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Fútbol Andrés Escobar y el gol que mató al fútbol colombiano

Este mes de marzo se cumplen 30 años del debut como profesional de Andrés Escobar, el futbolista colombiano que fue asesinado días después de que marcara un tanto en propia meta contra Estados Unidos en el Mundial de 1994.

Andrés Escobar durante un partido con la selección de Colombia. /CORDON PRESS

Mucho tiempo después de que Karl Marx definiera a la religión como “el opio del pueblo”, llegó el fútbol para instalarse como anestesia de masas, como entretenimiento, como distracción temporal de tristezas, preocupaciones y sogas que aprietan el cuello de la población haciendo mella en su rutina, su día a día, en su existencia. Colombia es durante décadas ejemplo de una importante fractura social, de lucha contra el narcotráfico, de corrupción, terrorismo, hambre, guerras internas, capos y cárteles sanguinarios. Todo esto, acrecentado por importantes problemas económicos y por más de 50 años de guerra entre el Gobierno del país y las FARC, ahora inmersos en un proceso de paz que pretende que la nación recobre el pulso.

Los rescoldos de la violencia desmedida en Colombia en los años 80 (probablemente los más duros de su historia) continuaron en la siguiente década, con alrededor de 25.000 muertes por homicidio anuales en los primeros años de los 90, provocadas principalmente por el enfrentamiento entre guerrilla, paramilitares y el Estado, así como el narcotráfico. Como método de evasión paralela y orgullo común de fuerzas tan dispares apareció de una patada la ‘generación dorada’ del fútbol patrio. Su papel, si bien no pudo ser determinante en cuanto que es obvio que esta pasión no puede tener incidencia en cuestiones transcendentales, sí que fue disuasorio y conducto de felicidad, aunque sólo fuera durante 90 minutos más su estela semanal.

Una selección que sólo había participado en el Mundial de Chile 62 logró acudir en la década de los noventa a tres ediciones consecutivas (Italia 90, Estados Unidos 94 y Francia 98). De la mano de Francisco ‘Pacho’ Maturana nació la mejor generación de fútbol de su historia, liderada por Carlos Valderrama y en la que estuvieron ‘alistados’ René Higuita, Faustino Asprilla, Leonel Álvarez, Freddy Rincón o Adolfo ‘Tren’ Valencia. Fue el germen del equipo que consiguió el mayor éxito futbolístico del país hasta la fecha, la conquista de la Copa América 2001 en Colombia, también con Maturana al frente, que volvía al equipo tras un paréntesis de siete años.

El Campeonato del Mundo de EEUU se disputó seis meses y medio después de la muerte del narcotraficante Pablo Escobar, el azote de una sociedad colombiana que había sufrido como testigo de una vida plena de venganza, asesinatos y atentados terroristas con la droga como escaparate. Con la muerte del jefe del cártel de Medellín las mafias se disputaban el control del narcotráfico en el país.
El Mundial recibía a los ‘cafeteros’ con la vitola de ser uno de los favoritos para llevarse el torneo. Incluso lo fue para el propio Pelé, asombrado por el fútbol desplegado por Colombia y por su golpe de autoridad contra Argentina (0-5) en el Monumental de Buenos Aires en el último partido de la fase de clasificación (5 de septiembre de 1993).

El golpe fue mayúsculo al no pasar siquiera la primera fase, con el precedente mundialista de caer en octavos de final en Italia 90. Esa fue la noticia deportiva, pero la transcendente fue la que devolvió al fútbol al panorama violento nacional: el asesinato del futbolista Andrés Escobar Saldarriaga. El defensa, que intercambiaba capitanía con Valderrama, era un noble jugador de 27 años que tuvo la mala fortuna, convertida en desgracia por un desalmado, de marcar en propia puerta contra Estados Unidos el primer gol de los anfitriones. Colombia venía de perder en el primer encuentro contra Rumanía y tenía sus esperanzas de clasificación en un choque que finalizó con 2-1 para los norteamericanos y la eliminación del equipo, a pesar de ganar a Suiza en el tercero. Pero ese tanto, ejemplificado con Escobar en el suelo y sus manos en la cabeza, se convirtió en un anticipo de su muerte.

"Vos nos sabes con quién te estás metiendo"

Apenas diez días después de ese autogol, un sábado 2 de julio alrededor de las 3:15 de la madrugada se produjo el fatal desenlace. Como posteriormente contó el fiscal del caso, Jesús Albeiro Yepes, Escobar fue asesinado por Humberto Muñoz Castro, el chófer y guardaespaldas de los hermanos Gallón, presentes en numerosos casos de narcotráfico. Esa noche el defensa colombiano acudió con unos amigos a una discoteca y fue increpado en varias ocasiones por aficionados que le recordaban el gol en propia meta. Al despedirse de sus acompañantes e ir a recoger su coche se encontró con algunos de los que le habían molestado y les pidió respeto. Santiago Gallón le espetó: “Vos nos sabes con quién te estás metiendo”. Al escuchar esas palabras Humberto se bajó del coche y le descerrajó seis balas. La justicia, controlada en algunas instancias por los cárteles, le condenó a 43 años, de los que no llegó a cumplir ni 12.

Escobar en el partido contra Suiza en el Mundial de 1994. /CORDON PRESS

Escobar en el partido contra Suiza en el Mundial de 1994. /CORDON PRESS

Entre las razones que motivaron su asesinato han cabido numerosas especulaciones, algunas defendidas por la propia familia, como la venganza de mafiosos que perdieron mucho dinero con las apuestas a causa de la eliminación de la selección colombiana. En los cárteles era frecuente apostar por resultados e incluso después de la derrota en Estados Unidos contra Rumanía exigieron a Maturana que no alineara a Gabriel Jaime ‘Barrabás’ Gómez, bajo amenazas de muerte que lograron su cometido con la suplencia del futbolista. El ambiente no era el más propicio para un equipo que pretendía divertir con su alegre fútbol de toque, como demostró el fracaso en la cita mundialista.

Este mes de marzo se cumplen 30 años del debut profesional de Escobar con el Atlético Nacional, su único equipo junto a la selección. ‘El caballero de la cancha’, que antes de morir tenía sobre la mesa una oferta del Milán, era uno de los futbolistas más queridos en el país, un emblema en Colombia. En su memoria aún queda el único gol que marcó con su selección, en un amistoso en 1988 frente a Inglaterra (1-1 en Wembley), mismo escenario en el que siete años después Higuita deslumbró al mundo con su famoso ‘escorpión’. Andrés, el ‘2’ de la selección colombiana, siempre será recordado en el país como víctima de esa injusticia protagonizada por aquellos que no dan valor a la muerte. Pero siempre quedará su legado, porque como él escribió en un artículo publicado tres días antes de morir en el diario ‘El Tiempo’ de Bogotá: “la vida no termina aquí”.

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