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ROAD TO RIO 2016

“Cuando entras en el PP no te esperas que haya tanta gente que se haya dedicado a llevárselo crudo”

Jesús Ángel García Bragado, leyenda de la marcha española, batirá en los Juegos de Río un récord de participaciones. En esta entrevista, el también líder de la oposición, por el PP, en el ayuntamiento catalán de Sant Adrià de Besòs habla de deporte, política y corrupción

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El marchador Jesús Ángel García Bragado, durante la entrevista en el Retiro. REPORTAJE FOTOGRÁFICO: JAIRO VARGAS

MADRID.- "Estos son muy extremistas", dice Jesús Ángel García Bragado (Madrid, 1969) ante un grupúsculo de VOX repartiendo propaganda electoral en la entrada principal del parque del Retiro a una semana de las elecciones. Hace muchos años, la leyenda española de la marcha entrenaba habitualmente en el pulmón verde de la capital, pero, ahora, el hombre que batirá un récord en los Juegos Olímpicos de Río se pasea por sus caminos y ni le reconocen. Hace media vida que se mudó a Catalunya. Aparte de vecino ilustre desde 2011 en Sant Adrià de Besòs, es el líder de la oposición, por el PP, en el ayuntamiento. Esta entrevista, en la que habla de deporte, política y corrupción, se realizó unos días antes de las informaciones ofrecidas en exclusiva por Público sobre las grabaciones al ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz.

-Va a ser el primer atleta masculino de la historia en competir en siete Juegos Olímpicos.

Sí. Ha habido dos atletas masculinos que han ido a seis, que son Dragutin Topic y un angoleño. La verdad es que es sorprendente. Pensaba que habría algún otro individuo por ahí en alguna parte de África.

-¿Qué le pasa por la cabeza al llegar a una cifra así?

Te das cuenta de que han transcurrido muchos años. Lo que pasa es que, desde Barcelona’92, cada verano he preparado un campeonato, por lo que, en cierta medida, me parece lo más normal en los últimos veinticinco años. Pero sí que es verdad que ya vas a las competiciones y ves que tus rivales son muy jóvenes. Yo tengo una hija mayor, que va a hacer dieciocho años, una edad habitual para estar compitiendo a un nivel alto. Entonces los veo a ellos y los asocio a la edad de mi hija. Nunca nos damos cuenta de que nos vamos haciendo mayores.

-Desde que comenzó, en 1992, ¿cómo han cambiado los Juegos?

Han cambiado muchas cosas, pero si lo tuviera que resumir en una, sería sobre todo la incorporación de países nuevos que ahora tienen una representación muy alta y que antes apenas existían. En Barcelona, la URSS y Yugoslavia se deshacían y entonces aparecieron otros nuevos. Antes también era impensable que países como Colombia, Ecuador o Venezuela ganaran medallas o incluso que se hicieran unos Juegos en algún lugar de Sudamérica. Luego, también se ha notado mucho en mi especialidad la presencia de indios. Son unos tipos muy educados y amables, que siempre que me ven saludan y se quieren hacer fotos. Supongo que para muchos de ellos yo debo ser una especie de reliquia [risas]. Y compiten a un nivel digno, ¿eh?

-¿Y la sociedad?

Desde el ámbito en el que vivo yo, que es el europeo, notas que en estos años de crisis los españoles hemos perdido mucha influencia. Pero no sólo nosotros; también los italianos, los alemanes y los franceses. Los británicos quizás no; aún están disfrutando de toda la inversión que hicieron para sus Juegos y tienen mucha representación de atletas. Luego, hay países que han tenido mucho crecimiento económico y eso se nota en el deporte también. Yo estuve en 2013 en el Mundial de Moscú y me quedé… Yo creo que si se levanta Lenin, se vuelve a la tumba [risas]. Porque aquella es una ciudad completamente capitalista, con un nivel de coches que aquí no encuentras. Y en Pekín igual. Imagino que una vez que han salido del comunismo, toda esa sociedad quería vivir como vivían en occidente.

-¿Qué hay de usted? ¿Cómo ha cambiado en este tiempo?

Hombre, lógicamente estoy más mayor [risas]. Con la edad, soy más maduro y reflexivo. Supongo que hace veinticuatro años era un chaval más impetuoso, con mucha ilusión. Cuando tienes veintipocos años te quieres comer el mundo y cuando pasas de los cuarenta lo que ya quieres es que el mundo no te coma a ti.

-Hasta se ha metido en política.

