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La cicatriz de Amancio y el Rolls de Rod Steward

Amancio, por entonces técnico del Madrid, enseñó sus heridas de guerra

L. J. MOÑINO

Como ahora, con la Liga ya prácticamente perdida, el Madrid se presentó en el coqueto White Hart Lane el 6 de marzo de 1985 para disputar los cuartos de final de la antigua Copa de la UEFA (0-1). Le esperaba el Tottenham, vigente campeón del torneo. También el mismo rival con el que se encontrará mañana.

El Madrid venía de firmar la histórica remontada ante el Anderlecht, pero sobre la Quinta del Buitre pesaba ya esa etiqueta de generación blanda de la que nunca se desprendió. Amancio era el entrenador del Madrid y en White Hart Lane protagonizó una anécdota que aún recuerda Ochotorena, portero suplente de aquel equipo que empezaba a emerger. "Antes de saltar al campo, nos enseñó la cicatriz de la grave lesión que padeció como jugador. Ya lo había hecho en un partido con el Castilla que jugamos en Los Cármenes, el mismo estadio donde le lesionaron".

"Amancio podía presumir de un currículum grandioso como jugador y de cicatrices", rememora Ángel, centrocampista bregador de aquel Madrid de mediados de los ochenta. Amancio, que dice no recordar la anécdota, pretendió con su gesto que sus futbolistas más jovenes no se arrugaran en un escenario complicado que pondría a prueba la competitividad de esa nueva generación que trataba de abrirse paso. Sus palabras tras el partido apuntaban a la épica y al carácter mostrado por sus futbolistas: "Cuando se habla en el campo, cuando se lucha y se pelea, se tiene que ganar por narices. El equipo jugó perfectamente. Se pedían ayudas unos a otros, se hablaban...". En la previa, Amancio había sido muy crítico con sus futbolistas: "Quiero que piensen en el fútbol la mitad que yo". La frase era una andanada a algunos de sus jugadores que cursaban estudios, principalmente los de la Quinta.

Cuando se dio aquel enfrentamiento, el fútbol inglés estaba en plena hegemonía continental, lo ganaban todo y se anticipaba un choque afilado. Nadie quería cruzarse con esos equipos que imprimían un ritmo infernal, que mezclaban el fútbol de contacto y directo con la habilidad de sus tres o cuatro futbolistas más técnicos. "Hoddle era su estrella. Era zurdo y muy técnico. Por entonces no estaban mal vistos los marcajes individuales y Amancio me ordenó que lo persiguiera. Ellos hacían un fútbol muy directo y vigoroso. No había que tapar a los rematadores, sino a los que provocaban esos remates y Hoddle tenía una zurda magnífica", recuerda Ángel.

En los días previos al choque de ida, Valdano, que jugaba sin espinilleras, le había anunciado a su amigo Ardiles, jugador del Tottenham, que esta vez sí jugaría con protecciones. "Finalmente, Ardiles no jugó ninguno de los dos partidos, pero de alguna manera fue uno de los primeros futbolistas que le empezó a cambiar el paso al fútbol inglés". Ardiles era muy liviano y su presencia en un fútbol tan físico generó dudas al principio. "Aunque no participó, viajó a Madrid para el partido de vuelta y decía que, si saltaba con Santillana, era capaz de ganarle el balón. Lo explicaba tocándose la cabeza y diciendo que el fútbol residía ahí".

En el año 85, el Tottenham se había ganado cierta fama de innovador. Fue la primera entidad de fútbol europeo que cotizó en Bolsa y estilísticamente trataba de desmarcarse del tradicional kick and rush (patear y correr) con la contratación de Ardiles y del también argentino Villa. A la expedición del Madrid también le sorprendió un detalle cuando abandonaba el estadio. "De repente vimos un Rolls Royce blanco precioso. Nos dijeron que era del cantante Rod Steward. Tenía un palco privado porque era muy fanático del Tottenham. En eso también era innovadores, en España tardó más en aparecer lo de los palcos", concluye Ángel.