Público
Público

Guardaespaldas del sueño americano

Howard, Onyewu y Demerit apuntalan la defensa

ALFREDO VARONA

Podrían haber protagonizado El guardaespaldas al lado de Whitney Houston. Son demasiado altos, demasiados fibrosos, demasiado atentos. Onyewu (1982), se acerca a los dos metros. Demerit (1979) es un poco más bajo y, a tenor de lo que ha sido su carrera futbolística, también pudo ser Audrey Hepburn (Holly) en Desayuno con diamantes. Él nunca pasó por la joyería Tiffanys de Nueva York buscando el amor de su vida, pero atesoraba el mismo espíritu que Holly cuando emigró a Inglaterra. Carecía de dinero y de pasado en el fútbol. Vivía en una habitación y hasta que Ray Lewington lo llamó para el Watford jugaba en equipos regionales. Tenía una edad, 26 años, para desertar, pero así son estos tipos que, en palabras de su compañero Bocanegra, rodaron la guerra de Vietnam contra España: "Vimos montones de despejes acrobáticos, entradas a ras de suelo, uno se tiraba para cortar un balón y el otro venía detrás para enviarlo lejos".

En la final de esta noche ante Brasil volverá a suceder. "Tenemos que defender como si nos fuera la vida en ello", advierte el portero Tim Howard (1979), otra biografía que estuvo a punto de hacerse pedazos en el Manchester United. Era el sucesor de Barthez hasta que cometió un fallo imperdonable ante el Oporto en Liga de Campeones.

Pero los supervivientes siempre salen adelante. Howard emigró al Everton y esta primavera ajustó cuentas con el pasado: eliminó al Manchester de la Copa en una tanda de penaltis. La grada de Goodison Park le declaró su amor eterno. El portero demostró entonces que es hombre de empresa. "Estoy aquí para serviros", dijo.

La ventaja de quienes hicieron la vida imposible a España está en su origen. "Nunca llegamos como favoritos". Como a los escritores, les estimula la hoja en blanco. "Siempre tenemos algo que demostrar", afirma Onyewu, que se crió en el lugar menos indicado para jugar al fútbol: la Universidad de Washington. Muy pronto llegó a Europa, donde la vida le salpicó piedras. No valió ni para la Liga francesa ni la inglesa. Pero marchó a Bélgica, donde ha sido dos veces campeón con el Standard. Ahora, escucha que en Turquía van a pagarle una millonada, pero tampoco abandona su espíritu proletario. Cada partido lo delata. Es otra de las cosas por las que podría haber sido Kevin Costner en El guardaespaldas. Onyewu no se toma un respiro ni en los saques de banda.

Howard es un portero de polígono industrial: pone esos inacabables brazos como si fuesen imanes. Demerit y Onyewu son el escudo ideal.

Entre los dos han despejado... ¡80 balones de cabeza! en esta Copa Confederaciones. "Puede que no seamos los mejores ni los más famosos futbolistas del mundo", explica Demerit, que pudo dedicarse al atletismo o al baloncesto profesional, "pero cuando trabajamos en equipo ese detalle no tiene ninguna importancia".

Precisamente Demerit es el que mejor representa el triunfo de la perseverancia. Quiso ser futbolista y lo es. Tardó porque hace tres años no era nadie, pero hoy difícilmente Villa y Torres se olvidarán de su cabeza, que ayuda a que el sueño americano siga vivo.