Como llevo muchos años viviendo en Catalunya, algunas cosas me indignaban mucho. Supongo que alguna vez las expresé en público y hubo alguien que creyó que mi ideología cuajaba para entrar en política. Me afilié en 2002 o 2003 al PP, donde sigo militando. Como entonces vivía en Lérida, alguien de la dirección me propuso entrar en una lista municipal. Me alegro de que me hagas la pregunta porque a veces se piensan que el partido de turno ha ido a ficharme, y no, yo ya estaba militando. En Lérida estuve un año de concejal por la renuncia de un edil, cuando el Estatut. Consideré que era un momento para aprender cómo funcionaba la política municipal. Y en 2011 me propusieron renovar la lista de Sant Adrià de Besòs, donde vivo ahora y donde estoy muy a gusto, principalmente porque me recordaba a García Noblejas, el barrio de Madrid donde viven mis padres. Al principio, cuando llegas, dicen: “Este no es de aquí, no lo conoce…”. Pero yo veía que ahí me iba a encontrar bien y, de hecho, he puesto el huevo y me he comprado un piso. Vivo en una zona residencial de La Mina, donde históricamente hay mucha marginalidad, pero no me siento amenazado. Es verdad que hay tráfico de drogas, pero, más allá de eso, las problemáticas son el absentismo escolar, la propia marginalidad o que la gente tiene una cualificación muy baja.

-¿Qué cosas le indignaban?

Las que muchas veces escuchamos: que le den tanta importancia al nacionalismo, a la lengua y a todas estas cosas de identidad, y luego resulta que tengas unas infraestructuras de mierda que hacen que vayas de Lérida a Barcelona y tardes como si estuvieras en un país tercermundista. Que no le dieran tanta importancia a desarrollar un país con las cosas que necesita el ciudadano en el día a día. Esas cosas me cabreaban mucho.

-Hasta el momento, ¿le ha merecido la pena?

Digamos que he pasado la primera etapa de la política, que es conocerla por dentro. Siempre tienes muchas zancadillas dentro, filtraciones y ese tipo de temas que son bastante desagradables. Pero, dentro, también ves muchas cosas que son las que gratifican: que aprobando cosas puedes mejorar mucho la vida de los ciudadanos. Desgasta mucho, no te voy a engañar, pero tiene su parte gratificante.

[Casualmente, en mitad de la conversación sobre corrupción, alguien cerca comienza a tocar Imagine, de John Lennon]

Es verdad que ahora vivimos en momentos en que los políticos han sido muy desprestigiados, desgraciadamente por el mal ejemplo que han dado muchos de ellos. Pero yo siempre miro la parte buena de la política, igual que hay una parte buena en el deporte. Hay algunos que se dopan y hacen que a veces sea poco creíble tu deporte, pero realmente no es todo así; sólo una parte.

-¿En qué se asemejan el dopaje en el deporte con la corrupción en la política?

Yo que lo conozco por los dos lados, te diría que en todo. Cada vez veo más similitudes entre los comportamientos de los que están dispuestos a cruzar esa línea: quien un día al levantarse va a buscar a alguien para doparse y quien de repente va a ver si se lleva algo aprobando una ley, sabiendo que lo que hace está mal.

-¿Es más fácil doparse en el deporte o corromperse en la política?

En el deporte, si lo buscas supongo que lo encuentras, que acabarás encontrando un médico dispuesto a darte los productos. En mi caso, como no lo he buscado nunca, te diría que a lo mejor parece más difícil, aunque, por lo que sabes de otros, parecía no serlo tanto. En la política, por determinadas personas que te han sugerido cosas, me ha dado la sensación de que me proponían algo ilícito, mientras que en el deporte nunca me han ofrecido nada. Imagino que todo depende de la predisposición de cada uno.

-¿La política es por dentro como usted se esperaba?

No, en muchas ocasiones no. De hecho, hay un amigo, al que yo llamo mi entrenador político, que me ha dicho: “En ocasiones, tu gran error es que a veces esperas algo de la política y yo ya sé lo que puedo esperar”. A lo mejor es eso lo que nos frustra, que tenemos unas expectativas en la política que, en ocasiones, es muy difícil que se produzcan.

-¿Es difícil hoy en día, con la que ha caído en los últimos años, ser un cargo público del PP?

