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La grada también jugó su clásico

El insulto contra Mou sirvió este miércoles contra Pepe a los seguidores culés

GERMÁN ARANDA

Desde hace meses, los insultos contra "¡ese portugués!" venían siendo uno de los cánticos preferidos por la afición del Barça. Se suelen referir a Mourinho, muchas veces a Cristiano, pero ayer lo rescataron los 3.000 seguidores azulgrana (pocas veces fueron tantos en el Bernabéu) para volcarlo sobre Pepe justo después de que fuera expulsado por su entrada a Alves, justo antes de que el coliseo blanco se convirtiera en un pitido constante y ensordecedor indignado con la decisión arbitral.

Sacaron después ánimos para ahogar con un insulto el tramo final del socorrido cántico barcelonista "oh, le, le, oh, la, la, ser del Barça es..." . Lo que no pudieron eclipsar son los "olés", "Messi, Messi", "visca el Barça i visca Catalunya" tras el 0-1, cuando el tercer anfiteatro del fondo norte enloqueció. Tampoco silenciaron el "Mourinho sal del banquillo", rescatado por la hinchada azulgrana. La afición barcelonista fue la primera en llegar al estadio y la última en irse, ante la diáspora de la afición blanca tras el segundo tanto. "¡Guardiola, Guardiola!" fue su última gran ovación.

El contacto físico se quedó por suerte en el césped y no llegó a la grada ni al palco, donde Ferguson era de los más tranquilos analizando a los candidatos a enfrentarse más que probablemente con su United en la final. A lo largo del soleado día, el Barça había querido asegurarse de que la bienvenida de la megafonía se hiciera en catalán como siempre sucede en sus desplazamientos. El Madrid acabó cediendo. Eso sí, la voz de Dolors Romero, empleada del Barcelona desde hace más de 25 años, quedó ahogada por los pitidos de la afición madridista. Sonó más alto el speaker del Madrid, también pitado cuando pidió "una cordial bienvenida a nuestros visitantes de Barcelona".

Tras la enésima discusión entre Piqué y Ramos, en el minuto 40 de partido, la afición madridista desplegó al unísono cánticos de "Viva España" y banderas rojigualdas. Con el silencio del descanso, algunos seguidores azulgrana, en un sector poblado de estelades, pudo cantar en pro de la "Inde-pen-den-ci-a". Lo habían hecho intensamente en la calle, desde tres horas antes del encuentro, protegidos por la policía. Unos 1.700 agentes velaron por la seguridad. Entre los jugadores, no existía ese cordón, pero los agentes tuvieron que mediar en el túnel de vestuarios al descanso tras el barullo que acabó con Pinto expulsado. Ni en la media parte hubo tregua.