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El devorador del Real Madrid

Víctor es el nuevo ayudante de Míchel en el Getafe

ALFREDO VARONA

Aún parece futbolista. De hecho, sólo es unos días mayor que Casquero, ambos de la promoción del 76, aunque la diferencia es que el tiempo no ha pasado de la misma manera. "Físicamente, yo no aguantaría". Y tampoco sería lo mismo. "Ahora, comprendo mejor a los entrenadores que he tenido y pienso como ellos". Por eso esta noche no enloquecerá a Marcelo, como tantas veces hizo con Roberto Carlos en Riazor cuando jugaba en el Deportivo. Entonces era un interior derecho con facilidad para tirar a gol, que se convenció para siempre: "Los partidos se ganan por las bandas". Y por eso Djalminha tiraba tantos balones a los extremos, al izquierdo, donde jugaba Fran, y al derecho, que era el de Víctor Sánchez del Amo (Madrid, 1976), quien esta noche estrenará cargo en el Coliséum como ayudante de Míchel.

Su vida empezó a cambiar en escenarios más distantes, en el Panathinaikos griego y en el Elche hace dos años. "Cuando sales de una lesión y llega otra te convences de que no puedes seguir". En diciembre obtuvo el título de entrenador nacional y, antes de que empezasen las Navidades, Míchel le llamó para sustituir a Esnaider. "Creo que vemos el fútbol de forma parecida", le dijo después de escuchar a Víctor como comentarista de TVE. En realidad, hay demasiados puntos de unión entre los dos (se criaron en el Madrid, iban en tren a la Ciudad Deportiva, jugaron en la misma posición, llegaron a internacionales) y sólo uno les separa: Víctor ganó la séptima Copa de Europa en el Madrid por la que Míchel peleó tantos años en vano.

Obtuvo el título en diciembre y es el sustituto de Esnaider

Pero Víctor no tira de currículo en estos primeros días, lo hace de sentimiento. "Yo empecé a jugar al fútbol en las calles de Getafe". También recuerda que luego pasó al Uralita, el equipo de la empresa en la que trabajaba su padre. Pero, desde entonces, nunca más se supo de él en Getafe, que celebró, desde la distancia, sus éxitos en otras latitudes. Por eso esta noche resolverá "una deuda que tenía pendiente". Será uno de los responsables de lo que pueda pasar frente a un Madrid al que desesperó tantas veces en Riazor. Y de ahí que sepa que estos partidos se pueden ganar. "De lo contrario, no se trabajaría".

Víctor ha estado en los dos bandos. Antes de emigrar al Deportivo fue titular en el equipo de Capello que ganó la Liga 1996-97 y, de hecho, compara aquel equipo que lideraban Suker, Mijatovic o el mismo Raúl, con el Madrid de ahora. "Antes, también había mucha velocidad arriba". Por eso apoya el mensaje de Míchel ("tenemos que tener el balón") que no difiere del que escuchaba a Irureta hace ocho o diez años en Riazor. La diferencia es que esta noche no estará Donato a su lado. Tampoco Makaay, Djalminha o Tristán. Ni siquiera Valeron que, a pesar de ser un año mayor que él, sigue jugando. Pero Víctor ya le ha dicho a Pedro Ríos que no le tenga miedo a nadie. Él no se lo tuvo a Roberto Carlos.