Es difícil, porque estás continuamente oyendo: “Rajoy se tiene que marchar”, “Mira lo que han hecho”, “No han arreglado nada”. Y a veces no tienes respuestas para eso. Yo entiendo que las expectativas que tenía mucha gente de clase media cuando llegó el PP no han sido cumplidas. Seguramente, cuando entró, el PP también tenía otras expectativas, pero la realidad es esta. Y no es sólo la de España; yo acabo de venir de Roma y pasa tres cuartos de lo mismo. Y hay un partido, como el Movimiento Cinco Estrellas, que puede tener similitudes con Podemos. Hay muchas políticas que no se han podido llevar a cabo por el contexto general, sobre todo en el sur de Europa, donde ya no se pueden hacer cosas vía endeudamiento y hay que limitarse a los ingresos que se tienen para poder gastar. Y ante eso tienes que ser muy comprensivo y que la gente te exprese su malestar. No hay otra.

Lo peor que llevo es que cuando entras en el PP consideras que es un partido decente, y lo sigo considerando, pero no te esperas que haya tanta gente que se haya dedicado a mirar por lo suyo y a ver si se lo podía llevar crudo. Eso te decepciona mucho. Y que no haya sido sólo un caso, sino muchos, aunque algunos los definan como aislados. Supongo que tiene más que ver con que cuando uno lleva muchos años en el poder puede acabar confundiendo lo público con lo privado. Como alguno que utilizaba el teléfono para hacer llamadas a números poco adecuados y estaba haciendo el gasto público de un ayuntamiento que lo pagan todos los ciudadanos con sus impuestos. Hay que ser muy consciente de que tú eres un servidor público y hay que velar por el interés público, nunca por el particular.

-El edil de CiU en Sant Adrià de Besòs, Xavier Soley, dijo sobre usted: "Los regidores indepes esperamos que en los Juegos de 2020 participe bajo la bandera catalana".

Como funcionario público, me quito el sombrero ante él, pero lógicamente no comparto esa deriva independentista. Seguramente, si hubiera dicho esto ocho años antes, no hubiera dicho indepes [hace mucho énfasis en la palabra], sino nacionalistas o catalanistas. Pero, como ahora esto de la independencia parece que es a ver quién mea más lejos o quién marca más paquete… En primer lugar, yo en 2020 ya no tengo ninguna intención de ir como atleta. Luego, en el hipotético caso de que hubiera una selección catalana, que veo bastante improbable, yo lógicamente seguiría con mi pasaporte español. Y si tengo que solicitar la nacionalidad catalana, lo haré porque tengo tanto derecho como cualquier otro, pero me seguiré sintiendo español allí, de la misma manera que me siento ahora.

-Lo dice como si creyera que hay alguna posibilidad de que haya una independencia de Catalunya.

La independencia no es imposible, pero es bastante improbable. Ahora mismo hay dos bloques y ninguno puede imponerle al otro. Los que quieren la independencia no pueden imponernos a los que no la queremos y los que queremos seguir unidos tampoco podemos gobernar como si fueran cuatro gatos los que quieren la independencia. No estoy negando que en un futuro haya un referéndum, pero tiene que ser pactado entre todos. Hay determinadas cosas en las que sí que han ido ganando, como en el lenguaje comunicativo. Es muy guay esto de la independencia, ir con la bandera estelada, y si vas con la española es de mal rollo, un poco facha. Han ido ganando en las emociones sobre lo racional.

-Habrá muy pocos que puedan vivir del atletismo, y más tras su retirada.

Los deportes minoritarios tienen una fecha de caducidad, y yo he tenido la suerte de prolongarla muchos años. Pero llega un momento en que te das cuenta de que no puedes vivir de él. Yo, afortunadamente, puedo decir que he vivido dignamente de él, que he podido ahorrar un dinerito y comprarme una vivienda. Yo siempre he intentado tener los pies en el suelo y tener mi vida muy integrada en la normalidad. Al ver en Sant Adrià que a veces la realidad social es muy dura y cruel te das cuenta de que en muchas ocasiones somos unos privilegiados. Y valoramos lo que tenemos.

-¿Se ve muchos años en la política?

Pues no se te sabría decir. Va todo en función de para dónde me lleven los proyectos. De todas formas, yo considero que uno en la política debe de estar un tiempo razonable; si no, te puede generar toxicidad, te puede cambiar mucho personalmente. Así que lo veo difícil.

-¿Qué hará después?

Mi prioridad número uno es seguir vinculado al atletismo. Lo normal y lo que me pide el cuerpo ahora es dedicarme a entrenar a los demás. Luego, tengo algún proyecto relacionado con mis estudios de Podología.

-¿Y Río cómo se lo plantea?

Quiero disfrutar mucho, que no lo hice en Londres, donde quise gastar mi último cartucho. Intentar pasármelo como en los primeros Juegos, los de Barcelona.