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"Ibuprofeno como caramelos": el fútbol y la delgada línea del dopaje con los analgésicos

El consumo de analgésicos, incluyendo algunos opioides, se extiende entre los jugadores. Aunque su uso no es ilegal, algunos médicos piden que sea incluido en la lista de la Agencia Mundial Antidopaje (WADA) y alertan de sus consecuencias.

Cristiano Ronaldo celebra un gol, durante su etapa en el Real Madrid, junto Marcelo y Sergio Ramos. / EFE
Imagen de archivo de un partido del Real Madrid.

ÀNGEL FERRERO

"El ibuprofeno se reparte como caramelos". Son las palabras de Neven Subotić, defensa del FC Union Berlin. Subotić es uno de los futbolistas entrevistados en Pillenkick (aquí la investigación en inglés), un reciente reportaje de la televisión pública alemana (ARD) y de Correctiv que ha generado controversia en el país. En él, 150 jugadores, entrenadores, médicos y especialistas en dopaje denuncian el uso de analgésicos en este deporte después de que una encuesta del grupo de investigación Correctiv a 1.142 futbolistas revelase la extensión de su consumo, principalmente en categorías inferiores y aficionados. La mayoría de los encuestados (96%) pertenece a este grupo, algo que se ha señalado como una debilidad, pero también como un indicio de las reticencias de los profesionales a expresarse sobre esta cuestión.

Más del 40% de los entrevistados admitieron consumir analgésicos, la mitad de ellos varias veces durante la misma temporada y un 21% incluso de una a varias veces al mes. "Por lo general tomamos analgésicos antes de cada partido, más o menos todo el equipo", confiesa Silvio Cancian, capitán del Rheydter SV, "te sientes más seguro cuando has tomado Ibupofreno que cuando no lo has tomado".

Entre los jugadores preguntados, los medicamentos más consumidos son Ibuprofeno (52,3%), Diclofenac/Voltaren (34,2%), aspirina (21,5%) y Arcoxia (1,5%), aunque en la lista también aparecieron el paracetamol, Novalgin y cortisona. Consumiéndolos, los jugadores esperan sobre todo reducir los dolores producto del rendimiento deportivo (56,7%), lo que ha conducido a plantearse preguntas sobre las presiones a la que están sometidos los deportistas, cuya carrera profesional acostumbra a terminarse en torno a los 35 años, empujándoles a estar en el campo el mayor tiempo posible y darlo todo en él. Los encuestados también afirmaron consumirlos para recuperarse de lesiones (23,6%), sentirse mentalmente más seguros y despejados (13,1%) o mejorar el rendimiento (4,9%).

¿No es dopaje si no está en la lista?

Ninguno de estos medicamentos aparece en el listado de la Agencia Mundial Antidopaje (WADA) –casi una tercera parte de los jugadores de la selección alemana los utilizaron en el partido contra Suecia del mundial de 2006, por ejemplo–, pero su abuso, facilitado por el hecho mismo de que no se encuentren en esa lista, puede aumentar el riesgo de problemas de estómago, hígado y riñones, náuseas, vómitos y problemas cardiovasculares e incluso adicción en aquellos que contienen opioides, como la tilidina o Tramal. La mayoría de estos analgésicos pueden comprarse en farmacia sin prescripción médica.

Con 25 años, Hummels apenas puede subir ahora unas escaleras sin sentir dolor

Pillenkick recoge algunas historias de lo que puede sucederle a los jugadores cuando se abusa de estas sustancias. Historias como la de Jonas Hummels, quien comenzó a tomar Arcoxia a finales de 2015, cuando jugaba como defensa el Unterhaching, para combatir el dolor de rodilla –la rótula presionaba el nervio– que le impedía entrenar. "Si me hubieras dicho nueve veces que tomaba demasiados analgésicos te hubiera ignorado las nueve veces", asegura Hummels. En los octavos de final de la Copa de Alemania, su equipo se enfrentó al Bayer Leverkusen. Hummels quería jugar a toda costa, pero su cuerpo se había acostumbrado tanto a los analgésicos que ya no surtían efecto. El médico le recomendó una anestesia local. Era la única oportunidad y Hummels la aceptó: cuatro inyecciones en la rodilla. Tres horas después su equipo perdió 1 a 3 contra el Leverkusen. Hummels ni siquiera saltó sobre el terreno de juego. De este modo, el que fue el momento álgido de su carrera también fue el último: ruptura del ligamento cruzado y defecto del cartílago. Con 25 años, Hummels apenas puede subir ahora unas escaleras sin sentir dolor.

