Carlos Soria (Ávila, 1939) está de regreso a España tras hacer cima en el Annapurna. El reto de subir al Dhaulagiri lo dejará para el año que viene.

Pero la dureza no cambia nada. La paciencia es la de siempre, enemiga de la jubilación y hasta de los achaques en su rodilla, que ya forman parte de la leyenda. “La gente mayor todavía podemos hacer cosas”, defiende con una pasión que justifica que en su vida haya dormido más de seis años en una tienda de campaña por encima de los 5.000 metros de altitud. Una cosa que se dice y no se cree, pero así es él, Carlos Soria, el alpinista que desafía a lo infinito. “El ver amanecer desde las grandes montañas es un recuerdo imborrable”, explica.

Pregunta.- De usted heredaré esta idea: "No vale la pena renunciar a tus sueños"

Respuesta.- Estoy totalmente de acuerdo con esa frase. Cumplir años es algo que afortunadamente nos pasa y lo que hay que intentar es llegar en las mejores condiciones para poder cumplir esos sueños. Ser mayor no implica renunciar a tus sueños. A los 77 años, yo no voy a hacerlo.

También aprenderé a no quejarme nunca de la edad que tengo

Bueno, sí, claro, el secreto está en adaptarte a lo que uno tiene, a cada situación. Yo también tengo dolores. Mi rodilla de vez en cuando me da toques de atención. Pero hay que saber disimularlos y si te duele la pierna izquierda, lo que hago es no dejar de mover la derecha. No conozco otro remedio.

¿Uno se hace invencible con el tiempo?

No, no… Yo soy como cualquier otra persona pero es verdad que la vida y sobre todo las situaciones que he pasado, le enseñan a uno reflexionar más las cosas, a pararse un segundo y aprender a tomar las mejores decisiones. Pero eso no significa invencible, no, para nada.

¿Qué es entonces?

Nada, simplemente luchar por lo que a uno le gusta, y a veces conseguirlo… Quizá por eso soy un hombre de 77 años que transmite un mensaje a la gente joven: esto no se acaba, esto no se ha acabado. Si uno se cuida, puede seguir, claro que sí. Mucha gente me dice que le doy esperanzas y yo entonces me reflejo en mí mismo. He trabajado mucho. Tuve una infancia muy dura.

Su hija mayor ha cumplido 50 años y usted acaba de coronar un 8.000 en Annapurna. ¿Su biografía no tiene piedad?

No, no, en todo caso, lo que tiene mi biografía es continuidad…

¿Qué se puede explicar al mundo desde la cima del Annapurna?

Que las cosas que se pueden llegar a hacer en la vida son innumerables y fantásticas….

Nació en 1939 cuando terminó la guerra civil española. ¿En qué se puede comparar la posguerra a la montaña?

Bueno, es que habiendo nacido en la posguerra se llevan mejor las situaciones duras…, aunque la dureza sea tan relativa… Mire, yo he tenido una porteadora de 14 años que llevaba 35 kilos a la espalda, y llegaba de las primeras antes que la mayoría de hombres… Era impresionante. Tenía unas facultades increíbles. Ha venido con nosotros a dos o tres expediciones y aguantó cuando muchos se bajaron. A esa chica la traes aquí y la pones a entrenar… y no veas…

A los 20 años, usted se fue a los Alpes en una Vespa. ¿No acababa lo suficiente cansado con su trabajo de tapicero, con sus cuatro hijas...?

A los 20 años todavía no tenía hijas y tener la posibilidad de conocer los Alpes era algo increíble. A esa edad viajar a los Alpes, aunque fuera en Vespa, representaba un sueño inalcanzable. Yo mismo me hacía una mochila con retales del taller y comprábamos ropa militar en el rastro. Luego llegábamos allí y veíamos a los italianos y a los franceses con sus equipos y nos parecían tan lejos… Pero, claro, en esos países ya existía una gran tradición de montaña.

Entonces usted no tenía un apoyo como el del BBVA. ¿Eso también resta las posibilidades de error?

No, claro que no. A los 20 años, no tenía ningún apoyo. Por eso digo que lo que diferencia a mi biografía es la continuidad…., porque esto de tener un gran patrocinador ha llegado al final de mi carrera. Y, sí, claro que es un lujo, que me permite contar con un equipo de cámaras para contar lo que hacemos o con un médico durante las expediciones. Pero en cualquier caso, con o sin patrocinador, yo siempre evito la presión en cualquiera de mis decisiones.

