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¿Habrá una nueva F1?

El riesgo de ruptura entre la FIA y los grandes equipos parece cada vez más real y va quedando menos tiempo

VÍCTOR SEARA

Esto no es novedad, ya sucedió hace tiempo. Hace más de veinte años, Ferrari también planeaba dejar la Fórmula 1. Todo ocurrió cuando el enfrentamiento entre el legendario Don Enzo Ferrari con Bernie Ecclestone llegó a niveles insoportables. El gran Commendatore ordenó a su jefe técnico de entonces, el austriaco Gustav Brunner, que le diseñara un coche con las especificaciones de la por entonces denominada Indycar, categoría de monoplazas que corrían por todo el territorio de Estados Unidos, pero que más allá de todo eso competían en la madre de todas las carreras: las 500 Millas de Indianápolis.

Cuando los británicos implicados vieron que el monoplaza italiano había tomado forma Ferrari se encargó de promocionar las fotos del bólido comenzaron a pensar que esto iba en serio, y el acuerdo entre las partes acabó produciéndose. Al final, nada ocurrió, el coche nunca compitió en Norteamérica y hoy descansa plácidamente en el museo que Ferrari tiene en Maranello.

Eso mismo se piensa que va a suceder en estos conflictivos tiempos que corren para la F1, con enfrentamientos de gran calibre y que, en ciertos términos, se parecen a los de hace varias décadas. Al fin y al cabo, los protagonistas son mas o menos los mismos. Ecclestone sigue vivo, Ferrari no. Pero la marca italiana tiene quien la represente. Su presidente, Luca Montezemolo, hace tiempo que viene litigando. Ambas partes se necesitan, pero a la vez tienen sus grandes interesas propios. Todo el mundo cree que esto se terminará arreglando, pero es verdad que el tiempo va pasando y que en vez de arreglarse, empeora. Y, como ocurre en todo combate, hay una parte que tiene menos que perder que la otra.

Hace más de 20 años Ferrari amenazó con irse a la Indycar americaba

Lo último que circula por el paddock de la F1 es que está tomando forma, poco a poco, un campeonato alternativo a la F1. Esto sería un desastre para muchos, pero todos los implicados perderían: equipos, anunciantes, medios de comunicación y, sobre todo, las televisiones. Nadie tiene idea de lo que se está tramando por lo bajo, frente a la cabezonería de Mosley, pero algo hay. En Montecarlo estaban todos los que mandan y los acuerdos son cada vez más lejanos. O al menos eso es lo que dejan caer muchos.

Ayer apareció Mosley por el paddock. Llegó bien temprano, quizás pensando en que nadie le iba a cazar a esas horas. Arropado por el jefe de prensa de la FIA, apenas hizo diez metros por la explanada y ya tenía siete micrófonos delante de su boca. Su posición sigue siendo inflexible, pero soltó una frase inquietante: "Ferrari tiene que correr en la F1, tiene un contrato firmado". De más está decir que los abogados de la marca italiana ya habrán averiguado que ese contrato podría ser válido solo en caso de que se cumplan determinados requisitos que Max Mosley, con el reglamento que quiere imponer para 2010, no respetaría.

El riesgo de que haya una nueva F1 existe. Una vez finalizado el politizado GP de Mónaco, las posiciones de ambas partes parecen más duras que nunca: "Veremos cómo no llegamos a ningún acuerdo", soltaba por lo bajo el sábado Flavio Briatore, quien sigue sosteniendo que no se puede devaluar a la F1 ni a sus patrocinadores obligándoles a gastar una cantidad de dinero con la que es imposible desarrollar una estructura de semejante calibre a la que exhiben hoy los grandes equipos de la F1. Quedan solo cuatro días para que se termine el plazo de inscripción para el Mundial de 2010 y en esa lista inicial no estarán ni Ferrari ni otros grandes nombres. De momento, habrá una nueva F1.