Más extremo es el caso del exjugador del Werder Bremen Ivan Klasnić, que llevó a los tribunales al equipo médico de su antiguo equipo por el consumo de analgésicos. Klasnić ha tenido que someterse hasta tres veces a un trasplante de riñón. El futbolista croata presentó una demanda en abril de 2008 que este mes de junio se resolverá en última instancia. Los abogados del deportista consideran que sus problemas renales no se habrían agravado de haberse detectado a tiempo y no haber consumido Diclofenac. Aunque en primera instancia el tribunal falló que el club debía a Klasnić 100.000 euros de compensación, el jugador reclama una suma mayor y ya se ha mostrado dispuesto a litigar "10 ó 15 años" si es necesario.

Preguntado por el portal deportivo Sportbuzzer, el analista de dopaje Hans Geyer consideró que debido a su objetivos –aumentar el rendimiento deportivo– y a los riesgos asociados a su consumo, estos medicamentos cumplen con los criterios para ser incluidos en la lista de la WADA. "En mi opinión, también contradicen la ética del deporte si sólo puede practicarse tomando analgésicos", añadió Geyer. Jiri Dvorak, médico jefe durante dos décadas de la FIFA, también ha reclamado su prohibición "cuando no hay ninguna indicación médica" para su uso. El presidente de la liga de fútbol profesional alemana (DFB), Fritz Keller, se declaró por su parte "alarmado" por los resultados del estudio mostrados en el reportaje: "Resulta chocante que esto también pase en el fútbol amateur", dijo.

Aunque Keller anunció que se tomarían medidas, algunos expertos son escépticos. "Chocas contra un muro", afirmó a Sportbuzzer Toni Graf-Baumann, exasesor de la FIFA y miembro de la comisión antidopaje de la DFB, "el dinero, los patrocinadores, los salarios desorbitados y también los medios de comunicación juegan un papel mucho mayor para los clubes que la razón médica". "Al final es el jugador sobre quien recae la mayor presión y quien tiene más que perder", lamenta Subotić.

El problema es el sistema

El exjugador del FC Barcelona Oleguer Presas valora en declaraciones a Público que éste es un caso "complejo" y que requiere más atención al detalle. A su juicio, debería ser el jugador quien decide "hasta qué punto puede forzar su propio cuerpo o no", pero en la práctica existe un clima, fomentado tanto por medios de comunicación como aficionados, en el que "está bien visto y se ve como algo positivo el hecho de que los jugadores fuercen la máquina" y hasta cierto punto eso "es lo que se espera" de él.

Según Oleguer, los clubes son al fin y al cabo empresas que "buscan beneficios"

"Un jugador quiere jugar siempre" y eso es algo natural, continúa Presas, "pero quien marca los partidos no es el futbolista", sino las federaciones profesionales, y lo hacen, además, dentro de una dinámica de espectáculo. "Quien explota al jugador no es el equipo médico o el entrenador, sino el calendario, que implica que cada dos días hay un partido, y que cada dos días haya un partido significa que si en el anterior terminó con algún dolor, para el siguiente acostumbra a buscar ayuda", explica. Los clubes son al fin y al cabo empresas que "buscan beneficios", sostiene el exjugador blaugrana, y "para eso tienen que jugar el mayor número de partidos posible y participar en todas las competiciones que puedan" e incluso "la pretemporada, en la que tienes que ponerte en forma, se utiliza para vender la marca del club, en Asia, en EEUU o donde sea". Es este ritmo lo que en última instancia "impide a muchos jugadores recuperarse".

Público ha contactado a varios médicos del campo de la medicina deportiva con experiencia en equipos profesionales de fútbol españoles, pero a la hora de enviar esta artículo no ha recibido ninguna respuesta. La Agencia Española de Protección de la Salud en el Deporte (AEPSAD), el organismo que se encarga de las pruebas de dopaje en España, aclara en un correo remitido a este medio que "respecto al ámbito concreto de las sustancias prohibidas (o usadas por vía prohibida) o en seguimiento y respecto al ámbito de los deportistas federados en fútbol y en España, podemos decir que los casos de resultados de aparición de estos fármacos (o vías) en fútbol, en España, son prácticamente nulos, a pesar de ser el segundo deporte que pasa mayor número de controles por parte de la AEPSAD y por parte de la UEFA".

"Ello nos lleva a opinar que en los ámbitos nombrados, el uso de esos fármacos o vías es muy rara", añade la Agencia al matizar que solo aquellos medicamentos "prohibidos o sometidos a seguimiento aparecen en las estadísticas de los análisis de los laboratorios antidopaje" y que "el resto no se buscan en la sangre ni en la orina de los deportistas", por lo que "sus tasas de uso nos son totalmente desconocidos". La AEPSAD juzga que en España existe "una buena práctica por parte de los médicos de los equipos de fútbol respecto a esos fármacos", aunque también considera que "se debería llevar a cabo un estudio internacional sobre el Tramadol, un fármaco no prohibido, pero en seguimiento, y de abuso social que tenemos en el foco de esta Agencia y sobre el que estamos llevando a cabo una profunda investigación científica, aunque no en el campo del fútbol, donde no nos parece sospechoso".