De las montañas de Guadarrama a la cima del Annapurna. ¿Es tanta la distancia, en realidad?

Cada montaña tiene su personalidad y ocupa el lugar que le corresponde. A mi me gustaría estar haciendo escalada de gran dificultad, pero soy consciente de que no siempre será así. Ahora, sí, los ochomiles todavía son un buen reto para mis condiciones actuales. Pero cuando vea que el cuerpo dé síntomas de no poder más, pues iré a montañas más bajas o a pasear por el campo. Hay que saber adaptarse.

A los 51 años, coronó su primer 8.000. ¿Aquello era la prehistoria?

No, quizás la prehistoria podía ser a los 23 años cuando hice mi primera ruta de dificultad en los Alpes, la cara oeste del Dru…, eso sí era la prehistoria…

Hoy, a los 77, me atrevo a preguntarle que le queda por aprender o si el entusiasmo se parece al de ayer

Mi entusiasmo permanece intacto en todos los sentidos, hasta me gustaría aprender inglés, que es una de mis asignaturas pendientes…

¿Cuál es el precio de una pared de hielo?

El precio justo de una pared de hielo es encontrarla en las condiciones perfectas para escalarla.

Manel Estiarte dice que "el deporte de competición más duro es el que hace cada uno". ¿Su ventaja es que no compite frente a nadie?

Soy un competidor nato. Cuando no compito con nadie, compito conmigo mismo. A lo largo de mi vida he hecho mucha competición y me encanta, no puedo prescindir de ella, no quiero.

Ganar. Todos estamos obsesionados con ganar. ¿A quién gana usted?

Intento ganar siempre la partida a mi edad…. Pero eso no significa que en mi mochila no exista el sentido común…, eso sí, eso siempre. Por eso cuando no se puede hacer cumbre me vuelvo a casa tan tranquilo porque sé que ya llegará el momento… Mire, en el 73 intenté un 8.000 como el Manaslu y no pude porque me puse enfermo…, y resulta que 37 años después conseguí llegar a esa cima…, quiero decir con esto que siempre hay tiempo.

¿Qué es más difícil de vencer, a la montaña o a su rodilla fatigada por los años? ¿El dolor existe, en realidad?

Siempre hay algo de dolor. Es más, le diría que, a veces, ha habido demasiado. Pero siempre intento superarlo. Actualmente, mi rodilla y yo nos hemos hecho muy amigos. Quizá por eso este año está respondiendo estupendamente. Parece mentira que a mi edad pueda mejorar mi rodilla, pero así es.

Y si la montaña está llena de valores..., ¿por qué la sociedad se olvida tan pronto de ella? ¿qué sentido tiene eso?

Porque hay algunos valores que no le interesan a la sociedad o los olvida muy pronto. Pero por eso yo siempre recuerdo, como le decía, que mi mochila va siempre cargada de sentido común…

¿Dónde sobra usted?

Desde que oigo mal, no me gusta estar en reuniones multitudinarias. Con el ruido y mi mal oído, no entiendo bien a quién me está hablando e intento evitarlo.

No sé qué diferencia existe entre usted y Luis Aragonés, por ejemplo

Bueno, la primera sería que él prefería el fútbol a las montañas y a mí me sucede lo contrario….

¿En un campo base da tiempo para pensar en fútbol o en mujeres, por ejemplo?

Sin ninguna duda, en pensar y soñar. Pasamos muchas horas en el campo base, que intentamos ocupar con entrenamientos y preparando materiales, hablando con los sherpas... Pero sí, las mujeres son siempre maravillosas….

¿No llegó el momento de pensar en una vida más cómoda, de no abandonar más la sierra de Guadarrama, de volver a coger las moras que cogía de niño?

Siempre he estado muy contento de mi manera de vivir. Siempre he pensado que se puede intentar hasta que el cuerpo aguante. Pero si en el futuro cambio de opinión me adaptaré a la situación. Volveré a los picos de Guadarrama, a pasear por las dehesas, a recolectar moras y tal vez entonces será el momento de cerrar el círculo…