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Cuatro balones y una victoria

Una pelota lanzada desde el banquillo local retrata el angustioso triunfo del Zaragoza (2-1)

GERMÁN ARANDA

 

Un balón, dos balones, tres balones, cuatro balones. Una locura. "Una vergüenza", lamentaba Míchel. El primero de los tres esféricos que aterrizaron en el césped para estorbar el juego en los últimos minutos del encuentro salió del banquillo del Zaragoza. Una treta antideportiva que enturbia la intensidad sobrehumana de un duelo vibrante que se llevó el Zaragoza.

El presidente del Getafe amenazó durante la semana con una demanda que podría costarle el descenso al Zaragoza por deberle al conjunto azulón (ayer naranja) parte del traspaso de Uche. Seguramente se temía que el delantero nigeriano, pese a estar en el centro del conflicto, fuera ayer uno de los culpables no sólo de que los locales se alejaran del descenso, sino de que el propio equipo de Míchel se acercara más al abismo.

Ángel Torres, abucheado

Al mandatario, pitado por La Romareda, se le debió de poner mal cuerpo cuando el atacante africano fue el primero en amenazar con potencia la portería de Doblas. Su disparo se fue ligeramente alto y desviado. En el tanto que adelantó al Zaragoza, más alegre y punzante que su rival, Uche no participó, fue Ponzio quien sacó petróleo de un disparo lejano que se le escapó a Doblas. No por eso dolió menos a Torres. Pero seguro que le fastidió más el segundo, que nació de una asistencia del jugador aún no pagado a Bertolo, después de un contragolpe.

El Zaragoza disfruta estos días de las últimas semanas de Ander traspasado al Athletic de cara al próximo curso en sus filas, que con temple y clase concedió el balón a su equipo. Y aunque las pocas veces que lo tenía, el Getafe era valiente, cada osadía le costaba un contragolpe del Zaragoza, que parece resuelto a salvarse.

Y sin embargo fueron los visitantes los que consiguieron un tanto, que protestó Doblas por presunta falta sobre él, a poco del descanso. Tras una gran jugada individual de Manu, el despeje del guardameta dejó el balón franco a Casquero para acortar distancias.

La reanudación brindó un intercambio de emergencias y fe, de ataques revolucionados e imprecisos. Uche amenazó más de una vez, pero perdonó. El Getafe perdió a Manu cuando no le quedaban cambios. Pero sacó fuerzas el equipo visitante para asediar con ímpetu al rival hasta perder el aire. No fue suficiente.